Marco
El deseo por la mujer prohibida sabe dulce y amargo…
Salgo de la habitación en busca de mi tío y mi hermano. Milena aparece en mi campo de visión tan preciosa y deseable como siempre, me detengo por un momento deseando empotrarla detrás de alguna puerta porque necesito sexo en este preciso momento, pero me abstengo de hacerlo porque por ahora la prioridad es mi padre.
—¿Cómo está la chica? — ella me sonríe y se encoge de hombros sutilmente.
—Como una chica: —he aprendido a entender un poc