Mundo ficciónIniciar sesiónChelsea Hale creyó que su amor por Brandon Kingsley duraría para siempre, pero la traición de él la deja sola y devastada. Entre lágrimas y reproches, descubre que el corazón no siempre puede controlar a quién ama. Sin embargo, Brandon no tiene idea de lo que ha dejado ir… Esta es una historia de pasión, dolor y desilusión y muchos secretos, donde cada sentimiento late con intensidad y cada despedida deja cicatrices que tardan en sanar.
Leer másCAPÍTULO 1.
Chelsea Hale
—¡¿Cómo que te vas con ella?!—chillé desesperada al ver a Brandon agarrar sus pertenencias y meterlas en una maleta mal hecha.
—Ya te dije Chelsea, lo nuestro se acabó. Ya lo habíamos hablado antes. —me respondió con mucha rudeza.
Mis ojos se empañaron de lágrimas, no lograba contenerlas.
—¡No puedes dejarme así! —Le dije mientras sujetaba su camisa con fuerza y lo jalaba hacia mí, él se giró rápidamente, logrando con eso que yo me cayera al suelo, no tenía fuerza en las piernas, le había dado lo mejor de mí a este hombre, me había jurado amor, le había creído y ahora, me dejaba tirada. —Brandon por favor, vamos a platicarlo. —suplicaba en el piso mientras mi rostro se afeaba por el llanto.
—Ella es, con diferencia, mejor que tú —dijo, con sorna—. Más indicada para casarse que una niña pobre que conocí en una cafetería. Fue fácil hacerte mía.
Yo continuaba llorando a cántaros, yo no era una chica “fácil”, le había entregado mi corazón y mi cuerpo como respuesta al amor que sentía por él. ¿Dónde estaba el pecado ahí?
—Es más hermosa, más inteligente, más educada. —Su voz era una daga, clavada en mi pecho—. Tiene modales, educación, disciplina… todo lo que tú no tienes.
¿Cómo no iba a ser mejor que yo? Era una chica de familia adinerada, iba a una de las mejores escuelas privadas del país, hablaba perfectamente francés e incluso chino mandarín, tenía figura atlética, era excelente cocinera y además… el manejo de sus emociones era increíble por su práctica de Taichi y yoga.
Me sentía destrozada, de mis ojos… solo salían lágrimas sin control, quería ser fuerte, pero apenas estaba asimilando lo que pasaba.
—Mis padres tenían razón… tú solo me quieres por mi dinero y mi estatus social, no vale la pena estar con una chica como tú…—exclamó mientras sujetaba su chaqueta de cuero y su guitarra.
¿Sus padres? Ahora entendía todo… su familia le había puesto ideas falsas contra mí, era obvio que eso pasaría, pero también pensé que íbamos a poder lidiar con las ideas retrógradas de su familia para al final, estar juntos. Temas de estatus, me perseguían siempre.
Ahora, miraba a Brandon a los ojos, se notaba muy frío conmigo, como si ya no tuviera ningún sentimiento hacia mí, estoy segura que su familia está detrás de su comportamiento desinteresado y cortante.
—Ya… deja de llorar, me harás sentir mal, lamento que tu “plan” de engatusarme no funcionara.
¿”Engatusarlo”? Eso nunca fue así, pero a estar alturas creo que, nada de lo que diga valdría la pena, se veía muy resuelto a irse, se notaba en sus ojos llenos de determinación.
Me limpié las lágrimas con desesperación y aunque mi corazón estaba roto…
—Te prometo que es la última vez que me verás llorar…—fue un murmullo contundente, lo amaba, pero tampoco quería que sintiera lástima por mí, eso dolía más. Tragué duro, y respiré profundo mientras intentaba recobrar el aliento. —Te deseo una buena vida, Brandon Kingsley. Qué seas feliz con tu esposa y con la vida que escogiste. Espero que no te arrepientas…—le dije finalmente en un leve sollozo.
—Jamás voy a arrepentirme de esta decisión, Isabella es la mujer correcta para mí.
Sentí esa afirmación como un flechazo al corazón, me mordí la carne por dentro de la boca y apreté la tela de mis pantalones con fuerza, intentando contener mi impotencia.
Escuché la puerta aporrearse delante de mis ojos y después, su auto arrancar a toda velocidad, las llantas del vehículo incluso habían chirriado contra el pavimento por la fricción del arranque.
Soledad. Me había quedado totalmente sola en ese pequeñísimo departamento a penumbras. Un llanto desgarrador, se desplegó.
Había conocido a Brandon dos años atrás, yo trabajaba en una cafetería como auxiliar de cocina y en otras ocasiones, también ayudaba como mesera. Desde la pequeña ventana veía a un grupo de chicos entrar, iban muy frecuente a comer ahí… y entonces, Brandon apareció, la verdad es que me cayó mal desde la primera vez que lo visualicé, su rostro perfecto y el color brillante de su cabello me irritó, además… hablaba de una forma muy peculiar, la verdad… me desagradó mucho, mi primera impresión de él fue: es un chico muy presumido.
