140. LA CRUDA VERDAD
NARRATOR
El príncipe lycan no estaba herido, apuñalado, ni débil. Y ciertamente, no se estaba muriendo.
Estaba allí de pie, mirándolo con unos ojos tan amenazantes que Leonardo dio un paso atrás, dándose cuenta de que él no era el cazador, sino la presa.
—¿Cómo? —tartamudeó, observando el tronco del árbol y sin encontrar ni una sola gota de sangre—. Te vi. Ahí mismo, muriéndote, ¡apuñalado por tu mate! ¡TE VI!
Leonardo rugió, agarrándose del cabello y arrancándose de golpe toda esa fachada de h