Rose Atlanta aprendió desde niña que el poder verdadero no necesitaba aplausos, y que la traición no llegaba siempre de un extraño, sino de la persona que más amamos.—Ven aquí... —dijo su padre cuando cumplió los 10 años—. Sabes que soy tu padre... y mi deber es prepararte para el mundo. Querrán lastimarte, pequeña... y le prometí a tu madre que te prepararía incluso para lo peor.—¿Quién? ¿...por qué?... No entiendo, papá —respondió desconcertada, sus ojos aún mostraban esa inocencia que pocas veces perduraba en los adultos.—¿Por qué? Porque pueden, Rose....porque pueden. Podría decirte que no es personal, pero cuando es uno el que siente dolor, por supuesto que es personal. Sabes que tu madre sufrió mucho con la muerte de tu tía Celeste... ¿lo recuerdas? ¿Qué sabes de eso?—Bueno... ¿Ella murió de amor? Su mate la traicionó, la usó porque era parte de nuestra familia y luego, cuando ella dijo que se alejaría de nosotros para protegernos... la rechazó.—Eso no era amor, Rose... El
Leer más