—Chelsea, dos órdenes de Pancakes y una de huevos estrellados con la yema tierna y salsa holandesa.
—Enseguida. —respondí con apuro.
Frecuentemente iba ese grupo de chicos a desayunar ahí, pedían exactamente lo mismo, incluso, memoricé su orden.
—Señorita. —me llamaron cuando se sentaron.
Entonces, con cierto desgano y cansancio me acerqué a la mesa. Me sentía agotada, el día anterior había sido muy pesado, las clases en la universidad eran muy absorbentes.
Sin ponerles mucha atención, apunté la orden memorizada.
—Enseguida. —dije sin dejarlos de terminar hablar, me di la media vuelta y le pedí a mis compañeros que prepararan la comida, después… me fui a atender a otras personas, luego… cuando la bandeja estaba lista, volví y asenté los platos correspondientes con sus dueños.
—Señorita.—llamó Brandon mientras le servía su café descafeinado que siempre pedía con su malteada de chocolate.
—¿Sí?—Levanté un poco la mirada para observarle.
—Hace un momento, ni siquiera termínanos de explicar nuestra orden. ¿Cómo supo lo que íbamos a pedir? —Se notaba muy curioso de mi respuesta.
—Es que veo el futuro.—Dije con un sarcasmo disimulado y me di la media vuelta para atender a otros comensales.
Los escuché hacer comentarios de la comida, con respecto al sazón y después… los vi acercarse a hablar con mi jefa.
“Espero que no me estén reportando”. Fue lo único que pensé.
No quiero que me despidan, la paga es medianamente buena y gano buenas propinas, el horario se ajusta a mi escuela y a veces, me dejan llevar las sobras de la cocina.
—Chelsea. —Me llamó mi jefa.
—Sí. —contesté.
—Se han quejado del sazón de la comida, mañana regresas a la cocina.
—Enterada. —fue lo único que contesté, me sentía aliviada de no perder mi empleo.
Una tarde, salí de mis labores, caminaba lentamente mientras pensaba en las actividades que tenía que hacer al llegar a casa, resoplé y miré el atardecer, el sol comenzaría a ponerse, no apresuré el paso, la caminata era mi momento de paz.
Un auto se acercó a mí, yo me pegué más a la acera para evitar que me atropelle.
—Hola, ¿quieres que te lleve? —enfoqué la mirada y me quité los audífonos.
—¿Disculpa? ¿En qué puedo ayudarte? —No le había escuchado por los auriculares que llevaba.
Se trataba de Brandon, el chico que iba todos los días a comer pancakes de maple con malteada de chocolate con plátano a mi trabajo.
Lo vi enrojecer un poco, como si titubeara de su decisión, pero luego… me convencí de que se trataba del reflejo del sol sobre sus mejillas.
—Me preguntaba si quisieras que te lleve…
—No, en realidad no. Gracias. —respondí, él insistió… yo me opuse, creo que no estaba acostumbrado al rechazo. ¿Qué tal si era algún tipo de apuesta o reto? Un chico como él no se fijaría en alguien como yo, insistió mucho.
A partir de ahí, todos los días al salir del trabajo, estaba estacionado en la puerta y se me acercaba, era algo raro e incómodo.
—Esto es acoso…—le dije. —Sigo sin comprender porqué te gusto, puedes tener a cualquier chica— insistí.
—¡Eres mi tipo!—y enrojeció. —No puedo dejar de verte. Eres magnética, me encanta el color de tus pupilas, las pecas de tu rostro, en especial esa que tienes en la punta de la nariz, tu cabello pelirrojo y ondulado, la coleta mal hecha que llevas siempre y la cara de aburrimiento y cansancio, me gusta que nunca llevas maquillaje y que no importa lo hermosa que eres, jamás usas tu preciosura para atraer la atención.Yo ni quería ir a esa fea cafetería, Robin me obligó, pero desde que te vi, quiero estar ahí todo el tiempo, hasta consideré pedir trabajo en ese lugar…
¿Debía creerle?
