Mundo ficciónIniciar sesiónRose Atlanta no es una simple empleada de la poderosa corporación Atlanta. Es la hija secreta del Alfa Supremo. La heredera invisible de las cuatro manadas. Y la mujer que juró jamás ser elegida por su apellido. Cuando el imponente Alfa de la Manada Fénix, Alex Buenaventura, descubre que ella es su mate, la confunde con una secretaria sin importancia. Un error que podría costarle todo. Porque Rose decide no revelar quién es. Quiere saber si ese Alfa dominante la desea por ella… o por el poder que podría ofrecerle. Pero el vínculo entre ellos arde. Cada mirada es un desafío. Cada roce, una amenaza. Y cuando Alex comete el error de subestimarla públicamente, Rose entiende que el amor no basta. Él la rechazó creyéndola débil. Ignoró la sangre que corre por sus venas. Y ahora su manada está al borde del colapso. Solo hay una persona capaz de salvarlo. La mujer que humilló. La heredera que ocultó su corona. Y esta vez, el Alfa no solo tendrá que suplicar por su ayuda… También tendrá que demostrar que merece tocar a la reina que perdió. Porque en el juego del poder, el deseo puede ser tan peligroso como la traición. Y Rose Atlanta no piensa arrodillarse otra vez.
Leer másRose Atlanta aprendió desde niña que el poder verdadero no necesitaba aplausos, y que la traición no llegaba siempre de un extraño, sino de la persona que más amamos.
—Ven aquí... —dijo su padre cuando cumplió los 10 años—. Sabes que soy tu padre... y mi deber es prepararte para el mundo. Querrán lastimarte, pequeña... y le prometí a tu madre que te prepararía incluso para lo peor.
—¿Quién? ¿...por qué?... No entiendo, papá —respondió desconcertada, sus ojos aún mostraban esa inocencia que pocas veces perduraba en los adultos.
—¿Por qué? Porque pueden, Rose....porque pueden. Podría decirte que no es personal, pero cuando es uno el que siente dolor, por supuesto que es personal. Sabes que tu madre sufrió mucho con la muerte de tu tía Celeste... ¿lo recuerdas? ¿Qué sabes de eso?
—Bueno... ¿Ella murió de amor? Su mate la traicionó, la usó porque era parte de nuestra familia y luego, cuando ella dijo que se alejaría de nosotros para protegernos... la rechazó.
—Eso no era amor, Rose... El amor no es perfecto, es cierto, pero no creo que tenga la capacidad de matar. Mírame a mí y a tu madre, fui el lobo más despiadado para construir esta comunidad. Perdíamos, estábamos al borde de la muerte. Los humanos y los vampiros casi nos extinguieron; cuando me enteré de que una loba que no podía transformarse era mi mate, quise morir. Maldije a todos los dioses, le grité a esa mujer que era mi compañera, le dije que no era suficiente y me odié a mí mismo por ello.
—Tu madre lo entendió, respetó mi estupidez de lobo imbécil... y se alejó. No podía parar de pensar en ella, todo mi cuerpo me pedía su existencia, mi lobo estaba al borde de la locura. Y entonces... escuché la noticia... tu madre se había comprometido... con otro lobo... un soldado, que se animó a darle una mejor vida a la mate del líder Maximiliano Atlanta, un buen hombre. Resultó mucho mejor que yo.
—¿Y qué sucedió, papá? Dime...
—Me volví loco, ¿sabes? La secuestré... No hubiera podido sobrevivir sin ella. Me arrodillé ante ella y rogué su perdón. Tu madre estaba furiosa, había hecho un acuerdo con ese lobo, y ella no solía faltar a su palabra. Por suerte, aquel lobo entendió la situación y se hizo a un lado. Fue la etapa más dura de mi vida, recuperar a tu madre, ganarme su perdón, jurarle con cada fibra de mi ser que cambiaría por ella y para ella... Ahora... ¿Sabes por qué te cuento esto?
—No.....—los ojos de la niña volvían a cobrar ese brillo esperanzado y esa alegría que la caracterizaba, dándole a su padre el recuerdo de su esposa perdida.
—Cuando crezcas, seguramente los lobos te buscarán, y si tienes suerte, encontrarás a tu mate y querrás formar una familia. Pero tú sabes, Rose ...que esta familia pasó por una tragedia, y eso hizo que las mujeres que desciendan de esta familia deban ser fuertes, no tienen otra opción. Rose, eres mi única hija, y aunque adopte a Talia, eres la heredera de mi puesto cuando falte... y eres mujer.
