El Alfa Supremo revisaba algunos informes cuando llamaron a la puerta. Maximiliano Atlanta estaba demasiado furioso, nunca creyó que los líderes de la manadas pudieran haberse dejado llevar por su ambición, sentenciando al mismo tiempo a su propia sangre.
—Adelante.
La puerta se abrió lentamente.
Alex Buenaventura entró con paso firme, pero su postura tenía algo distinto. Ya no era la arrogancia agresiva de siempre.
Había algo… calculado.
—Alfa Supremo —dijo inclinando levemente la cabeza—. Agr