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—¿Podrás detener la contaminación? —preguntó él.

—No todos van a enfermarse.... Él la miró con brusquedad.

—¿Qué significa eso? Rose se levantó y caminó hacia la ventana. Afuera, el cielo comenzaba a teñirse de gris claro.

—Significa que la exposición ya se detuvo. El Alfa Supremo frunció el ceño.

—¿Cómo? Ella se giró lentamente.

—El dueño de la empresa ya no está en su planta. El silencio fue inmediato.

—Explícate.

—Está bajo mi custodia.....en una de las habitaciones de abajo, atado y amordazado. El aire del despacho pareció volverse más denso.

—¿Secuestraste a ese humano?..¿está en mi territorio?

 —Lo trasladé —corrigió ella con calma—. Y lo convencí de firmar el cierre inmediato de las perforaciones y del vertido de residuos....

—Convenciste....claro.

Rose no sonrió, pero algo frío cruzó su mirada. —Los humanos entienden cuando se les habla en términos que les importan. El Alfa Supremo la observó con atención renovada.

—La planta ya no está arrojando químicos al agua —continuó ella—. Hace dos noches sellaron los conductos principales. Eso es lo más importante.

—Entonces… ¿por qué siguen enfermando? —Porque la contaminación ya estaba en el cauce subterráneo. El río necesita tiempo para depurarse. Los químicos se diluyen lentamente. Algunos compuestos se degradarán en días. Otros tardarán semanas.

—¿Y mientras tanto?

Rose volvió al escritorio y abrió otra carpeta. —Mandé formular un tratamiento, me encargué de localizar al mejor médico que pude sobre el tema.

 —Uno de los médicos humanos que trabajaba para la empresa tenía acceso a los componentes de los desechos. Lo traje. Bajo supervisión. El Alfa Supremo no sabía si sentirse impresionado o alarmado.

—¿Qué hiciste exactamente?

—Le obligué a diseñar un remedio para contrarrestar la intoxicación. No elimina todo de inmediato, pero acelera la eliminación de metales pesados y reduce el impacto neurológico. 

—¿ya lo probaste? —Lo probé en mi propio cuerpo hace unas semanas, me siento de maravilla. Esa fue la primera noticia esperanzadora de la mañana y aterradora al mismo tiempo.

El Alfa Supremo exhaló lentamente. —Entonces tienes la cura… y al responsable.

—Tengo una solución temporal —corrigió ella—. El agua necesitará varios días para limpiarse por completo. Mientras tanto, debemos distribuir el tratamiento y suspender el consumo del río central. Hay reservas subterráneas en el Este que no fueron alcanzadas.

Él la miró en silencio. —Has pensado en todo....y los líderes de las manadas han condenado a los suyos por dinero. Rose no respondió.

—¿Desde cuándo esperabas este desenlace?

—Desde que recibí los primeros análisis del agua....me diijiste que siempre debo estar alerta.

—¿Y por qué no me lo dijiste entonces?

Ella sostuvo su mirada. —Porque si lo solucionaba en silencio, ellos seguirían vendiendo territorio. Firmarían nuevas concesiones. Y la próxima vez no tendríamos margen de reacción.

—Entiendo... ¿Qué planeas hacer en la junta de esta noche? Porque no imagino que todo esto sea por nada.

Rose se acercó a la mesa y apoyó las manos sobre los documentos de la venta.

—Primero, dejar que el pánico alcance su punto máximo.

—Eso ya está ocurriendo.

—Aún no lo suficiente....

Él la miró con dureza. —No permitiré más lobos enfermos por estrategia.

—No será necesario —dijo ella con firmeza—. El vertido ya cesó. Desde ahora, solo veremos los efectos residuales. Y con el tratamiento, la mayoría se recuperará en días.

—¿Y el Alfa de la manada de  Plata? Rose sostuvo su mirada sin pestañear.

—Responderá. —¿Lo destituirás? —No yo. —Su voz fue fría—. Las manadas lo harán cuando vean que vendió tierras comunes a humanos y permitió que sus desechos químicos envenenaran el agua que sostiene nuestra sangre. El Alfa Supremo sintió algo inquietante crecer en su interior.

—¿Qué quieres realmente, Rose? Ella tardó unos segundos en contestar.

—Que nunca vuelvan a tomar decisiones que pongan en riesgo a nuestras manadas por dinero.

—Eso suena idealista....Rose , ya sabíamos que estos alfas tenian debilidades. Pero han llevado lejos su corrupción. La luz del amanecer entraba ahora con más fuerza por la ventana.

El teléfono vibró nuevamente. Manada Fénix: mejoría leve en dos casos. El Alfa Supremo levantó la vista hacia su hija.

—Distribuye el tratamiento —ordenó.—No esperes más, encargate de eso personalmente.

Rose asintió. —Y convoca la junta —añadió ella—. En la residencia. Cuando estén todos presentes… mostraremos el contrato. Los análisis del agua. Y si es necesario…

El celular de Rose sonó era un numero que desconocia, y a pesar de que generalmente no hubiese contestado. Ya lo había hecho.

—¿Donde estás?—fueron las palabras desde el otro lado, una voz grave.

—Tú....no voy a hablar contigo.¿cómo conseguiste mi número?

—Mi casa fue destruida. ¿Quién eres?

—Yo... simplemente soy  una ciudadana de esta manada.

—una ciudadana común de la manada no reduce a cenizas la casa de un alfa...es cierto... Entonces, ¿te acuestas con el lider supremo?¿no te da vergüenza?

— Alfa Buenaventura...estoy ocupada...hay una enfermedad esparciéndose... No hablemos de cosas sin importancia.....

—Necesito verte...mi lobo..esta fuera de control....Rose...

—Su voz no rogaba pero si estaba quebrada.

—¿Te volviste loco?...ese es su problema.

—Rose...por favor...no estas entendiendo...mi condición a empeorado...Es como si algo me estuviera arrancando la piel desde dentro.

—Basta.....¿no me rechazaste?? ¿¿Delante de todos ? Habla con tu futura esposa, Alex...

—Rose....creo que estoy muriendo....estoy enfermo.

“Una mujer como tú no es digna de estar a mi lado.” Esa frase estaba allí tallada en su memoria, todavía ardía. Podía dejarlo morir.

¿Podía soportar más dolor? Le habían enseñado a no perder el control. No debía importarle. Él la había humillado, y de manera cruel. Pero si moría antes de la junta… el equilibrio de poder cambiaría. Y Rose necesitaba que viviera, que supiera quién era ella realmente.

Escuchó un golpe al otro lado de la línea, como algo cayendo. Aquella respiración no era estable. —¿Alfa Alex? ¿Está solo? ¿Alfa? ¡¡¡¡Maldición!!!

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