Mundo ficciónIniciar sesiónA la joven y humilde Eris le dijeron que, si demostraba su valor, alcanzaría la gloria. También le dijeron que ser escogida para desposarse con el rey era el mayor honor con el que podría soñar, pues el rey era valeroso, rico y atractivo. El rey le dijo que ella sería su reina y que su corazón fuerte la protegería de los peligros del mundo. Incluso le dijeron que servir al rey era su deber de esposa, aunque el alma se le desgarrara de dolor cada vez que él la tocaba. Todos le mintieron a Eris y ahora, cuando la única salida que ve para acabar con su sufrimiento es la muerte, el prisionero bestial traído de tierras lejanas le ha prometido que puede salvarla si lo ayuda a escapar. ¿Se arriesgará Eris a creer en sus palabras o acabará él mintiéndole como todos los demás? De dos cosas Eris está segura, la pena por traicionar al rey es la muerte y ese prisionero extranjero, cuyos ojos refulgen en la oscuridad de la mazmorra exaltando a su corazón, no es como todos los demás.
Leer másC1-NOVIO HUMILLADO.
—¿Grayson? ¿En serio creíste que iba a desperdiciar mi vida con un hombre tan frío y aburrido? ¡Ojalá encuentres a otra pobre idiota! ¡Una que aguante tu personalidad de nevera averiada!
El salón se llenó de risas, algunas nerviosas y otras descaradas.
“Qué humillación” murmuró una mujer con collar de perlas.
“Siempre supe que ese compromiso era una farsa” comentó otro.
Esa noche, la familia Langley no habia escatimado en gastos, cuando organizó la mejor fiesta de compromiso de Londres. Todo para anunciar con bombos y platillos la "unión perfecta" entre Katerina Langley y Grayson Maxwell.
El padre de la novia, Reginald Langley, un hombre de porte imponente, habia tomado el micrófono y habló con una sonrisa ensayada.
—Queridos amigos, familia, aliados —comenzó—. Esta noche celebramos más que un compromiso. Celebramos la unión de dos imperios. Llamo a mi hija y a su prometido, Grayson Maxwell, para que me acompañen.
Grayson habia dejado su copa y caminó hacia su futuro suegro, que soportaba por una sola razón: Los Langley le habían robado algo. Y esa boda era su forma de recuperarlo… aunque eso implicara compartir el apellido con una muñeca de porcelana cabeza hueca como Katerina. Se detuvo al borde del escenario y espero... pero comenzó a tensarse, cuando Katerina no apareció y los murmullos comenzaron.
Por otro lado, Mirabelle Langley, la matriarca de la familia, apretó el abanico en su mano.
—¿Dónde demonios está esa niña? —siseó entre dientes, mientras caminaba entre los invitados.
Los minutos se estiraron y Reginald, molesto, chasqueó los dedos hacia uno de sus guardaespaldas, que asintió y se alejó por un pasillo lateral.
Entonces, una de las empleadas apareció pálida y temblorosa. Se acercó a Reginald y le susurró algo al oído, haciendo que su rostro, se transformara en una máscara de furia contenida.
—¡Miren lo que está en las redes! —gritó de repente un invitado, alzando su teléfono.
Todos sacaron los suyos. En cuestión de segundos, el salón se llenó de luces de pantallas, de jadeos, risas contenidas, y expresiones escandalizadas.
Y Grayson Maxwell vivió la peor humillación en sus 29 años de vida.
Katerina, su prometida, estaba en una isla tropical. Bronceada, en bikini y siéndole infiel con su entrenador personal y habia subido un video en las redes para humillarlo.
Grayson detuvo el video y bajó lentamente el teléfono, su rostro era inexpresivo. Sin embargo por dentro, era lava contenida y Reginald al verlo, dio un paso al frente, tratando de excusarse.
—Esto… esto es un malentendido, señor Maxwell… Le aseguro que mi hija…
—¿Un malentendido? —Grayson lo interrumpió con una mirada peligrosa—. Su hija dejó bien claro lo que piensa. Y ahora yo dejaré algo igual de claro.
Agarró una copa de champán. La levantó como si fuera a brindar… y de pronto, la estrelló contra la mesa. El estallido de cristal sacudió a todos.
—Tienen exactamente un día —espetó—. Una día para encontrar otra novia que salve tu patético imperio financiero, Langley. Si no, mañana, cuando la bolsa abra, me aseguraré personalmente de que cada acción tu empresa valga menos que el cristal roto de esta copa. Y créame —sonrió con malicia glacial—, tengo los medios y los contactos para convertir el apellido Langley en sinónimo de quiebra.
Cuando terminó, dio media vuelta y salió, dejando atrás un silencio incómodo y decenas de teléfonos todavía grabando.
