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Marco

Existen circunstancias que nos quitan el aliento...

Su rostro palidece y no puede verse más bella, la sola mención de que será el juguete de mi padre la ha descolocado por completo, yo no estoy mejor, pese a que mi indiferencia hacia ella debe ser creíble, pensar que mi padre la vaya a tocar me descompone.

No puedo dejar de sonreír al ver su precioso rostro, realmente parece una niña hasta que descubres lo fuerte que puede golpear y la resistencia que tiene en torno a ir por lo que quiere.

—¿Qué? ¿Tengo monos en la cara acaso? —su vocabulario tan corriente hace que mi pantalón se estreche a nivel de mi pelvis — ¡idiota!

Se muerde el labio inferior y mi boca se hace agua pensando en todo lo que se me ocurre hacer con esa deliciosa boquita que tiene, pero debo sacar esos pensamientos de mi cabeza por mi propio bien.

—No creo que tengas monos, pero sí creo que tienes miedo de lo que te puedas encontrar — pone los ojos en blanco y su insolencia hace que mi polla se retuerza dentro de mis pantalones.

—¿Qué quiere de mí? —alzo las cejas perdido mis pensamientos por un momento —tu padre ¿Qué quiere de mí? —la excesiva ansiedad que muestra me hace pensar que no tiene mucha experiencia.

—Casarse —es todo lo que respondo y abre tanto los ojos que dudo pueda volverlos a cerrar.

—¿Qué? —hiperventila —¿Qué edad tiene? —su nerviosismo habiendo visto todo lo que hace me desconcierta por completo.

—Setenta y ocho años —sonrío de nuevo. Camina de un lado a otro apretujándose las manos.

Esta aterrada y eso solo afirma mi sospecha de que no tiene ningún tipo de experiencia por lo menos en la parte sexual. Y malditamente la hace más interesante al menos para mí, mi padre simplemente abusará de ella hasta que se canse. Y entonces, ella lo engañará como en otras ocasiones lo han hecho las demás.

—¡¿Qué coño has dicho?! —su grito me saca de las cavilaciones.

—Lo que has escuchado preciosa y ahora... —señalo la hermosa mujer que viene a buscarla —te dejo con Milena para que te vaya preparando en algunas cosas —intento dejar la sala, pero me lo impide con ojos suplicantes.

—Prometiste no hacerles daño a mis amigos. Lo cumplirás ¿verdad? —doy un paso atrás con una sonrisa torcida.

—Te di mi palabra de no matar al tonto que fue a rescatarte, jamás dije nada de los demás —, pero sé que no mataré a nadie más, mi padre no me lo perdonaría porque Donato es su amigo del alma.

—Promételo entonces —niego para ver qué pasa —Entonces no me casaré con el viejo, no puedes obligarme —me desafía con una ceja levantada construyendo al instante muros alrededor, desconfiada por completo.

—Claro que puedo obligarte porque tú me diste tu palabra y si conoces los códigos sabes de qué hablo —destruyo las murallas utilizando sus propias palabras, sus ojos se cristalizan ante la posibilidad de que pueda lastimar a sus amigos.

Entiendo lo que siente porque me pasa lo mismo con mi familia, se acerca a mi parándose de puntillas.

—Entonces me casaré con tu padre solo para clavarle un cuchillo en el pecho y destrozárselo, destrozándote, partiéndole ese delicado y asqueroso corazón que tiene, lo asesinaré mientras duerme y acabaré con cada uno de ustedes lento y sin ningún tipo de arrepentimiento —susurra todo eso a mí oído y se larga con Milena.

Sé que es completamente capaz de hacerlo y posiblemente yo se lo pueda a permitir, pero como los códigos son los códigos. Jamás podría dejar que lo mate, aun cuando eso me beneficiaría directamente.

Mi mirada se pierde en su espalda mientras sube la escalera con el ama de llaves y mis pensamientos vuelan al momento en que clava un cuchillo en el corazón de mi padre...

***

Me encuentro recostado a la pared que se encuentra frente a la cama de Giovanni Moretti. Lo que veo me aterra y descoloca porque mi padre se encuentra en una situación difícil y este es un momento crucial porque el concejo no deja de joder.

—¿Qué tiene, Franco? —interrogo al hombre que lo atiende en su propia cama.

Coloca una pequeña lámpara en sus ojos, luego de haber escuchado con el estetoscopio el corazón y los pulmones en un chequeo rápido por el hecho de que lo encontré desnudo en la cama con la vista perdida y sin reaccionar.

De hecho, hasta ahora no ha podido regresar de donde se haya ido.

—Debemos sacarlo de aquí Marco, necesito tenerlo en la clínica para poder darle seguimiento —asiento a sus palabras y vuelvo a mirarlo —por ahora puedo decirte que este tipo de estado catatónico solo lo produce un fuerte golpe, algo que no ha superado y que le duele demasiado —cierro los ojos y niego a sus palabras.

—Mi madre, mi hermana Freya, tres esposas siendo la última el amor de su vida, engaños varios y puedo continuar con la lista que es bastante larga —Franco aprieta los labios formando una fina línea, no se asombra, pero la inconformidad se nota a leguas en su rostro mientras llama a la ambulancia para llevarlo a la clínica.

< De verdad me encantaría que estuvieras aquí hermanita >, pienso con tristeza.

Mi hermana siempre fue una mujer de armas, pero no las que conocemos normalmente, su expresion verbal es la que la hace tan especial. En el momento que decidió irse a un convento mi padre ofreció matarla, y aunque yo no se lo iba a permitir, tampoco él iba a tomar esa cruel decisión ya que al decirlo hablaba bajo la influencia de la ira. La última vez que hablé con ella fue hace cinco años quizás seis cuando la llamé para decirle que mi padre se casaba con Bianca.

A ella no le importó, diciéndome que todos los pecados que tiene encima acabarían con su vida, en ese momento por la rabia y la decepción no entendí sus palabras, pero ahora todo se materializa como si hubiese sido una premonición que ella misma hubiese soñado. Ver los ojos de mi padre idénticos a los míos apagados, sin esa luz que normalmente tienen, verlo desmejorado y deponer las armas prácticamente, me llena de una tristeza infinita.

Aún a mis treinta años, lo necesito conmigo, mi discrepancia, ante las ganas de llamar a Freya me azotan, pero ella también es su hija y debe saberlo, aunque no quiera mantener contacto con nosotros. Soy una persona consciente, entiendo perfectamente que las mujeres en este mundo son disminuidas, negándoles la capacidad de siquiera demostrar que pueden ser otra cosa más que un juguete sexual. Y pese a que me criaron exactamente para ello, supongo que tampoco soy inocente de cualquier cosa referente a la degradación de la mujer en a la sociedad italiana, jamás obligaría a ninguna a estar conmigo.

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