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Marco

La fascinación por la mujer ajena es un arma de doble filo…

Observo con poco interés el cuerpo que se mueve frente a mí desvistiéndose al ritmo de la música que según a mi hermano y su mejor amigo le parece excitante, entiendo que sean jóvenes y les importe más la diversión que cualquier otra cosa. Pero yo no he venido a follar con nadie y mi polla se quedará dentro de mi pantalón.

—¿Dónde está la chica Giancarlo? — inquiero ya molesto por el espectáculo.

—¿Cómo coño quieres que sepa? La pista termina aquí —ruedo los ojos ante la incompetencia de mi hermanito, resoplo enfadado y me levanto de la silla —¿qué? ¿Qué haces?

—¿Qué te parece que hago Giancarlo? Me estoy levantando porque necesito salir a buscar esa mujer y terminar siempre arreglando tus desastres —ambos se levantan y salimos del fulano burdel.

Antes de entrar a la camioneta llamo a mi primero al mando.

—jefe tengo la chica en custodia —sonrío de lado.

—Pásame la ubicación, voy saliendo para allá — Giancarlo y su amigo se apresuran a alcanzarme —¡vamos, la tiene! según la descripción qué diste, pero necesito que la identifiques —obedece mi orden e ingresa conmigo al vehículo para trasladarnos a la dirección que me envió mi hombre de confianza al número celular.

— Hemos llegado jefe — salimos del auto y evidentemente, tiene una chica cuyas manos se encuentran amarradas con unas bridas.

— Aquí la tienes Giancarlo para que la identifiques — mi hermano camina delante de mi y al mirarla sonríe y niega.

—También la follaría con todo el gusto del mundo, pero no es ella — sonríe canalla y se acerca a la chica manoseando su busto — tu nombre, preciosa — la chica se acerca a sus labios.

—Rafaella —pronuncia sin separar la boca de la suya y no puedo hacer más que sonreír.

—¿Dónde está ella? — arruga las cejas. Mi hermano libera sus manos de las bridas con su cuchillo.

—¿Dónde está quién? —se muerde el labio inferior al vernos a todos —¿De dónde los han sacado? Tal parece que son modelos de revista —siento que mi paciencia expira y aunque no soy un tipo impulsivo me acerco a la chica para interrogarla yo mismo.

Agarro su cuello y la acerco con poca o quizás nada de delicadeza, aprieto despacio disfrutando de la carne entre mis dedos, observo que se siente muy tranquila quizás acostumbrada a este tipo de prácticas, repito el movimiento con más presión dejándole todavía un poco de espacio para que respire, observo su cuerpo esbelto y deliciosamente torneado, me relamo los labios y aprieto de nuevo. Hace el sonido respectivo de cuando la asfixia ya está prácticamente dejándote sin vida.

Entierra las uñas en mi brazo y separo los labios porque el dolor me hace sonreír.

—Voy a repetir la pregunta por si acaso no escuchaste bien ¿Dónde está ella? — suelto un poco el agarre y ella toma una bocanada de aire negando

—¡No lo sé! juro que no lo sé — se siente desesperada por la amenaza, levanta un billete de quinientos euros —¡Ella me dio esto para que los engañara! No me mate señor tómelo, no me mate tengo una hija — la dejo y comienzo a otear el lugar.

—¿Dónde estás pequeña escurridiza? —debe estar cerca mirando cómo nos confunde y regodeándose de ello por supuesto.

Sonrío por el atrevimiento.

— Jefe encontré algo — me enseña una fotografía de Donato y entrecierro los ojos hasta que parecen un par de rendijas.

—Esa maldita rata callejera —niego con la cabeza —¡debí haberlo matado cuando pude! — me quejo.

— ¡No creo que su padre lo fuese a permitir, señor! —lo sé muy bien, mi padre y Donato Ricardi han sido amigos de toda la vida.

— Entonces creo que debemos hacerle una visita a nuestro amigo Ricardi — y a levantar la vista la veo saltando de un techo, como una pantera.

No puedo negar que mi piel se ha erizado al ver la miniatura de chica que nos ha engatusado. Le hago una seña a mi guardaespaldas para que espere a que le dicte órdenes.