Chelsea Hale.Se trataba de un hombre guapo, quizá algunos años mayor que yo. Lo sospechaba por las leves marcas de expresión que se dibujaban alrededor de su sonrisa, señales discretas de alguien que ha vivido lo suficiente como para no fingir seguridad. Vestía un traje impecable, hecho para él, como si hubiera sido confeccionado con exactitud para resaltar cada línea de su cuerpo. Sin duda, era un invitado de la fiesta.Volviendo a su apariencia…Su cabello oscuro y rebelde parecía una extensión natural de su personalidad, una que se intuía indomable. Tal vez por eso había decidido ayudarme en una situación en la que todos los demás optaron por ignorarme. Sus ojos, de un verde esmeralda brillante, tenían una intensidad difícil de sostener, como si guardaran historias que no se contaban con facilidad.Su piel, ligeramente bronceada por el sol, delataba a alguien acostumbrado a viajar, quizá por el Caribe, quizá por lugares donde el tiempo se mide de otra forma. En sus labios carnosos
Los días comenzaron a pasar desde mi perspectiva, de forma lenta y dolorosa, mis ojeras eran cada vez más prominentes, pero había mucho por hacer…Abría los ojos y estaba en un lugar: la cafetería, los cerraba y ya estaba en otro: el hospital, de un momento a otro, perdía noción del tiempo, quizás era lo mejor.—Chelsea, cada vez te ves más delgada y agotada. —me repetían compañeros y maestros, en los pasillos. Escuchaba murmullos, hablaban de mí… la noticia de que mi ex novio iba a casarse en poco tiempo, circulaba como polvo por el aire a una velocidad impresionante. Eso me dificultaba superarlo rápido.Llegué al trabajo en la cafetería, y ahí, frente a la parrilla, nuevamente me topé con mi jefa. —¿Quieres un dinero extra, Chelsea? —me cuestionó.—No me vendría mal. —expresé, porque… honestamente, estaba terriblemente endeudada, había sacado un crédito para comprar algunas cosas y… ahora, recibía llamadas continuas del banco y de otros cobratarios que amenazaban con embargarme. Er
—¡Me vas a conocer! —chillé para lanzarme hacia ella en modo de batalla, pero sentí una fuerza sujetarme de la cintura, giré la mirada: Era Brandon deteniéndome de lastimar a su dulce princesa, la cual, estaba en un rincón sujetando las sábanas con premura y miedo de ser reprendida por mí, tenía una cara de tremendo susto.—¡No te atrevas a tocar a: Isabella! —confirió Brandon y entonces, me apartó hacia a un lado. Ese gesto… me destrozó, mi cara se llenó de llanto, sentí que la sangre me hervía y al querer desquitarme con esa niña rubia Brandon se puso frente a ella haciendo una barrera con su cuerpo, para que yo no pueda acercarme.—¡Para de una vez Chelsea!—gritó y entonces, me tomó de los hombros y me hizo a un lado, apartándome de cualquier daño que pudiera ocasionar, de prisa, quitó sus manos de sobre de mí, como si le asqueara tocarme.—¡La trajiste hasta mi casa, Brandon! ¡La metiste en nuestra cama! ¿Qué te pasa? —quería explicaciones de lo que estaba sucediendo, las merecía.
Chelsea HaleAsí transitaron algunos días más, y entonces, un día, bajo los efectos de las luces del atardecer, nos dimos nuestro primer beso, me había sujetado del mentón y me había atraído hacia sus labios, fue un gesto inevitable… me había enamorado de él de una forma lenta y profunda, había tocado mi alma y yo había tocado la suya.O eso creí…Con el tiempo, se mudó conmigo… en mi pequeño departamento ordenado y pulcro. Yo siempre estaba en la escuela o en el trabajo. Como sea, él siempre iba a la universidad por mí o me esperaba en el estacionamiento del trabajo. Yo le aguardaba con ansías siempre, porque, después de un arduo día, su sonrisa era la mejor recompensa, sus manos cálidas y sus abrazos acogedores. Comenzaron mis prácticas en el hospital, ahí yo debía poder mejorar mis habilidades como futura médica. Siempre estaba cansada, pero Brandon, era por mucho, mi mejor consuelo.Pertenecía a una familia influyente de Inglaterra.—Nunca me has hablado de tus padres…—Me rezongó
CAPÍTULO 1.Chelsea Hale—¡¿Cómo que te vas con ella?!—chillé desesperada al ver a Brandon agarrar sus pertenencias y meterlas en una maleta mal hecha.—Ya te dije Chelsea, lo nuestro se acabó. Ya lo habíamos hablado antes. —me respondió con mucha rudeza.Mis ojos se empañaron de lágrimas, no lograba contenerlas. —¡No puedes dejarme así! —Le dije mientras sujetaba su camisa con fuerza y lo jalaba hacia mí, él se giró rápidamente, logrando con eso que yo me cayera al suelo, no tenía fuerza en las piernas, le había dado lo mejor de mí a este hombre, me había jurado amor, le había creído y ahora, me dejaba tirada. —Brandon por favor, vamos a platicarlo. —suplicaba en el piso mientras mi rostro se afeaba por el llanto. —Ella es, con diferencia, mejor que tú —dijo, con sorna—. Más indicada para casarse que una niña pobre que conocí en una cafetería. Fue fácil hacerte mía.Yo continuaba llorando a cántaros, yo no era una chica “fácil”, le había entregado mi corazón y mi cuerpo c
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