Mundo ficciónIniciar sesiónExisten tres versiones diferentes sobre mí en la vida. La periodista en ascenso casada con un atractivo magnate; la bruja que separó a una guapa e inocente bailarina de su primer amor y lo obligó a casarse con ella... Y la mía. Soy la buena, la mala y real, pero para saber quién soy en realidad... Debes leer mi historia y por qué ahora soy la divorciada y embarazada del magnate.
Leer más[EVA]
Las manos me sudan. El corazón me late a mil por hora y tiemblo en mi sitio, completamente nerviosa. La verdad no sé ni cómo explicarlo. A mi lado, Ian, mi asistente, me coloca una mano en el hombro en señal de apoyo, algo que agradezco mucho.
Deslizó las manos por mi cintura, secándolas en mi elegante vestido de color crema con toques dorados. A este punto siento que mi corazón va a explotar. Retoco una vez más el moño de mi cabello y aprieto los puños de nuevo, en espera de la resolución.
—¡El premio al mejor reportero del año es paraaaa… Evangeline García Woods!
¡¿Qué?!
—Ve rápido —Ian me da un leve empujoncito y me señala el escenario, en donde el maestro de ceremonia espera con el premio en manos.
¿Gané? ¡Gané!
Cubro mi boca con ambas manos, miro a Ian y este me alienta con una sonrisa cálida. A pasos temblorosos apenas logro subir a la enorme tarima. Estoy muy emocionada, tanto que me da un poco de temor dejar caer la tablilla de cristal con mi nombre grabado.
—Gracias —apenas logro decir.
—Buen trabajo —felicita el maestro de ceremonia. Me da un ligero apretón de manos y baja del escenario, dejándome sola en el atrio para que diga mi discurso de agradecimiento.
Para ser honesta aquel momento es breve. Agradezco a la revista y a mis jefes en general.
La ceremonia llega a su fin y tras un cruce de saludos con los demás asistentes del evento, me dirijo al auto, dónde me espera Ian para llevarme a la revista. Es ahí, en el asiento trasero del vehículo, donde el silencio se hace protagonista, que decido aprovechar para llamar a Jared, mi esposo.
Uno, dos y hasta tres tonos… no responde. No me rindo y dejo que suene un par de veces más, hasta que la voz fría y seca de él me llega a través del auricular.
—¿Sucede algo?
—Gané el premio y pensé que podíamos cenar para celebrar.
—No puedo, estoy ocupado —Dice frío, cortando la llamada.
Ian me mira por el espejo retrovisor, a lo que solo me encojo de hombros y ahogo un pequeño suspiro. Tampoco es como si tuviera alguna esperanza de una respuesta diferente.
Mi teléfono suena y parte de mí se ilusiona pensando que puede ser él, pero no, es Mason, mi jefe.
—¿Sí?
—Ve al aeropuerto de inmediato. Tienes una entrevista importante que hacer. En un momento le comparto a Ian el expediente —corta la llamada.
sonaba agitado. Supongo que en verdad es importante.
Una hora más tarde llegamos al aeropuerto. Tomo mi libreta y mi micrófono del capó del auto y me apresuro a entrar en el aeropuerto. Ya hay más colegas en la división de desembarque, por lo que supongo que es una personalidad muy influyente. Pese a eso, según mi jefe la invitación al área VIP ha sido para un exclusivo grupo de reporteros, por lo cual me relajo un poco.
Por un segundo, mientras camino hacia el área VIP, lugar donde se hará la rueda de prensa, me parece ver una figura masculina muy familiar. Un tipo alto y de buen porte, caminando hacia la salida, al lado de una mujer. Por un momento la imagen de Jared llega a mi mente, algo que hace que sienta una punzada fuerte en mi pecho. Mi cabeza está a nada de crear historias. Pero no… no es posible que sea él. Dijo estar ocupado. Así como yo, debería estar más concentrada en mi trabajo.
—Por aquí, señorita Woods —informa uno de los asistentes, señalando con ambas manos mi asiento, el cual está ubicado en la primera fila.
