Capítulo 38: No me devuelvas esperanzas, si no es real.
~Abril~
El embarazo no alivió el dolor. Lo transformó.
Ahora el duelo tenía peso, tenía pulso, tenía noches en las que me despertaba con la mano sobre el vientre, intentando entender cómo algo podía crecer dentro de mí mientras todo lo demás seguía roto. Adela se quedó a dormir conmigo desde que salimos de la clínica. Dice que es por precaución, pero sé que también es miedo. Miedo a dejarme sola con mis pensamientos.
—Tienes que comer. –me repite–Ya no estás sola.
No responde cuando le digo que nunca lo estuve. Que siempre he estado acompañada por su ausencia.
A veces hablo con él en voz baja. No como si estuviera muerto, sino como si estuviera lejos. Le cuento del cansancio, del mareo, del miedo de no saber si seré capaz. Le digo que lo extraño. Que sus hijos laten donde antes solo había vacío.
Adela me observa en silencio. Cada día más. Como si estuviera buscando algo que no termina de encajar.
—Abril, hay algo que tengo que contarte. –me dice una mañana— Ezrah estuvo h