Rose se enteró por casualidad.
El teléfono de su padre sonó .
Un mensaje breve, casi clínico, llegó al teléfono del Alfa Supremo mientras coordinaban la distribución del tratamiento: Hospital Central. Alfa Buenaventura ingresado. Estado reservado.
Rose no dijo nada.
Siguió dando órdenes, revisando listas, firmando autorizaciones. Pero por dentro algo se tensó como una cuerda demasiado estirada.
No debía importarle. Claro que no, no después de lo ocurrido.
Había otros alfas enfermos. Otros lobos