El área VIP es enorme.
—A ver… —Ian saca su tableta, dónde Mason le ha compartido el expediente de la persona que voy a entrevistar—. ¿Quién es la persona afortunada afortunada de que la entreviste la reportera del año?
Sonrío con orgullo a mi asistente.
Me entrega el expediente y en ese momento mi sonrisa se borra de inmediato. Siento una punzada en el pecho y podría jurar que mi cara es todo un poema. Una gota de sudor frío recorre mi espalda y mis manos tiemblan un poco al ver el nombre y la foto de la persona a la que debo entrevistar.
«Paulina Lemus» dice en letras grandes, y a un lado, igual de imponente que su nombre, una foto de la mujer de cabello negro, largo y tez trigueña…
Paulina Lemus, la mujer de la que Jared estuvo perdidamente enamorado hace unos años… había vuelto.
Quiero creer que no era él la persona que ví hace rato. Quiero pensar que solo fue una idea mía porque, no lo sé, lo extraño o porque no lo he visto en un tiempo. Sin embargo, pensar en la posibilidad lastima un poco. O mucho.
Regreso mi mirada al increíble expediente de la chica.
Su hoja de vida es impecable. Es una bailarina bastante famosa a nivel mundial, ha sido reconocida como la mejor actriz del año en tres ocasiones, ha sido incluso embajadora de arte en su país natal y es una persona influyente en varios medios. Ha viajado por todo el mundo y en cada lugar ha sido reconocida como una estrella en ascenso imparable y talentosa.
Comparado con esto, el premio a mejor reportera del año es casi un chiste.
Por un momento mi corazón dio un vuelco de ciento ochenta grados al recordar la figura masculina que ví hace rato. ¿Y si era Jared? No, no podía ser él. Fue claro, estaba muy ocupado. Lo mejor es que deje de pensar en tonterías y concentrarme en mi trabajo.
Ni siquiera tengo tiempo de meditarlo mucho. En ese momento la puerta principal se abre y por ella cruza una imponente y elegante Paulina. Lleva un vestido largo de color rojo brillante, unos tacones negros que la hacen ver mucho más alta de lo que es y su ondulado cabello negro cae en cascadas por sus hombros. Al verme, ladea una sonrisa engañosa, casi amable y delicada. y se acerca a mí, cruzándose de brazos.
—Vaya, Eva Woods. Supongo que hasta personas como tú tienen la dicha de entrevistarme. Digo, ¿O es que como ya es costumbre tuya estás ocupando el sitio de otra persona? —espeta, mirando de reojo a todos los reporteros que nos rodean. Abro los labios para contestar. La verdad la situación es incómoda y molesta. De todas las personas que pudieron pasar por mi mente, jamás pensé que estaría frente a Paulina en este momento. Intento mostrar una sonrisa neutra, ser profesional y no estrellarle el micrófono en la cabeza. No obstante, la chica amplía su sonrisa y me mira con desdén—. Supe que tú y Jared llevan dos años de “Feliz Matrimonio” —el tono en su voz no me pasa desapercibido. Alineo una sonrisa e inclino mi micrófono solo un poco para continuar con la entrevista. Aunque ni siquiera soy capaz de formular la primera pregunta, cuando Paulina habla de nuevo con tono incisivo—. Aunque ahora que lo pienso, tan feliz no es ¿O como explicas que venía justo en mi mismo vuelo? ¿Piensas que fue una coincidencia? —Todo a mi alrededor parece quedarse en silencio. Puedo escuchar los latidos fuertes de mi corazón y la irremediable sensación de picazón en los ojos. Intento gesticular palabras, pero mi boca solo se abre cual pez fuera del agua. Mi sonrisa no llega a mis ojos y siento el cuerpo paralizado.
Era él.