Los lobos machos, si no son puros de corazón, como yo tan poco lo fui al principio, te pasarán por encima, usando tu rango y jerarquía. Para conseguir el poder, no tendrán problemas en jugar contigo y desecharte si es necesario. Esa es la terrible verdad de la mayoría... Deberás ser muy inteligente para encontrar al indicado, y en el camino... resistir... no dejar que te destruyan.
—Yo... no lo permitiré, papá... nunca me enamoraré... Yo siempre viviré aquí, contigo.
—Rose... lo harás... tu mate está allá afuera y no puedo protegerte de todo. Pero puedo enviarte preparada para la guerra y eso es exactamente lo que haré.
Ahora sabía que su nombre pesaba como una corona secreta.
Rose Atlanta.
Cuatro manadas gobernaban el territorio: Fénix, Manantial, Fuego y Plata.
Maximiliano Atlanta.
El Alfa Supremo que las había creado, que había designado a cada Alfa a cargo, que había trazado las fronteras con sangre y estrategia. Vivía recluido en un sector apartado de la Manada Fénix, en una mansión descomunal rodeada de bosques antiguos. Pocos conocían su rostro. Menos aún, el de su familia.
Después de la muerte de Catalina, el Alfa Supremo se volvió sombra y leyenda.
Y Rose creció entre silencios.No la exhibieron como heredera.
Eso jamás fue necesario porque en su lugar la entrenaron.
—El poder no se grita, se administra —le decía su padre, con esa voz grave que hacía callar incluso al viento.—Y en esta casa nos preparamos para todo.... incluso la muerte.
Rose entendió pronto por qué su identidad debía permanecer oculta. El linaje atraía ambición. Y la ambición, traición.
Había visto lo que eso podía hacer.
Su tía Celeste —la hermana menor de Catalina— se había enamorado de su mate creyendo que la amaban por lo que era. Él solo quería acercarse al poder de los Atlanta. Cuando lo descubrió, fue demasiado tarde. Celeste no soportó la humillación.
Rose tenía cinco años cuando la encontraron sin vida.
Ese día, su madre juró algo, frente a la tumba blanca de su hermana.
Que su hija jamás sería amada por su apellido.
LOBA ROSEEl campo de entrenamiento estaba cubierto por una fina capa de escarcha cuando llegué.El aire de la mañana era frío, pero mi sangre corría demasiado rápido como para sentirlo. Desde hacía horas mi loba estaba inquieta, caminando dentro de mí como una sombra impaciente. Le costaba estar lejos de su mate...no la culpaba...porque Tharok...era una cosa muy distinta. La manera en que me observaba..parecía que iba a devorarme...Tharok.Desde que el lobo había tomado el control del cuerpo de Alex Buenaventura, todo había cambiado. Su presencia se sentía distinta. Más oscura. Más intensa. Me afectaba mucho, más de lo que quería admitir.Más… peligrosa, para una alfa como yo.Los lobos guardianes ya estaban reunidos alrededor del círculo de combate. Sus miradas iban de mí hacia él, como si esperaran ver qué sucedería...se había corrido el rumor...sobre lo que ya sabiamos...era mi mate y me habia rechazado, punto.El vínculo de mates no podía ocultarse del todo, nadie entendía que h
THAROK-LOBO DE ALEX BUENAVENTURA-MANADA FENIXLa casa aún olía a madera nueva.Me quedé quieto en el centro de la sala, escuchando cómo el viento golpeaba contra las ventanas de la residencia. El lugar donde antes se levantaba la casa del antiguo alfa había sido reducido a cenizas.ESTA ERA MI CASA —PENSÉ—. AQUÍ HABÍA LUCHADO CONTRA MI OTRA PARTE, ESA QUE NO ERA TANTO COMO YO, ALEX BUENAVENTURA. PRONTO LLEGAMOS A UN ENTENDIMIENTO: YO ASUMIRÍA DESDE AHORA. Ahora, en esTe mismo terreno, se alzaba algo distinto.Más fuerte, mucho más simple y real..como era ella.Como también lo era yo ahora.Pasé una mano por la mesa de roble recién colocada. Podía sentir cada veta bajo mis dedos. Alex también lo sentía. Todo lo sentía.Demasiado.Desde que tomé el control, el mundo era distinto.Los sonidos eran más profundos.Los olores más intensos.Y el vínculo…El vínculo era un fuego constante bajo mi piel... Sabía que venía por ella, aunque me rechazara mil veces , yo lo intentaría.La buscaría y
