Mundo ficciónIniciar sesiónLa puerta del calabozo se abrió al amanecer; la noche anterior, el alfa había salido de allí sin decir ni una palabra más. Parecía perseguido por un fantasma.
Alex Buenaventura entró sin escolta, sin ninguna expresión en su rostro.
Ya no había grieta en su mirada.
No había lucha interna.
—Ya están reunidos —dijo—. Consejo. Alfas invitados. Mi manada.
Rose se incorporó lentamente.
—¿De qué hablas? —dijo incorporándose.
—Está todo listo para que te disculpes... conmigo... públicamente.
—No voy a disculparme...
Silencio.
—No te estoy preguntando.
Ella sostuvo su mirada.
—Entonces no escuchaste nada de lo que dije ayer....
Sus ojos seguían del mismo color, pero era obvio que la actitud en ese estado era más amenazante.
En dos zancadas la alcanzó, y la sujetó del brazo de manera firme... dolorosa. Los ojos de la loba se clavaron en él.
—No me desafíes otra vez, quiero que hagas lo que digo.
—Suéltame...no lo haré
No lo hizo.
La arrastró fuera del calabozo, por todas las escaleras de piedra mientras ella gritaba y pataleaba.
Los guardias fueron testigos silenciosos, incluso cuando tropezó.
Su rodilla golpeó el escalón.
La sangre apareció, pero ella era incapaz de gritar más de lo normal..no le daría el gusto.
—¡¡¡¡NO VOY A RETRACTARME !!!!—dijo entre dientes—. ¡¡¡¡NO LO HARÉ NUNCA!!!! —gritó.
Él no respondió y la arrastró hasta el gran salón.
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Consejeros y alfas de otras manadas estaban allí, con todas las expectativas. Aquello era un verdadero show para los que pretendían mostrar la impunidad del poder.
Una imagen destacaba en la escena, sentada a la derecha del estrado… Esmeralda Evans.
Rubia,impecable... lo que se diría elegante, de piernas largas, con una sonrisa impresa y ensayada.Tapado de piel y un collar de diamantes que brillaba demasiado.
Rose la reconoció de inmediato.
El padre de esa mujer había intentado ofrecerla a Maximiliano Atlanta años atrás.
El Supremo se negó, el recuerdo de su esposa seguía latente,
Sospechó desde el momento que la vio que todo esto iría de mal en peor.
Alex soltó abruscamente a Rose frente a todos; ella cayó de rodillas. La falta de delicadeza fue casi aplaudida, todos estaban allí para ver el maltrato injustificado de un alfa, parecía incluso que lo disfrutaban.
Sangre en la piel,cabello desordenado.
Pero la barbilla alta, Rose sabía que nada era gratis, su puesto, aunque nadie lo supiera, venía con obstáculos, pruebas que debía sortear.
El murmullo creció, las miradas curiosas se inquietaban.
El alfa levantó la mano.
Silencio absoluto.
—Antes de continuar con la costumbre —dijo con voz firme—. Tengo un anuncio.
Rose lo miró; no iba a perderse el espectáculo.
—He decidido contraer matrimonio... Esta es mi manera de anunciarlo.
El salón estalló en murmullos. Los aplausos se hicieron presentes.
Esmeralda se levantó con elegancia, sus tacones resonando alargaron el momento.
Se colocó a su lado. Sonrió y se colgó de su brazo, ofreciendo al pueblo la imagen de la pareja que tanto deseaban.
Los consejeros asintieron, parecían satisfechos con semejante propuesta. La heredera de una fortuna por parte de su padre, era de una familia bien posicionada.
—Pero primero —continuó Alex—. Existe una formalidad....
Su mirada cayó sobre Rose.
Fría.
—Una decisión, diría yo.
Todos susurraron, y fijaron la mirada en la mujer con golpes y heridas en su cuerpo.
—Rechazar a mi mate.
Un murmullo colectivo.
El Beta, Luca Castelar, dio un paso adelante, y habló en el oído de su alfa.
—Alfa… deberíamos reconsiderar… piénselo.
—Silencio beta.
La orden cortó el aire.
Alex miró a Rose.
—Dime tu apellido, loba.
Rose lo miró fijo.
Pausa.
—Servía. Como mi madre. —Sabía que no podía decir el de su padre... No quería que eso evitara el momento...
Murmullos se escuchaban en el lugar y todos hablaban cubriéndose el rostro.
El alfa asintió lentamente.
Y entonces pronunció:
—Yo, Alfa Alex Buenaventura… te rechazo a ti, Rose Servia.
El vínculo vibró.
Como una cuerda tensada al límite.
Algo invisible se desgarró.
