Mundo ficciónIniciar sesiónMe llamo Isabella y siempre he vivido bajo la sombra de mi hermana Savannah. Mi pecado fue nacer con ella, causar la muerte de mi madre y “robar” parte del don que la Diosa le había dado a Savannah. Odiada por mi padre, humillada, escondida dentro de mi propia manada, me convertí en alguien sin nombre ni identidad. Hasta el día en que un accidente la dejó en coma y me vi obligada una vez más a ocupar su lugar, solo que esta vez en un sitio aún más peligroso. Mi padre me envió a la Academia HighMoon, donde se entrenan las fuerzas élite, y se supone que debo servir al príncipe lycan Aurelius. Ese lobo arrogante, grosero y salvaje. El sueño de Savannah era abrirse camino hasta el trono real. El mío… es encontrar mi libertad. Esta vez no pienso seguir los planes de mi padre: “El príncipe me invita a una reunión privada: Ausente”. “El príncipe elegirá a su acompañante para el baile de Navidad: Ausente”. “El príncipe quiere a alguien que le caliente la cama esta noche: Más que ausente”. Creí que así saldría de su radar. Pero un buen día me vi acorralada contra las paredes frías de la Academia. Esos ojos lobunos y peligrosos me atravesaban con ira. Su mano firme en mi barbilla, la otra en mi cintura. “¿De verdad crees que fingir indiferencia va a salvarte?”, gruñó contra mis labios, enviando escalofríos de placer por todo mi cuerpo. No iba a ceder frente a él. Los dos ocultamos oscuros secretos, jugamos un juego tan peligroso que podría destruirnos… o atarnos para siempre. “Porque no soy quien crees, príncipe lycan y pronto regresará la verdadera Savannah.”
Leer másNARRADORA—Estás marcado por ese hechizo. No podrás huir, ni aunque te escondas debajo de una roca... pero si logras sacarle la verdad de la propia boca de la Reina… —Kaden hizo una pausa, viendo cómo los ojos inyectados en sangre del hombre se clavaban en él.—Entonces te daré la oportunidad de desaparecer de este reino… para siempre.Leonardo no respondió. No podía. Necesitaba recuperar la cabeza. Necesitaba… hacer retroceder el tiempo.—Y ni se te ocurra ir con esa bruja cómplice tuya. Ya sé lo del pasadizo, y voy a usar esa ruta para asegurar mi poder. Le guste o no le guste a tu Reina... yo seré el próximo Rey Lycan.Con esas palabras, se desvanecieron entre una niebla densa, dejando a Leonardo hundido por completo.Su mano temblorosa buscó el pase. El mismo que siempre tenía que solicitar para visitar a la Reina en su mansión real.Incluso tenía su nombre. Era obvio que Kaden ya tenía todo atado.Leonardo lo aplastó entre los dedos, furioso.Ahora, más que nunca, se sentía un in
NARRADORA—Sé que la reconoces. Casi la has descifrado, y es la clave de por qué nunca encontraste la fórmula final que vuelve loco al lycan del príncipe —Agata le explicó, y Leonardo se quedó mirando el símbolo como obsesionado… ese que jamás había logrado descifrar.—La fórmula estaba en el libro que te dio la Reina. Debió ponerla ahí para que la estudiaras y la usaras contra mí. Así, si era descubierto, ella se lavaría las manos… y tendría a su chivo expiatorio para culpar —Kaden le dijo sin endulzarlo.—Ella sabía que estabas enamorado de Isolde. Intentó volverme loco esa noche con el hechizo original, pero mi padre no reaccionó como ella esperaba y siguió apoyándome, así que pasó al plan B… tú.Lo señaló sin titubear, y Leonardo apretó los dientes, negándose.Su mente, tan afilada, se negó a aceptar que lo hubieran usado con esa frialdad… con esa perfección.—No. No… esto no prueba nada. ¿Y qué si conoces el hechizo original? ¡Eres una bruja! —le gritó a Ágata.—No soy cualquier
