Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis ❣️ Quién iba a decir que mi mayor temor se cumplió. ¡Tengo su corazón en mis manos, tiene mi corazón en sus manos! Quién iba a decir que él sería el poema de mi vida, el verso libre que llegó en el momento preciso y se fue cuando no tenía que hacerlo. El que llenó de sonrisas mis días, ya que mi única felicidad era un libro, un cuaderno, y una plataforma de escritores donde me dejaba llevar por mi imaginación... ~~~ 🌸 🌸 ~~~ 🌸 🌸 ~~~ 🌸 🌸 ~~~ Cuando la termine la editare.
Leer más🏵️Antonio🏵️ Rio observa desde la esquina. Su rostro es una máscara de ira contenida y miedo. Bianca, o mejor dicho, Carla, está detrás de él, temblando, derrotada por completo. No hay más plan, no hay más control. Solo caos. —No puedes escapar de nosotros, traidor...–gruñe la última palabra Rio, pero su voz tiembla. —¿Escapar?... Estoy volviendo a donde pertenezco. –respondo con voz firme. El caos detrás de mí se intensifica: Río intenta recuperar el control, gritando órdenes que nadie más escucha. Carla por su parte se desploma en el suelo, temblando de rabia y frustración al ver que ya no tiene el poder. Ya no hay manipulación posible, ya no hay miedo que la sostenga. A nuestro alrededor, la policía ha intervenido discretamente. Apuntando con sus armas a Rio y a la mujer que pagó para que me secuestraran. Están bajo control, sin que ninguno pueda moverse. La evidencia física que encontraron, y papeles falsos, han sido suficiente para obligarlos a quedarse quietos. Car
🏵️~~Damian~~🏵️ Despierto atado. No con cuerdas. Con límites invisibles. Con una sensación espesa en el cuerpo que me dice que he sido contenido, con cuidado. La cabeza me late. La memoria sigue fragmentada, pero ahora hay algo nuevo: rabia.Bianca está sentada frente a mí. Ya no sonríe.—No debiste hacerlo. –recrimina.—No debiste mentirme Carla. –respondo. Sus ojos se endurecen. Por primera vez no intenta disimularlo.—Te di un lugar, cuando nadie creyó en ti. –contesta– Te salvé.–Y pague caro esa ayuda, ¿recuerdas? Te adueñaste de los derechos de esos dos libros. –digo medio somñoliento todavía– y ahora, me secuestraste, y escondiste.Silencio.Rai entra detrás de ella. Camina con menos calma que antes. Algo se le ha resquebrajado.—Esto se está saliendo de control. –le recrimina. —No puedo borrarle la voluntad. –replica ella– Solo la memoria.—Entonces hazlo mejor esta vez. Ella se gira, furiosa.—No soy una máquina.Yo observo. Callado. Aprendiendo.—Acabo de enterarme qu
🏵️~~Damian~~🏵️ Es de noche cuando de repente tomo un lápiz y hoja, y comienzo a escribir. Mis manos saben hacerlo. Palabras que no reconozco, pero que salen con urgencia. Hablan de fuego. De una mujer que llora. De una promesa rota. Palabras que no coinciden ni describen a mi supuesta esposa. —Esto no es real...–dice Bianca apareciendo de la nada, quitándome la hoja. Al leerla, la rompe nerviosa y enojada. —¿Real, para quién? –pregunto. No responde. Y esta noche, por primera vez, entiendo algo con claridad: No me esta cuidando. Me esta vigilando, constantemente. Y me está escondiendo algo. Entonces, el recuerdo llega sin aviso. No es una imagen clara. Es un sonido. Vidrio rompiéndose. El cuerpo se me tensa de golpe, como si estuviera otra vez ahí. Veo fuego: lo siento. El calor. El olor. El humo entrando a los pulmones. Escucho mi nombre. No Damian. Otro. Uno que me atraviesa el pecho. —Antonio… –murmuro sin darme cuenta. La mujer se congela
~Abril~ El embarazo no alivió el dolor. Lo transformó. Ahora el duelo tenía peso, tenía pulso, tenía noches en las que me despertaba con la mano sobre el vientre, intentando entender cómo algo podía crecer dentro de mí mientras todo lo demás seguía roto. Adela se quedó a dormir conmigo desde que salimos de la clínica. Dice que es por precaución, pero sé que también es miedo. Miedo a dejarme sola con mis pensamientos. —Tienes que comer. –me repite–Ya no estás sola. No responde cuando le digo que nunca lo estuve. Que siempre he estado acompañada por su ausencia. A veces hablo con él en voz baja. No como si estuviera muerto, sino como si estuviera lejos. Le cuento del cansancio, del mareo, del miedo de no saber si seré capaz. Le digo que lo extraño. Que sus hijos laten donde antes solo había vacío. Adela me observa en silencio. Cada día más. Como si estuviera buscando algo que no termina de encajar. —Abril, hay algo que tengo que contarte. –me dice una mañana— Ezrah estuvo h
~Abril~ Todo sigue igual. Eso es lo primero que pienso cada mañana al despertar. Abro los ojos esperando, por una fracción de segundo, que todo haya sido un mal sueño. Que él esté a mi lado. Que su respiración vuelva a marcar el ritmo del día. Pero no. La casa sigue en silencio. El vacío sigue intacto. Lo veo en mis sueños. Siempre. Tan real que duele. Lo toco, lo siento cerca, y cuando intento alcanzarlo del todo, cuando intento besarlo, se aleja. Se desvanece como humo entre mis dedos. Entonces despierto. Y el golpe de la realidad me atraviesa el pecho con más fuerza que el día anterior. El corazón vuelve a doler. Igual. O peor. Me levanto pensando en él. Camino hasta la ventana pensando en él. Miro el cielo buscando algo que no sé nombrar. Respiro, y hasta respirar duele, porque cada inhalación me recuerda que sigo aquí sin él. Las lágrimas llegan sin aviso. No es lluvia lo que moja mis mejillas. Soy yo. Siempre soy yo. Desde que se fue, desde que su vida se extinguió, n
~Él~ Despierto con una sensación extraña, como si algo esencial hubiera sido arrancado de mí mientras dormía. No es dolor, no exactamente. Es vacío. Un hueco profundo, imposible de nombrar. Abro los ojos con lentitud. El techo no me resulta familiar. Es todo desconocido a primera vista, ninguna lámpara reconocible. Parpadeo varias veces, esperando que algún recuerdo acuda en mi auxilio. No ocurre nada. Nada. Intento moverme. El cuerpo responde tarde, pesado. Un pitido constante me perforaba los oídos. Es entonces cuando comprendo que estoy en una habitación de hospital. ¿Qué me pasó? Y lo más importante, ¿Quién soy? La pregunta aparece clara, pero no hay respuesta. Giro la cabeza. Y cerca de la cama, una mujer camina de un lado a otro. No llora. No parece alterada. Más bien… impaciente. Se detiene en seco cuando nota que estoy despierto y observandola. Sus ojos brillan. —Por fin. –habla más para ella. Se acerca demasiado rápido, demasiado cerca. Su rostro no me res
Último capítulo