Serena sonrió, e hizo un baile de cejas.
—Se nota que lo amas mucho, además de que lo conoces muy bien.
Tuve que darle un sorbo largo a mi jugo para no reír histéricamente como loca.
¿Amarlo? ¿Conocerlo? Que estupidez.
¿Cómo podría amar al hombre que más daño me había hecho?
¿Cómo podría conocer al hombre que tenía tantos límites? Ni siquiera podía acercarme.
Una cosa era aprender a leer sus gestos, otra conocerlo de verdad. Ni siquiera conocía nada de su vida, su pasado, sus miedos, lo que