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Familia…
Me quedo recostado a la pared viendo el circo en el que se ha convertido mi familia, mi padre ha cambiado de esposa en los últimos diez años tres veces, Bianca Russo es la última y también lo ha engañado tal como lo hicieron las otras cuatro, hoy la ejecutará, pero con la diferencia de que ella, Bianca ha sido la única que ha amado de verdad.
Hoy envió a mi hermano menor en busca de una chica para que sea su nueva esposa, en realidad no entiendo el capricho (no es que me queje por supuesto, es mi viejo), él ya debería estar descansando, dejarme definitivamente el mando de la organización y…
¡Por el amor de Dios!
Dejar de casarse.
Por su propio bien y el de esas mujeres que al fin y al cabo… son sus víctimas.
Las risas de mi hermano y tío llenan la estancia, esta era la oficina de mi madre. Sonrío. Ella era la luz de esta casa que fue opacada por su muerte y las faltas de mi padre, pero en mi mundo las faltas de respeto de parte de los hombres no son mal vistas. Giovanni Moretti lamentablemente a sus setenta y tantos ya no puede hacer feliz a ninguna mujer desde el ámbito sexual y en el fondo… lo sabe. Sin embargo, ni siquiera se ha tomado el tiempo para pensar en ello y aceptarlo. Pero en este momento la discusión es por otra cosa.
—¿Y te dejaste robar de esa chica Giancarlo? —mi hermano menor vuelve a romper en risas mientras mi padre lo observa con desaprobación.
—¿Y qué querías que hiciera? —responde a mi tío sin un ápice de vergüenza —. Ni siquiera me di cuenta cuando sacó la billetera —no puedo evitar reírme. Niego con la cabeza —¡era una belleza de ojos azules y rostro de ángel! —mi padre gruñe.
—¿Y la billetera? —Giancarlo niega —. Entonces el dinero lo perdiste y llegaste aquí con las manos vacías —el temblor en la voz de mi padre y la inestabilidad tanto emocional como física hacen que despegue el cuerpo de la pared —solo te he encomendado algo sencillo y has llegado con las manos vacías, sino que… ¡has perdido el dinero!
—¡Por el amor de Dios, padre! —se queja el chico —. Solo eran diez mil —dice como si nada, pero al ver el rostro pétreo de mi padre se retracta.
—Giancarlo —advierto, pero no por el dinero, más bien es por la falta de respeto.
—¿Qué? —gira a verme —esto es entre mi padre y yo… ¡Don perfecto! —tomo una respiración furiosa y mi padre niega —. Eso es, no te metas…
— Te recuerdo mi retoño, que el dinero que te llevaste me pertenece ¡y lo perdiste! —esto se pondrá interesante, me recuesto en la pared de nuevo cruzando las piernas a nivel de los tobillos y los brazos en el pecho —necesito que lo recuperes y me traigas a la belleza que dices te impresionó tanto que te dejaste robar, para nadie es un secreto que tú obedeces fielmente a tu polla porque necesitas mantener tu cerebro intacto ¡No vaya a ser que en algún momento puedas comenzar a pensar! — las risas no se hacen esperar coloco la mano abierta encima de mi boca para no ser tan obvio.
Mi hermanito ha desatado por fin la ira de mi padre, después de haberle consentido todas sus pendejadas hoy, ha sido la gota que derramó el vaso. Entonces el muy idiota va a tener que volver a ese barrio; buscar la chica, el dinero, la billetera y traerlo todo en un solo día.
Me encantaría verlo.
—¡Jefe, ya la señora Bianca está acá! — Giovanni Moretti tiembla ante la sola mención del nombre de su esposa —. Solo espero directrices —el hombre acerca el oído a la boca de mi padre y este le dice algo que nadie más puede escuchar, suspira y asiente —como usted mande jefe…
La vista se le pierde, en este momento está demasiado cansado y dolorido para siquiera pensar en darle una oportunidad, va a matarla y eso es lo más seguro que podemos tener. Se escucha un revuelo en la puerta, uno de los hombres abre de una sola patada todos desenfundamos y es la esposa de mi tío Giorgio quien porta un arma queriendo matar al esbirro que, es la mano derecha de mi padre.