NARRATOREl príncipe lycan no estaba herido, apuñalado, ni débil. Y ciertamente, no se estaba muriendo.Estaba allí de pie, mirándolo con unos ojos tan amenazantes que Leonardo dio un paso atrás, dándose cuenta de que él no era el cazador, sino la presa.—¿Cómo? —tartamudeó, observando el tronco del árbol y sin encontrar ni una sola gota de sangre—. Te vi. Ahí mismo, muriéndote, ¡apuñalado por tu mate! ¡TE VI!Leonardo rugió, agarrándose del cabello y arrancándose de golpe toda esa fachada de hombre calmado.Se giró y vio a Isabella secándose las lágrimas demasiado tranquila y serena.—Solo viste lo que queríamos que vieras. Te crees tan listo y, al final, no fuiste más que un idiota patético, fácil de manejar. —Volvió la atención al rostro frío de Kaden.—Te han mentido todo este tiempo, fuiste manipulado por alguien más para odiarme y hacerme daño. Quien me empujó a matar a Isolde… fue la Reina.A Leonardo le tomó un segundo procesarlo. Luego, su expresión atónita se retorció en una
NARRADORAMientras tanto, Kaden estaba tenso, esperando entre las sombras, inquieto, vigilando la puerta por donde Isabella debía salir del túnel subterráneo.—Relájate. Tu chica es dura…—¿Te pedí que vinieras a elogiar a mi mujer? —Kaden le lanzó una mirada de reojo a Alistair, que estaba recargado contra la pared de piedra helada. —Y, más importante, ¿qué carajos haces siguiéndome?—Sabes que no me voy a ir hasta que al menos me pagues una parte de lo que me debes —resopló el príncipe arcano.Estaba a punto de empezar a fastidiar a Kaden cuando se quedó rígido de golpe, se despegó de la pared y miró más allá del hombro del príncipe Lycan.Kaden notó el movimiento, pero su nariz ya había captado un olor familiar, así que solo se giró con apremio.—Bien. Ya puedes dejar de ser un dolor de cabeza. Isabella lo hizo bien y ya regresa.Agata apareció entre una neblina fina que se formó de la nada.—Bueno, sería el colmo que contigo vigilándolos, también te vieran la cara…—¡Tú…! —Ágata a
NARRADORAIsabella avanzó entre montañas de trastos que proyectaban sombras en cada rincón y recodo.Ese día había pasado del susto a la felicidad absoluta, y ahora estaba volviendo de golpe a esa tensión sostenida.Sintió a Leonardo en cuanto entró en este lugar aislado, y ahí estaba él, esperándola en una zona despejada.—Profesor, no tengo mucho tiempo antes de que el príncipe venga a buscarme. ¿Por qué me llamó aquí? —Isabella fue directo al grano.—Savann… bueno, ahora tu nombre es Isabella, ¿no? —preguntó, alzando una ceja y ella asintió.—De repente siento que me tomaron un poco el pelo. Ahora que te miro bien, supongo que eras la chica lista del inicio, la que iba a ayudar en el laboratorio…Isabella fingió seguirle la charla amable, pero Leonardo podía ver la impaciencia en su rostro.La idiota incluso lo miraba por encima del hombro ahora, solo porque Kaden la había nombrado su puta oficial.—En fin, solo estoy aquí para darte esto —dijo, abriéndose el abrigo y sacando un fr
NARRADORASe movían por el escenario, girando entre encaje y terciopelo.Riéndose, perdidos en su propio mundo, solo ellos dos.Al menos así lo sentía Isabella. Estaba hipnotizada por esos ojos azules que la miraban como si fuera la única mujer que quedara en la tierra.La música se suavizó, y Kaden bajó el ritmo, sosteniéndole la mano mientras depositaba un beso suave en la palma.—Eres la mujer más hermosa e increíble del mundo, y yo soy el hombre con más suerte por tenerte como mi mate.Isabella sintió que el corazón iba a saltársele del pecho, con mariposas revoloteándole en el estómago.Kaden se inclinó, le sujetó la nuca y sus labios encontraron los de ella en un beso cargado de hambre… y de todo el amor que vivía entre los dos.Sus lobos se acariciaron, fundiéndose como un solo ser.Isabella se aferró a su príncipe lycan, entregándole el corazón del mismo modo en que Kaden le entregaba el suyo.Entonces, de repente, estalló una ronda de aplausos y aullidos que la hizo sobresalt
Último capítulo