Soy un cazador por naturaleza, amo cuando las cosas se me ponen difíciles y debo salir a hacer trabajo de campo yo mismo, en este momento mi interés está puesto en esa chiquilla de dieciocho años cuya descripción es bastante peculiar. Ojos azules y cabello dorado según dicen tiene rostro de ángel y cuerpo de demonio.

Salto la barda, escondiéndome entre los escombros del deshuesadero. La veo, realmente tiene un cuerpo escultural incluso con ese overol horroroso se ve atractiva, pero lamentablemente es la mujer de mi padre, ya se encuentra declarado. Me cuelo por detrás de uno de los autos que están bastante corroídos y mi chaqueta queda prensada de un pedazo de fierro.

Lástima, era una Valentino.

La observo, subirse en una motocicleta y no puedo evitar empalmarme, el sujeto que le entrega la llave le da la espalda y se va hacia la cabina, ella le grita algo mientras yo salgo de mi escondite en una carrera, enciende la máquina y salto sobre ella antes de que apriete siquiera el acelerador.

Queda con mi cuerpo encima, giro con ella para que quede sobre de mí, evitando hacerle daño. Se revuelve entre mis brazos y golpea mi entrepierna, duele, pero es soportable porque no llegó directo.

—¡No auxilio! —su grito queda ahogado con mi mano y entonces me levanto de un salto junto con ella.

Es una cosa pequeñita y preciosa. La dejo con la espalda pegada a mi torso presionando sus costillas por debajo de sus tetas, mi otra mano continúa en su boca.

— Mientras menos luches, más oportunidad tienes de vivir —siento su respiración que cae sobre mis dedos y el corazón le va a mil no puedo evitar pasar mi nariz por su cabello olisqueándola como si fuese un animal en celo —no intentes nada por favor no quiero lastimarte — ya mi equipo debe estar alerta dirigiéndose hacia acá, asiente.

Y lamentablemente me confío.

Golpea mi espinilla con la parte trasera de la bota que lleva puesta, el dolor es increíblemente placentero, pero flaqueo, se gira y me conecta un Uper cut que me tira de espalda. Sacudo la cabeza lamiéndome la sangre. Respira como un animalito. Asustada, cansada porque soy mucho más grande que ella.

¡Me encanta!

—¡Marco! — se encuentra con los ojos de mi hermano —¡maldita sea mujer! quiero enterrarme en ti hasta que me pidas perdón —él camina hacia adelante y ella retrocede sabe que estoy detrás.

Mira desesperada a todos lados, está cubierta, encerrada. Mi polla quiere romper el pantalón, pero debe ser la novedad de que una chica nos esté dando pelea. Giorgio camina más rápido hacia ella.

Entonces hace algo que jamás pensé de una chica. Taclea mi hermano tomándolo por sorpresa y lo levanta lanzándolo hacia adelante, hacia su propia espalda haciendo que caiga con todo su peso y el golpe seco casi lo desmaya, Flavio intenta detenerla y lo golpea justo en las bolas. Cada vez me siento más impresionado por ella. Corre sin llegar muy lejos porque uno de mis hombres la apunta con la pistola directo a la cabeza, levanta el mentón retándolo, engulle el espacio que queda entre ellos y el arma queda en su frente.

Me observa por un momento solicitando autorización. Niego. Otro de los chicos la toma por detrás Y la inmoviliza.

—No podemos lastimarla, es un encargo —veo cuando mi hermano se levanta del suelo.

—¡Oh, Dios! Ahora quiero matar la maldita ya no me la quiero follar —mi hermano esta hecho una fiera. Flavio ni siquiera se ha movido del lugar donde cayó de rodillas.

—¿Todo bien campeón? —le pregunto. Niega, gime con lágrimas en los ojos que deja rodar y sonrío — te entiendo… duele.

— Ahora ya no eres tan fiera eh zorrita —Giancarlo quiere destrozarla, pero es mucho más ágil que él y desplaza su peso hacia atrás levantando una de sus piernas en el momento que mi hermano va supongo que, a golpearla y su bota impacta con la cara de él.

—Yo no soy ninguna zorra ¡maldito! —lo golpea en las costillas una, dos veces hasta que la retengo.

¡Demonios! Cada vez me siento más fascinado por ella…

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