—¡Julia! — levanta el mentón y cambia el cañón de la pistola ahora a la cabeza de su esposo — Julia por el amor de Dios no hagas esto —las lágrimas de la mujer caen por su rostro, aún empuña la pistola con una precisión envidiable, bárbaro, excitante.
Ninguno de los presentes, pese a que hemos desenfundado todas las armas, va a ejecutar ningún movimiento salvo mi tío. Se acerca a ella y coloca el cañón en su pecho sobre su corazón. En esta casa, en esta familia amas u odias, no tenemos medias tintas y con ese gesto él, está confesándole que la ama por sobre todas las cosas y prefiere que ella acabe con su vida porque si hace algún otro movimiento, la perderá y no lo soportará.
Cae de rodillas, suelta el arma y llora como una chiquilla por la vida de su hermana quién es la esposa de mi padre y desde el momento que lo engañó firmó su sentencia de muerte, ya ha sido exterminado el sujeto con quién se veía, pero ahora ella tiene un blanco en la frente y es mi padre quién la ejecutará.
—¡Giorgio por Dios! —el rostro descompuesto de mi tío expresa que el dolor de su mujer es el propio — pido clemencia por mi hermana, destiérrenla por favor, Giovanni por favor no es necesario… —se arrastra en el piso hasta los pies de mi padre, él acaricia su cabello castaño con amor y levanta su rostro.
—¡Oh cara mía! tú no tienes idea de lo roto que estoy —las manos temblorosas de Giovanni llaman la atención de Julia — mi vida se ha extinguido, no tengo un nada porque vivir y todo me lo ha quitado Bianca —Julia lo reconoce y llora entre los brazos de mi padre.
Él ha sido casi un padre para ellas desde el momento que su familia fue extinguida por los Ferrero. La historia de los Russo es muy triste, primos de mi madre, una generación completa destrozada por una sola familia a causa de un robo, lo cual es una humillación y se paga con la muerte.
Bianca es traída hacia la oficina de mi madre donde se está dando lugar la reunión. Miro sus ojos llenos de lágrimas, pero ninguna es de arrepentimiento. Su dolor es porque su amante ha muerto delante de ella y definitivamente no le teme a mi padre.
—¡Levántate Julia! —llama a su hermana para que deje el rostro en alto —si hay alguien que debe pagar, esa soy yo, me iré con gusto de tu maldito lado Giovanni Moretti porque nunca fui feliz — mi padre baja la cabeza, derrotado. Las lágrimas caen en su impoluta camisa.
Solo la levanta para apuntar la cabeza de la mujer a quien ha amado más que a mi propia madre y la que lo ha humillado, lastimado y avergonzado más en todos los años que tiene. Dispara. El sonido del balazo entrando por la frente de la mujer hace un sonido sordo. Julia grita golpeando el piso con los puños mientras Bianca cae ya como un peso muerto. Mi padre ordenó que no la golpearan, que la dejaran vestirse antes de salir del hotel y que su ejecución sería rápida y lo menos dolorosa posible.
El amor que sentía por ella era infinito porque la mafia italiana no perdona una infidelidad, la mujer debe morir desmembrada después de haber sido torturada.
Giorgio sostiene a mi padre porque se desvanece, corro a ayudarlo haciendo una seña a los guardias para que me ayuden con él a llevarlo a la habitación y los otros que hagan la limpieza correspondiente.
—Julia amor mío, necesitas salir de aquí — ella niega abrazada a su torso.
— No me dejes nunca mi amor porque así moriría —no puedo evitar sentir un poco su dolor… solo un poco — me he quedado sola, sola en este maldito mundo — sus palabras son cuchillos que se entierran en el pecho de Giorgio.
Pero encuentro sentido en su razonamiento, ella no pidió nacer en este mundo, ella no exigió un matrimonio y mucho menos que su hermana pequeña se casará con mi padre.
—Sal con el inservible de tu hermano y busca mi dinero Marco —en realidad lo que quiere es a la chica.
—Pienso que primero deberías descansar papá, deberías guardar el luto —ríe amargamente.
—Amore, el luto ya lo he vivido, todo el sacrificio que hice por ella no sirvió para nada, pero llorar ahora y encerrarme en un luto no compondrá las cosas —entiendo de lo que habla, por menos que eso ni siquiera me he casado.







