El estruendo de la puerta principal del Castillo de Obsidiana al ceder no fue solo el sonido del metal retorciéndose; fue el grito de guerra de una era que se negaba a morir. El aire en las almenas estaba saturado de un humo espeso y verde, producto del fuego griego que Marcus había lanzado sin piedad. Valeriah permanecía de pie junto a Kai, sintiendo cómo las cenizas caían sobre su piel como una nieve negra y maldita.
Abajo, en el patio de armas, la marea de guerreros de "Luz de Luna" se fil