El sol se ocultaba tiñendo el cielo que cubría los territorios licántropos. Euwen caminaba junto a Lairael, sus manos entrelazadas, las marcas brillantes de su vínculo latiendo suavemente en sus muñecas, como dos estrellas nacidas bajo la misma luz. Desde que la verdad había salido a la luz, cada paso que daban juntos era más firme, más seguro, como si ya no hubiera sombras que pudieran separarlos. Él llevaba una túnica de tela ligera, bordada con hilos de plata que brillaban al ritmo de su pr