Aldea ForahSabiendo que su hermana ya estaba a salvo bajo el cuidado de Kemp, y que su madre ya le había sido de ayuda, Eris se encaminó hacia la taberna bajo la tormenta. El viento gélido y la nieve no le significaban problema alguno; sentía que por fin respiraba desde que arribara a la capital. Sus pulmones y su piel ardían en respuesta, tanto que creyó que, si se deshacía de su abrigo, ni siquiera tiritaría. Nunca tuvo problemas con el frío, sí con el hambre y la falta de oportunidades. Al convertirse en reina, había ofrecido tierras a la gente de Forah; tierras cultivables en un clima más amable. Muchos aceptaron, el resto seguía allí y ella no se preguntaba el porqué. Algunos se acostumbraban tanto a sobrevivir, que el mero hecho de vivir les resultaba demasiado similar a la muerte. A ella le pasó, hasta que conoció al Asko y vivir para verlo un día más fue suficiente.Ahora no lo era; ahora había mucho más que ella quería, como conocer la verdad sobre sus orígenes.Empujó las
Valle del ZazotAl caer la noche, el grupo liderado por Kaím volvía a reunirse en el lugar acordado, donde cada uno dio cuenta de los avances en su guerra contra Rakum. Habían dado caza a los alfas Hafu y Oblio; solo faltaba Kort, además del mismo Rakum. Fue así como decidieron regresar al Irs, donde creyeron que encontrarían a Rakum cuando fuera por refuerzos. Aguardarían en las cercanías de su manada y lo emboscarían al salir o al entrar; lo mismo harían con Kort. Kaím pensó en ir a su propia manada, pero no había tiempo; ya podría reencontrarse con Agna cuando todo acabara. En cuanto a Furr y Desz, este último manifestó su deseo de recorrer los bosques alrededor del río Irs en busca de Ariat, prometiendo mantenerse atento por si hallaba algún rastro de los prófugos. Los Tarkuts se separaron de los Liaks y siguieron su propio rumbo, tras sus propios objetivos. —Debo reconocer que luchas muy bien, no me lo esperaba, Gunt —comentó Kaím mientras cruzaba una pradera camino a la manada
Balardia, aldea ForahLa vieja choza donde Eris había pasado su niñez y parte de su juventud era más pequeña que el salón más pequeño del palacio. El humo negro que brotaba de la chimenea la hizo esperar hallar un hogar cálido, pero en cuanto cruzó la puerta, siguió sintiendo el mismo frío que afuera, puede que incluso más. La madre se quedó sin habla al verla, inmóvil, mientras el cuchillo con que pelaba unas papas se le resbalaba de la mano. —Mira quién ha venido a visitarnos, madre, Eris. ¡Es Eris! —dijo la hermana, emocionada. La mujer se puso de pie y se acercó con cautela a inspeccionarla por fin. Era su hija, sin duda, una de las tantas que había tenido. —Si hubieras avisado que vendrías, habría preparado una cena más apropiada, aunque supongo que nada se compara con los manjares que saboreas en el palacio. —No, no se le compara —respondió Eris, con frialdad—. He enviado cosas para ustedes, ¿les han llegado? —preguntó, viendo que su hermana seguía usando ropas delgadas cua
Akal había aceptado su destino y estaba dispuesto a morir por proteger a su esposa y a su hijo, porque ese era su legado; no la manada que había creado su padre, sino la suya, la que estaba formando. —Espera un momento —lo interrumpió Alter, mirando a Sike—. ¿No le contaste de la visita del tal Tek? —preguntó, y Sike negó—. Se presentó un Liak que venía en representación de tu hermano mayor, Kaím. Vino a pedir tu colaboración para enfrentar a un tal Rakum, hermano del supremo, que se ha aliado con el resto de alfas para hallar a la hembra primero. Le dijimos que, de momento, no podías atenderlo y no tuvimos que decir más. Con solo vernos, supo que éramos humanos y que no le seríamos de ayuda. Se fue decepcionado. Si volvemos a ser Liaks, nos conviene pelear junto a tus hermanos para vencer a Rakum. Akal se quedó pensando en sus palabras. Formar alianzas acrecentaría su poder; no era insensato considerarlo. —Rakum es despreciable, lo conocí cuando fui a la reunión del supremo y t
Valle del Zazot, manada blanca Luego de un viaje de dos días, Akal y Umak llegaron al lugar donde se asentaba la manada, en medio de un enorme bosque siempre verde. El primero en salirles al encuentro fue Sike. Atribulado, no perdió tiempo en relatarles con lujo de detalles lo que había ocurrido desde su ausencia: la hostilidad con que los recibieron en la reunión del alfa supremo, la partida de Furr hacia el interior del valle para buscar a su hermano y el evento que más los había afectado. —Ocurrió durante el atardecer, aunque muchos se dieron cuenta hasta la mañana siguiente. Fue como si me sacaran el aire y hasta el alma del cuerpo, una exhalación que ya no se pudo recuperar; así perdimos al espíritu de lobo que invitaste a habitar en nuestros cuerpos. Volvimos a ser simples hombres, débiles y mortales como el resto; ya no podemos convertirnos en lobos ni luchar como lo hicimos. ¿Sabes la causa de tal suceso? —preguntó, esperanzado, y Akal apretó los labios. —Lo sé y lo lamen
Balardia, palacio real De todas las palabras que podían ser dichas, las promesas de amor incumplidas resultaban ser las más nefastas. Con su cuerpo por completo restablecido, Akal había manifestado su voluntad, que ahora sería capaz de llevar a cabo. Desde un balcón en lo alto de una torre, Eris observaba a los siervos preparar los caballos en los que él y Umak dejarían Balardia. —Me ha hecho jurarle que no dejaré el palacio para ir a Luthia ni a ninguna otra parte —contó ella—. Le teme a algo, lo sé, pero no ha querido decirme de qué se trata. Tanto misterio solo me intranquiliza. ¿Cómo podré protegerme si desconozco la amenaza? Y ahora se va, cuando más deseo que se quede. ¿Qué era lo que Akal quería? La respuesta que él le dio jamás en la vida ella la habría imaginado. «Quiero desposarte, Eris. Quiero hacerte mi esposa». Ella estuvo a punto de llorar de alegría. Imaginó una gran boda, mucho más hermosa que la que tuvo con Erok, una gran celebración donde ab
Último capítulo