Vincent.
Octubre.
En la mansión apenas nos cruzábamos. Una coreografía perfecta para no tocarnos. Funcionaba demasiado bien.
Lo curioso era afuera, éramos el maldito ejemplo de matrimonio perfecto.
…
En una de tantas salidas pasamos por una tienda de mascotas, ella se detuvo y se quedó mirando con curiosidad.
—¿Te gustan los animales? —inquirí.
Levantó la mirada arqueando una ceja, un brillo juguetón apareció en sus ojos.
—Depende.
Fruncí el ceño.
—¿Depende de qué?
Ella sonrió.
—Del tip