El aire abandonó mi cuerpo, mi corazón latía tan fuerte, que iba a romper mis costillas. Miré a Vincet, se relamió el labio inferior. Sentí que estaba más roja que el vino.
—Las manos…
—¿Por qué? —inquirió ella con curiosidad.
—Por las venas que se marcan cuando… —mi voz casi me traiciona, pero la sostuve— cuando toca el piano y me toca a mí.
El esposo de Serena soltó una risa baja.
Serena abrió los ojos con evidente interés. Vincent me miró fijamente, sus dedos se cerraron lentamente sobre el