Rose sintió el golpe, muy profundo.Contuvo sus lágrimas, las ganas de gritar y de incluso matarlos a todos,
En su mirada había algo más peligroso que el dolor.
Desprecio.
Todos rieron mientras Esmeralda Evans rodeaba con un abrazo a su alfa, y miraba a los lobos de la manada. Los alfas pertenecientes a las otras manadas comenzaron a brindar por la nueva luna de la manada.
El rechazo se había cumplido, y aunque Alex Buenaventura se sentía terrible, incluso desgarrado por dentro, esperó que un sorbo de vodka lo reanimara.
—¡¡¡¡¡¡MAS BEBIDAS PARA TODOS!!!!!!¡¡¡¡¡ME CASARÉ PRONTO!!!!!
Poco pudo saber o sentir de los lobos blancos rodeando la manada, entre cada vegetación, incluso infiltrados entre todos ellos.
Las puertas de su mansión de un minuto a otro explotaron con bombas preparadas y sincronizadas.
El viento entró como una cuchilla.
Un grupo de lobos de pelaje blanco irrumpió en el salón, destruyéndolo todo, mientras los demás invitados hacían lo imposible por huir.
Rose permanecía de rodillas con las muñecas atadas, de todos modos no se movió. Conocía a los lobos de su padre; la nieve letal había despertado.
Rápidos.
Letales.
La sangre fue inmediata.
Gritos, muchas puertas se cerraron y lobos en cantidad fueron atrapados huyendo.
Consejeros cayendo.
Los guardias apenas tuvieron tiempo de reaccionar, había varios cuerpos sin vida. Una verdadera masacre.
Desde la entrada, tres siluetas avanzaron, envueltas casi en una especie de humo. Una imagen que nadie jamás pensó ver.
El silencio cayó como una sentencia.
Maximiliano Atlanta.El hombre que nadie pensó volver a ver después de que hace 100 años había formado las manadas, se mostraba nuevamente.
A su lado, su hija adoptiva Talia Atlanta, tan ceremonial como siempre.Un vestido largo blanco pegado al cuerpo, su cabello también era de ese color, con unos ojos azules que la hacían parecer un verdadero oráculo.
Y detrás…
Marco.
El guardián. Había contado todo al supremo y ahora nadie se salvaría de la furia de un padre.
Los llamaban la Nieve Letal... esos lobos destrozándolo todo a su paso.
Los lobos blancos se alinearon detrás de su alfa.
Maximiliano observó el salón, todos corrían de manera desesperada, así que ordenó a Marco que se llevara a Rose, era hora de ponerla a salvo. Un auto los esperaba afuera.
Talia se acercó a su hermana de inmediato, comprobando la gravedad de sus heridas.
—Esto es traición, padre —susurró... lo suficiente para que su padre escuchara.
Uno de los lobos blancos se acercó a Maximiliano Atlanta, que en forma humana era incluso tan alto como ellos.
—Destruyan todo, es una orden, y si alguien lo impide, mátenlo también. Que no quede nada. Que los lobos de alta jerarquía paguen por esto.
Alex de pie, intentó acercarse ante esta figura que desconocía, pero fue interceptado por varios lobos blancos que lo arrastraron hacia su mansión.
Ya casi no quedaba nadie, cuando la mansión comenzó a arder y el fuego se dispersaba abarcando su totalidad.
La voz del supremo no fue alta.
—Vámonos —ordenó a Marco para que arrancara el vehículo—. Ya tendremos tiempo para ocuparnos de los culpables —dijo con sus hijas en el auto, mientras las llevaba a su hogar, a su lugar seguro.
El silencio era absoluto.
—¿Qué va a suceder ahora? —dijo Talia—. ¿Qué harás?
Sus ojos se posaron en Rose, que abrió los ojos ,mientras acomodaba un mechón de cabello manchado con sangre.
—Debes convocarlos a todos, ante tu presencia, padre.Creo que es hora de que me presente,...
—¿Estás segura? —dijo su hermana—. Ese maldito que te rechazó no se merece ni que lo mires.
—Créeme, hermana..ahora...todos van a conocerme.
—Convocaré a todos —dijo finalmente el lobo.
Rose apoyó la espalda contra el asiento.
El fuego de la mansión aún iluminaba el cielo a lo lejos.
—No —corrigió ella suavemente.
Talia la miró.
Maximiliano también.
Rose sostuvo la mirada de su padre.
—No los convoques tú.
Silencio.
—Convócalos en mi nombre... La señorita Atlanta, hija y heredera del Alfa Supremo... ella quiere verlos.
El aire dentro del vehículo se volvió más denso.
El Supremo sonrió apenas.
—Como órdenes… heredera.







