08. PRUEBA DE COMPATIBILIDAD
ISABELLA
Antes de que miraran hacia arriba me arrojé al suelo de golpe, escondiéndome.
Abajo ya se escuchaban las exclamaciones buscando crucificar al perpetrador.
Mis ojos, en pánico, dieron con el culpable de mi desliz y casi tuve el impulso de arrojarme también por la ventana.
—Se… señor… —tartamudeé, mirando a la ceja alzada de ese lycan rubio que me gritaba desde las gradas durante la competición.
Sus ojos vivarachos me observaban con burlas.
—O te gusta mucho Aurelius o buscas una muerte