Capítulo 38: No me devuelvas esperanzas, si no es real.
~Abril~
El embarazo no alivió el dolor. Lo transformó.
Ahora el duelo tenía peso, tenía pulso, tenía noches en las que me despertaba con la mano sobre el vientre, intentando entender cómo algo podía crecer dentro de mí mientras todo lo demás seguía roto. Adela se quedó a dormir conmigo desde que salimos de la clínica. Dice que es por precaución, pero sé que también es miedo. Miedo a dejarme sola con mis pensamientos.
—Tienes que comer. –me repite–Ya no estás sola.
No responde cuando le d