Mundo ficciónIniciar sesiónSinopsis ❣️ Quién iba a decir que mi mayor temor se cumplió. ¡Tengo su corazón en mis manos, tiene mi corazón en sus manos! Quién iba a decir que él sería el poema de mi vida, el verso libre que llegó en el momento preciso y se fue cuando no tenía que hacerlo. El que llenó de sonrisas mis días, ya que mi única felicidad era un libro, un cuaderno, y una plataforma de escritores donde me dejaba llevar por mi imaginación... ~~~ 🌸 🌸 ~~~ 🌸 🌸 ~~~ 🌸 🌸 ~~~ Cuando la termine la editare.
Leer másEl día en que nacieron Aziel y Zia fue el más maravilloso y doloroso de mi vida. Doloroso no solo por el parto, sino porque recordé todo lo que habíamos atravesado para llegar hasta este preciso momento. El miedo, la pérdida, la mentira, el secuestro, la espera... Y ahora estando en el quirófano, bajo una luz blanca brillante, que solo alumbra. Me siento triste y feliz. Antonio esta a mi lado. No como un recuerdo. No como un fantasma. Esta aquí, sosteniendo mi mano con una fuerza que me ancla a la vida cada vez que siento que ya no puedo más. —Mírame, amor... –me dice con la voz quebrada, al ver que me duele– Ya casi están aquí. Tú puedes. Y yo aprieto su mano, cierro los ojos, y pujó cada vez que las contracciones aparecen. No solo para traer a nuestros hijos al mundo, sino para expulsar todo lo que alguna vez intentó destruirnos. Adela quedo en la sala de espera, junto a Ivi, Ezrah y Nate qué vino de visita. Otra contracción me hace apretar los dientes y llor
🌸Abril🌸 Los últimos rayos de sol de la tarde entran por la ventana, iluminando la habitación de nuestra casa. Es un sol que no quema, sino que acaricia. Me siento en la cama, respirando profundo, con mi mano sobre el vientre. Los movimientos de los bebés han sido más seguidos, sobretodo cuando escuchan la voz de su padre. Antonio... Quien por cierto está frente a mí, tocando mi vientre con suavidad. Sus ojos ya no son los de un hombre perdido; reflejan calma, amor, felicidad y la determinación de cuidar lo que le ha sido dado de nuevo. —Están moviéndose de nuevo. –digo, con una sonrisa temblorosa. —Sí, los siento. Pero no has dormido nada mi amor. Solo unos diez minutos como mucho.–responde él, tocando y mirando mi vientre con ilusión, y amor– Es increíble… estamos realmente aquí, otra vez. Y ellos son el fruto de nuestro amor. A veces, me parece un sueño. No puedo evitar que las lágrimas escapen, pero esta vez no son de dolor, sino de alivio y gratitud. Cada recuerdo oscu
🏵️Antonio🏵️ Rio observa desde la esquina. Su rostro es una máscara de ira contenida y miedo. Bianca, o mejor dicho, Carla, está detrás de él, temblando, derrotada por completo. No hay más plan, no hay más control. Solo caos. —No puedes escapar de nosotros, traidor...–gruñe la última palabra Rio, pero su voz tiembla. —¿Escapar?... Estoy volviendo a donde pertenezco. –respondo con voz firme. El caos detrás de mí se intensifica: Río intenta recuperar el control, gritando órdenes que nadie más escucha. Carla por su parte se desploma en el suelo, temblando de rabia y frustración al ver que ya no tiene el poder. Ya no hay manipulación posible, ya no hay miedo que la sostenga. A nuestro alrededor, la policía ha intervenido discretamente. Apuntando con sus armas a Rio y a la mujer que pagó para que me secuestraran. Están bajo control, sin que ninguno pueda moverse. La evidencia física que encontraron, y papeles falsos, han sido suficiente para obligarlos a quedarse quietos. Carl
🏵️~~Damian~~🏵️ Despierto atado. No con cuerdas. Con límites invisibles. Con una sensación espesa en el cuerpo que me dice que he sido contenido, con cuidado. La cabeza me late. La memoria sigue fragmentada, pero ahora hay algo nuevo: rabia. Bianca está sentada frente a mí. Ya no sonríe. —No debiste hacerlo. –recrimina. —No debiste mentirme Carla. –respondo. Sus ojos se endurecen. Por primera vez no intenta disimularlo. —Te di un lugar, cuando nadie creyó en ti. –contesta– Te salvé. –Y pague caro esa ayuda, ¿recuerdas? Te adueñaste de los derechos de esos dos libros. –digo medio somñoliento todavía– y ahora, me secuestraste, y escondiste. Silencio. Rai entra detrás de ella. Camina con menos calma que antes. Algo se le ha resquebrajado. —Esto se está saliendo de control. –le recrimina. —No puedo borrarle la voluntad. –replica ella– Solo la memoria. —Entonces hazlo mejor esta vez. Ella se gira, furiosa. —No soy una máquina. Yo observo. Callado. Aprendie
🏵️~~Damian~~🏵️ Es de noche cuando de repente tomo un lápiz y hoja, y comienzo a escribir. Mis manos saben hacerlo. Palabras que no reconozco, pero que salen con urgencia. Hablan de fuego. De una mujer que llora. De una promesa rota. Palabras que no coinciden ni describen a mi supuesta esposa. —Esto no es real...–dice Bianca apareciendo de la nada, quitándome la hoja. Al leerla, la rompe nerviosa y enojada. —¿Real, para quién? –pregunto. No responde. Y esta noche, por primera vez, entiendo algo con claridad: No me esta cuidando. Me esta vigilando, constantemente. Y me está escondiendo algo. Entonces, el recuerdo llega sin aviso. No es una imagen clara. Es un sonido. Vidrio rompiéndose. El cuerpo se me tensa de golpe, como si estuviera otra vez ahí. Veo fuego: lo siento. El calor. El olor. El humo entrando a los pulmones. Escucho mi nombre. No Damian. Otro. Uno que me atraviesa el pecho. —Antonio… –murmuro sin darme cuenta. La mujer se congela
~Abril~ El embarazo no alivió el dolor. Lo transformó. Ahora el duelo tenía peso, tenía pulso, tenía noches en las que me despertaba con la mano sobre el vientre, intentando entender cómo algo podía crecer dentro de mí mientras todo lo demás seguía roto. Adela se quedó a dormir conmigo desde que salimos de la clínica. Dice que es por precaución, pero sé que también es miedo. Miedo a dejarme sola con mis pensamientos. —Tienes que comer. –me repite–Ya no estás sola. No responde cuando le digo que nunca lo estuve. Que siempre he estado acompañada por su ausencia. A veces hablo con él en voz baja. No como si estuviera muerto, sino como si estuviera lejos. Le cuento del cansancio, del mareo, del miedo de no saber si seré capaz. Le digo que lo extraño. Que sus hijos laten donde antes solo había vacío. Adela me observa en silencio. Cada día más. Como si estuviera buscando algo que no termina de encajar. —Abril, hay algo que tengo que contarte. –me dice una mañana— Ezrah estuvo h





Último capítulo