EL ALFA ARREPENTIDO:LA REVANCHA
EL ALFA ARREPENTIDO:LA REVANCHA
Por: GenEsys
1

Rose Atlanta aprendió desde niña que el poder verdadero no necesitaba aplausos, y que la traición no llegaba siempre de un extraño, sino de la persona que más amamos.

—Ven aquí... —dijo su padre cuando cumplió los 10 años—. Sabes que soy tu padre... y mi deber es prepararte para el mundo. Querrán lastimarte, pequeña... y le prometí a tu madre que te prepararía incluso para lo peor.

—¿Quién? ¿...por qué?... No entiendo, papá —respondió desconcertada, sus ojos aún mostraban esa inocencia que pocas veces perduraba en los adultos.

—¿Por qué? Porque pueden, Rose....porque pueden. Podría decirte que no es personal, pero cuando es uno el que siente dolor, por supuesto que es personal. Sabes que tu madre sufrió mucho con la muerte de tu tía Celeste... ¿lo recuerdas? ¿Qué sabes de eso?

—Bueno... ¿Ella murió de amor? Su mate la traicionó, la usó porque era parte de nuestra familia y luego, cuando ella dijo que se alejaría de nosotros para protegernos... la rechazó.

—Eso no era amor, Rose... El amor no es perfecto, es cierto, pero no creo que tenga la capacidad de matar. Mírame a mí y a tu madre, fui el lobo más despiadado para construir esta comunidad. Perdíamos, estábamos al borde de la muerte. Los humanos y los vampiros casi nos extinguieron; cuando me enteré de que una loba que no podía transformarse era mi mate, quise morir. Maldije a todos los dioses, le grité a esa mujer que era mi compañera, le dije que no era suficiente y me odié a mí mismo por ello.

—Tu madre lo entendió, respetó mi estupidez de lobo imbécil... y se alejó. No podía parar de pensar en ella, todo mi cuerpo me pedía su existencia, mi lobo estaba al borde de la locura. Y entonces... escuché la noticia... tu madre se había comprometido... con otro lobo... un soldado, que se animó a darle una mejor vida a la mate del líder Maximiliano Atlanta, un buen hombre. Resultó mucho mejor que yo.

—¿Y qué sucedió, papá? Dime...

—Me volví loco, ¿sabes? La secuestré... No hubiera podido sobrevivir sin ella. Me arrodillé ante ella y rogué su perdón. Tu madre estaba furiosa, había hecho un acuerdo con ese lobo, y ella no solía faltar a su palabra. Por suerte, aquel lobo entendió la situación y se hizo a un lado. Fue la etapa más dura de mi vida, recuperar a tu madre, ganarme su perdón, jurarle con cada fibra de mi ser que cambiaría por ella y para ella... Ahora... ¿Sabes por qué te cuento esto?

—No.....—los ojos de la niña volvían a cobrar ese brillo esperanzado y esa alegría que la caracterizaba, dándole a su padre el recuerdo de su esposa perdida.

—Cuando crezcas, seguramente los lobos te buscarán, y si tienes suerte, encontrarás a tu mate y querrás formar una familia. Pero tú sabes, Rose ...que esta familia pasó por  una tragedia, y eso hizo que las mujeres que desciendan de esta familia deban ser fuertes, no tienen otra opción. Rose, eres mi única hija, y aunque adopte a Talia, eres la heredera de mi puesto cuando falte... y eres mujer.

Los lobos machos, si no son puros de corazón, como yo tan poco lo fui al principio, te pasarán por encima, usando tu rango y jerarquía. Para conseguir el poder, no tendrán problemas en jugar contigo y desecharte si es necesario. Esa es la terrible verdad de la mayoría... Deberás ser muy inteligente para encontrar al indicado, y en el camino... resistir... no dejar que te destruyan.

—Yo... no lo permitiré, papá... nunca me enamoraré... Yo siempre viviré aquí, contigo.

—Rose... lo harás... tu mate está allá afuera y no puedo protegerte de todo. Pero puedo enviarte preparada para la guerra y eso es exactamente lo que haré.

Ahora sabía que su nombre pesaba como una corona secreta.

Rose Atlanta.

Hija de Maximiliano Atlanta, el Alfa Supremo.

Hija de Catalina Servia de Atlanta… la mujer que murió  dos años antes  de que cumpliera diez años.

Cuatro manadas gobernaban el territorio: Fénix, Manantial, Fuego y Plata.

Pero todas respondían a un solo nombre, aquel que había luchado incansablemente en formarlas y defenderlas como a de lugar.

Maximiliano Atlanta.

El Alfa Supremo que las había creado, que había designado a cada Alfa a cargo, que había trazado las fronteras con sangre y estrategia. Vivía recluido en un sector apartado de la Manada Fénix, en una mansión descomunal rodeada de bosques antiguos. Pocos conocían su rostro. Menos aún, el de su familia.

Después de la muerte de Catalina, el Alfa Supremo se volvió sombra y leyenda.

Y Rose creció entre silencios.No la exhibieron como heredera.

Eso jamás fue necesario porque en su lugar la entrenaron.

—El poder no se grita, se administra —le decía su padre, con esa voz grave que hacía callar incluso al viento.—Y en esta casa nos preparamos para todo.... incluso la muerte.

Rose entendió pronto por qué su identidad debía permanecer oculta. El linaje atraía ambición. Y la ambición, traición.

Había visto lo que eso podía hacer.

Su tía Celeste —la hermana menor de Catalina— se había enamorado de su mate creyendo que la amaban por lo que era. Él solo quería acercarse al poder de los Atlanta. Cuando lo descubrió, fue demasiado tarde. Celeste no soportó la humillación.

Rose tenía cinco años cuando la encontraron sin vida.

Ese día, su madre juró algo, frente a la tumba blanca de su hermana.

Que su hija jamás sería amada por su apellido.

Jamás sería elegida por su poder.

Sería elegida por ser Rose.

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