El salón principal de la residencia del Alfa Supremo estaba lleno.
El aire olía a tensión, era el peor clima posible ahi adentro.
Alfas de distintas manadas ocupaban los asientos del consejo. Sus betas permanecían de pie detrás de ellos, rígidos, atentos a cualquier señal de peligro. Las conversaciones eran bajas, casi susurros, pero la inquietud se sentía como una tormenta a punto de estallar.
Los rumores sobre la enfermedad ya se habían extendido demasiado.Se hablaba de que era irreversible.