Mundo de ficçãoIniciar sessãoMiranda Gómez ha perdido todo lo que creía seguro: su padre, su novio y el trabajo que la sostenía. Cuando un hombre de la calle con una guitarra le ofrece un acuerdo inusual —casarse por dos años para que él pueda liberarse de una herencia atada a su pasado, a cambio de dejarle una mansión patrimonial—, ella no tiene más opciones que aceptar.
Ler maisEl tiempo se escapó ante los ojos de la auditora y el presidente. Sin apenas darse cuenta, se encontraron convocando de nuevo a elecciones. Leila subió su documentación a la plataforma. Miranda la vio liderar la lista de candidatos y, para su asombro, Luis Suárez no postuló al puesto. El tiempo para subir la documentación se agotaba. La leona preguntó a David si en serio planeaba dejar la corporación.—Una promesa al yeti es sagrada —respondió él—. Leila es la mujer capaz que esperábamos para que tome el puesto y declararnos filósofos errantes deambulando por el mundo.—¿Planeas visitar a tu hija? —preguntó Miranda.—La señorita anda ocupada en la universidad y escribiendo su tercer libro —informó David.—¿Con anécdotas de su vida y sus desamores? —preguntó ella.—No precisamente. Está elaborando la tesis para ser licenciada en filosofía; filosofía 2.0, un paso adelante de la tecnología. Sus tomos de _Despejando las cenizas_ le ayudaron a saltar unos tres ciclos, pero las materias más
El juego del "Yeti albino" le regaló a David la madrugada más espléndida de su vida. Salieron al exterior en medio del frío extremo, cuando los primeros rayos del sol apenas empezaban a rozar las cimas de las colinas. Desde la zona privilegiada frente a la cabaña, contemplaron en silencio cómo las auroras boreales danzaban majestuosas en el firmamento.El presidente la abrazó con fuerza contra su pecho para protegerla del viento, y ella se inclinó para dejar un beso cálido sobre su fría mejilla.—Entonces... aunque en esta luna de miel no puedo tocar ni tu mano sin llevar guantes —preguntó David, conociendo bien la intensidad que solía tener su vida matrimonial entre las sábanas—, ¿sientes que cumplí como esposo?—Ha sido la mejor luna de miel que podíamos imaginar —respondió ella con un leve castañeteo de dientes—. Lágrimas, chocolate, auroras boreales y leña... te aseguro que en ninguna encuesta figuran estas opciones.—Somos originales —replicó él, aflojando sutilmente el abrazo si
Amaneció el segundo día en la cabaña. El presidente intentó abandonar la cama y el contorno helado fuera de la sábana térmica lo hizo retroceder.—Aún no entiendo —añadió David, examinando las cajas de plástico negro apartadas de las películas que ya colocaron en la videocasetera— por qué estamos atrapados con tecnología VHS. Al menos hubieses escogido un reproductor de DVD con algunos discos o, mejor aún, la colección de películas guardada en una memoria.Miranda sonrió de lado, disfrutando de la sutil frustración de su esposo.—Podría haber reservado un hotel de cinco estrellas; en esta época del año las habitaciones no están precisamente abarrotadas. Pero hacer eso le habría quitado puntos al verdadero "espíritu de Diógenes".David soltó una carcajada corta y negó con la cabeza.—Miranda, esa época de escasez voluntaria ya pasó.—No lo sé, yo creo que el desprendimiento de las comodidades te ayuda a encontrarte con tu yo más puro —replicó ella, adoptando un tono falsamente intelect
Canadá los recibió con una ráfaga gélida y cortante, la bienvenida oficial a una luna de miel perdida en mitad del hielo.Para Miranda, el cambio fue inmediato y violento. El aire, tan congelado que quemaba los pulmones, se le volvió completamente irrespirable. Sintió un nudo en el pecho y el pánico la hizo desear pedir ayuda de inmediato; sin embargo, a pesar de la asfixia incipiente, su orgullo pudo más: no se atrevió a decir «esto está horrible, regresemos a casa».El personal del aeropuerto estaba más que acostumbrado a los estragos del choque térmico en los turistas. El equipo de primeros auxilios reaccionó con rapidez y ya tenía lista una máscara de oxígeno para estabilizarla. Fueron unos minutos de profunda angustia para David, quien le sostenía la mano con el rostro pálido, maldiciendo internamente su error con las siglas del vuelo. Una vez pasados los momentos de tensión, y siguiendo al pie de la letra las indicaciones de contingencia del equipo médico, la pareja fue guiada h
Último capítulo