Acuerdo Para No Enamorarme

Acuerdo Para No Enamorarme ES

Romance
Última actualización: 2026-04-21
Dulce   Recién actualizado
goodnovel18goodnovel
0
Reseñas insuficientes
8Capítulos
1leídos
Leer
Añadido
Resumen
Índice

Miranda Gómez ha perdido todo lo que creía seguro: su padre, su novio y el trabajo que la sostenía. Cuando un hombre de la calle con una guitarra le ofrece un acuerdo inusual —casarse por dos años para que él pueda liberarse de una herencia atada a su pasado, a cambio de dejarle una mansión patrimonial—, ella no tiene más opciones que aceptar.

Leer más

Capítulo 1

Capítulo 1

Miranda Gómez, secretaria del presidente de Corporación Iwia, estaba cansada. Llevaba diez horas en la empresa y apenas había almorzado. El zumbido del antiguo CPU, sumado a el murmullo de sus compañeros a su alrededor, que hacían planes para salir a un bar karaoke, la enloquecía. Ella solamente quería que el ruido cesara. Con los ojos humedecidos recordó la propuesta de vacaciones que había hecho su novio Frederic: dos meses para ellos, visitando lugares paradisíacos para reponer fuerzas y, al terminar las vacaciones, el encuentro con una nueva vida. La posibilidad de vivir una maternidad serena y feliz se abría a su paso. Revisó con cuidado la hoja que estaba por imprimir, la leyó en silencio una vez más, sabiendo que después de entregarla no habría marcha atrás. La carta, aún tibia, tembló en su mano; tomó el bolígrafo y plasmó su firma. Al ver el parpadeo de las luces del monitor tras cerrar la sesión, respiró con alivio. Iba a llevar su petición al área correspondiente, tomó un respiro y, al levantarse de su escritorio, llegó un mensaje a su celular.

—Princesa, sé que esto te va a doler, aquí está la razón por la que tu novio nunca me agradó.

Aquel preámbulo solía usar su padre antes de una mala noticia: “Princesa, sé que esto te va a doler”, la misma frase la usó cuando murió el hámster, el día que se robaron su perro y desapareció su gato; era lo mismo que le dijo cuando le diagnosticaron cáncer en etapa terminal.

Miranda vio las imágenes que estaban adjuntas. En la foto, su amiga besaba a Frederic. Ella marcó el número del que llegó el mensaje; del otro lado, una voz masculina contestó enseguida.

—Señorita Miranda: soy José Caballero, investigador privado, lamento mucho su pérdida… —alcanzó a decir antes de que ella gritara.

—¿Qué clase de broma retorcida es esta?

—Recibí instrucciones claras de Daniel Gómez, su padre. Él estaba seguro de que usted no iba a creer…

Su exposición de razones fue interrumpida de inmediato. Ella, con la voz cansada y al borde de las lágrimas, respondió que efectivamente no creía nada. Al colgar la llamada, le llegaron otras imágenes: eran de ese preciso instante, Frederic se despedía de Alejandra con un beso a unas cuadras de la empresa. Ella vio la chaqueta de cuero y los blue jeans gastados que llevaba él en la mañana… De todos modos, aún con las imágenes en la pantalla del celular seguía creyendo que era una farsa, un plan maquiavélico de algún compañero envidioso que no respetaba su duelo…

No tuvo tiempo para llorar. Su intercomunicador empresarial sonó con la voz de su jefe, Adolfo Palacios, el presidente de Corporación Iwia. Puso la hoja en una carpeta y se desvió a la oficina de Adolfo; ingresó con el rostro desencajado y preguntó qué pasaba.

Él estaba furioso. Reclamó que uno de los informes estaba mal. Miranda negó que hubiese errores, pues personalmente revisó todo la noche anterior. Su jefe respiró hondo y la invitó a observar el monitor. Ella miró en la pantalla de su jefe donde los errores ya habían sido señalados; deslizó el cursor por la hoja y apretó los puños. Las lágrimas se dejaron caer y se disculpó.

—Lo siento de verdad, no sé en qué estaba pensando. Hoy mismo tendrá el informe corregido. No volverá a pasar —aseguró, colocando la carpeta sobre el escritorio.

Hubo una pausa dolorosa. Adolfo explicó que estaban por perder un cliente debido a ese informe.

—Lo siento si mi trabajo no está a la altura de su magnánima empresa, aquí está mi carta de renuncia —sus palabras le quemaban la garganta. Adolfo conocía su trabajo, por lo cual recibió la carpeta e insistió en que no era para tanto. Se disculpó si sonó poco profesional al gritar. Hizo una pausa y, viendo que ella estaba pálida, le ofreció un vaso de agua. Él aclaró que entendía su dolor. Preguntó si en lugar de renunciar quería unos días libres para sobreponerse de la pérdida de su padre. Apenas hacía dos días lo había sepultado y él atribuyó el error a su cansancio emocional.

La secretaria lo negó con la cabeza. Adolfo preguntó el porqué, pero ella ya no tuvo fuerzas para responder…

—Ve con la carpeta a RR. HH. y si mañana cambias de opinión, me avisas… —solicitó Adolfo.