ROSE ATLANTAEl viento del norte siempre traía problemas.Lo aprendí rápido desde que me convertí en alfa interina de la Manada Fénix. Estaba agotada, pero debía cumplir mis funciones,mi padre contaba con ello. Era el futuro de mi familia.Esa tarde el aire era frío y seco, cargado con el olor de la nieve que cubría las montañas lejanas. Desde la terraza de la casa alfa podía ver el bosque oscuro que marcaba el límite de nuestro territorio.Había construido en tiempo récord una nueva estancia para lograr cumplir mis funciones como alfa.Lo había hecho sobre las cenizas de la mansión del alfa Buenaventura; estaba segura de que lo molestaría cuando lo supiera....esa idea me encantaba.Era sincera.Y también a mi manera podía sentir la inquietud de los lobos.Un golpe firme en la puerta me sacó de mis pensamientos.—Adelante.Uno de los lobos del Supremo, los llamados Lobos de Nieve, entró con paso respetuoso. Su capa blanca aún estaba cubierta de escarcha.—Alfa Rose.Todavía me resultaba
El Alfa Supremo revisaba algunos informes cuando llamaron a la puerta. Maximiliano Atlanta estaba demasiado furioso, nunca creyó que los líderes de la manadas pudieran haberse dejado llevar por su ambición, sentenciando al mismo tiempo a su propia sangre.—Adelante.La puerta se abrió lentamente.Alex Buenaventura entró con paso firme, pero su postura tenía algo distinto. Ya no era la arrogancia agresiva de siempre.Había algo… calculado.—Alfa Supremo —dijo inclinando levemente la cabeza—. Agradezco que me reciba.El Alfa Supremo levantó la vista apenas.—No recuerdo haberte convocado....no creo que haya nada de que hablar.Alex sonrió con humildad estudiada e hiócrita como era habitual.—Lo sé. Pero después de lo ocurrido en la junta… pensé que era mi deber presentarme personalmente. Entiendo que no nos conocemos bién.Se acercó unos pasos, manteniendo una distancia respetuosa del escritorio.—Comprendo su decisión de suspenderme temporalmente.El Alfa Supremo dejó el documento que
El salón principal de la residencia del Alfa Supremo estaba lleno.El aire olía a tensión, era el peor clima posible ahi adentro.Alfas de distintas manadas ocupaban los asientos del consejo. Sus betas permanecían de pie detrás de ellos, rígidos, atentos a cualquier señal de peligro. Las conversaciones eran bajas, casi susurros, pero la inquietud se sentía como una tormenta a punto de estallar.Los rumores sobre la enfermedad ya se habían extendido demasiado.Se hablaba de que era irreversible.Muchos lobos seguían en cama. Y la comunidad comenzaba a pensar lo peor.Otros apenas podían sostener la transformación.Y todos sabían que algo estaba mal.De entre los presentes el alfa Buenaventura se hizo paso entre los lobos manteniendo un rostro entre débil pero no humilde exactamente. Nole salía eso de mostrarse común, pues él se creía demasiado.Era cierto que se veía pálido, tambien estaba recuperándose.Pero con la espalda recta y la mirada arrogante de siempre.Su beta permanecía detrá
Rose se enteró por casualidad.El teléfono de su padre sonó .Un mensaje breve, casi clínico, llegó al teléfono del Alfa Supremo mientras coordinaban la distribución del tratamiento: Hospital Central. Alfa Buenaventura ingresado. Estado reservado.Rose no dijo nada.Siguió dando órdenes, revisando listas, firmando autorizaciones. Pero por dentro algo se tensó como una cuerda demasiado estirada.No debía importarle. Claro que no, no después de lo ocurrido.Había otros alfas enfermos. Otros lobos postrados. Madres que no podían levantarse. Guerreros que no lograban transformarse. ¿Cuántas vidas necesitaban de su atención antes?Y, sin embargo, su mente solo repitió un nombre.Alex Buenaventura.Una hora después, estaba frente al hospital.No avisó. No pidió permiso. No le dijo a nadie que iría, era mejor así.El edificio olía a desinfectante y metal. Enfermedad contenida. A miedo. En esos días esa era la sensación del momento.La recepcionista la reconoció; hacía unos días había llevado
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