[NARRADOR OMNISCIENTE]El primer llanto no fue suave.Fue fuerte.Lleno de vida.Y en el instante en que ese sonido llenó la sala, todo lo demás dejó de importar.Eva apenas tuvo tiempo de reaccionar. Sintió cómo su cuerpo se rendía al cansancio, pero su mente seguía despierta, aferrándose a ese momento como si temiera que fuera un sueño. Sus manos temblaban ligeramente, no por debilidad, sino por la emoción que no sabía cómo contener.—Es un niño…La voz de la doctora llegó como un eco lejano, pero suficiente para hacer que algo dentro de ella terminara de acomodarse.Un niño.Su hijo.Al final la intuición de Eva había fallado. Había sido un hermoso niño. Pero para Eva ya era todo su mundo y lo único que podía agradecer era que estuviera sano. El género era lo de menos. El llanto continuó, fuerte, insistente, como si reclamara su lugar en el mundo desde el primer segundo, y Eva no pudo evitar soltar una risa entrecortada, mezclada con lágrimas que no pidió.—Está bien… —murmuró, más
[FINAL][NARRADOR OMNISCIENTE]El tiempo no borró lo que pasó.Pero sí le quitó el peso que antes parecía imposible de cargar.No fue de un día para otro. No hubo un momento exacto en el que todo encajara y de repente dejara de doler. Fue más bien un proceso silencioso, de esos que no se notan al inicio, pero que con los días, con las semanas, con los pequeños cambios, terminan transformándolo todo.Eva lo entendió poco a poco.Aprendió a dejar de mirar atrás con culpa, a dejar de cuestionarse por lo que sintió, por lo que permitió, por lo que decidió en su momento. Porque al final, cada paso, incluso los que más le dolieron, la habían llevado hasta donde estaba ahora.Y por primera vez en mucho tiempo… no sentía miedo.La casa estaba en calma aquella mañana. La luz entraba por las ventanas sin prisa, iluminando cada rincón con una suavidad que contrastaba con todo lo que alguna vez fue su vida. No había tensión en el ambiente, no había silencios incómodos ni palabras contenidas.Solo
[NARRADOR OMNISCIENTE]A veces no era el ruido lo que agotaba.Era todo lo que quedaba cuando ya no había nada que lo tapara.Eva llevaba demasiado tiempo intentando ordenar lo que sentía, como si pudiera acomodarlo todo en partes separadas, como si el dolor pudiera ir por un lado y los recuerdos por otro, como si lo que había pasado no tuviera peso en lo que seguía sintiendo.Pero no funcionaba así.Nunca había funcionado así.Estaba sentada al borde de la cama, con las manos entrelazadas y la mirada fija en el suelo, sintiendo cómo cada pensamiento volvía al mismo punto, una y otra vez, sin darle una respuesta clara, sin dejarla avanzar.Jared.Erick.Su hijo.Ella misma.Todo se mezclaba.Todo importaba.Y por primera vez… no podía seguir postergándolo.El sonido suave de unos pasos la hizo levantar la mirada.Erick estaba en la puerta.No dijo nada al principio, como si quisiera asegurarse de que no estaba interrumpiendo algo importante, aunque ambos sabían que ese momento… llevab
[NARRADOR OMNISCIENTE]La mañana llegó sin pedir permiso.La luz entró por la ventana de forma tenue, apenas filtrándose entre las cortinas, como si incluso el día dudara en imponerse del todo. Eva no había dormido bien. No era algo nuevo, pero esa vez se sentía distinto, como si su cuerpo hubiera descansado, pero su mente no hubiera dejado de moverse en ningún momento.Se incorporó lentamente en la cama, llevando una mano a su vientre casi por reflejo, como si necesitara comprobar que todo seguía en su lugar.Seguía.Eso bastaba.Por ahora.El sonido de la televisión encendiéndose en la sala fue lo que terminó de sacarla de ese estado a medias. No le prestó mucha atención al principio, pensando que sería cualquier cosa, ruido de fondo, algo sin importancia.Hasta que escuchó un nombre.El suyo.Y el de él.Se levantó sin pensarlo demasiado y caminó hacia la sala, todavía con esa sensación rara en el pecho, como si algo estuviera por caer.Erick estaba de pie frente al televisor, con
Último capítulo