Ella agradeció con un estrechón de manos y se fue a presentar formalmente la carta de renuncia. Al salir de la oficina de presidencia, los murmullos sobre ella se callaron. Cruzó hacia el departamento de RR. HH., presentó el documento y, conforme al reglamento, debía esperar dos semanas para que se hiciera efectivo; ella asintió y salió de inmediato: necesitaba aire fresco, algo que le permitiera olvidar el mal rato. Miranda temblaba recordando el repaso de errores. Esa mañana había pedido a Frederic que enviara los informes por ella porque se le hacía tarde; evidentemente, el informe original fue cambiado por el borrador.

Afuera, Frederic esperaba con la moto encendida.

—¿Lo hiciste? —preguntó, refiriéndose a su afán por que ella renunciara. En respuesta, ella asintió con los ojos al borde de las lágrimas—. Bien, ahora solamente queda esperar que cobres tu liquidación, se abra el testamento de tu papá, pagar el préstamo que hicimos para el departamento y salir a nuestras soñadas vacaciones.

Los ojos de ella se clavaron en la acera, procesando en segundos lo que por años su padre intentó que entendiera.

—Es curioso que hayas hecho proyecciones con mi dinero —comentó, retrocediendo hasta quedar pegada a la pared.

Frederic la abrazó, susurrando a su oído:

—Tranquila, sé que te duele todavía la muerte de tu padre, pero el dinero es tuyo; después de todo, eras su única hija, ¿verdad?

La risa fría de Miranda al sentir en su cuello el perfume de otra mujer denotaba que estaba al límite.

—Te jodes tú y tus estúpidas expectativas de parásito; en ese testamento mi padre no dejó nada para mí, todo quedó para una fundación…

Frederic, al escuchar que no había nada para ella en el testamento, se hizo a un lado. Hubo un silencio incómodo y, al romperlo, le insinuó que volviera a pedir otra oportunidad a Adolfo: el sueldo era bueno y necesitaban del dinero. Sin herencia, la liquidación no iba a cubrir los gastos de las tarjetas que ya rebotaron. No estaba dispuesto a mantenerla mientras terminaba su carrera. El aire parecía irrespirable, y el ruido del tráfico cercano fue reemplazado por los acelerados latidos de su corazón. Ella se mordió los labios, respondió que no pidió que lo hiciera y habló de terminar su relación… Frederic respiró pausado, procesando el peso de las palabras. Si ella no tenía herencia ni trabajo, sus planes vacacionales ya no tenían soporte. Levantó su rostro pidiendo que lo mirara… Insistió a Miranda que volviera a Iwia, le habló de la amistad que tuvo Adolfo con el padre de ella. Miranda le recordó que fue él quien insistió en que renunciara.

—Princesa, no sabía que tu padre iba a traicionarte así. Siempre lo escuché diciendo que le pidas cualquier cosa y te la daría.

Miranda abrió sus ojos llorosos y lo miró.

—Entonces es cierto: tú estás conmigo por la cantidad de efectivo que aporto a nuestra relación.

Enseguida él notó su error. Se disculpó con la excusa de que no era eso lo que quiso decir; ella, frente a su novio, sonrió con amargura. Le pidió que fuera él a trabajar con Adolfo si le parecía tan fácil. Frederic, con el temblor de quién ve caer su pedestal, insistió en que estaba enfocado en su carrera. Miranda le gritó que en sus cinco años juntos no lo había visto en un trabajo serio, ni terminar de estudiar ninguna carrera, y ya iban tres las que dejaba porque, según él, no cumplían sus expectativas, pero sí lo había visto andar de fiesta cada viernes… Iba a gritar todo lo que sentía, pero sus compañeros de trabajo empezaron a salir. Ella dejó a Frederic con las palabras en la boca y se fue caminando hasta confundirse entre el personal que salía de las instalaciones…

Esa tarde estaba especialmente fresca. Su taconeo rítmico y lento al cruzar el puente peatonal se interrumpió: se detuvo a la mitad, se puso de pie frente al barandal y fijó su mirada en los candados con iniciales encerradas en corazones y cortos poemas que pendían de él. Entre ellos, su pequeño candado con las iniciales M y F encerradas en un corazón rojo le causó náuseas. Retiró de su cuello la pequeña llave y lo abrió; iba a lanzarlo al agua pero se detuvo, lo guardó en la cartera hasta encontrar un basurero. Recordó su historia de amor y empezó a reír con histeria; por su mente pasaron las tardes en el patio hablando con Frederic sobre sus planes: vivir juntos, comprar un departamento, terminar la carrera y, finalmente, tener dos hijos…

Se quedó quieta contemplando el agua seguir su curso, rodeando las rocas que se encontraban a mitad del lecho del río. La vista poética le dio un toque más trágico a sus sentimientos y, por un momento, su sonrisa fue de satisfacción: por fin abrió los ojos a la realidad que, en especial, su padre tanto señalaba. Él le había advertido que Frederic solamente la usaba para pagar las cuentas; versión que su amiga desmentía constantemente, pero Daniel Gómez, horas antes de morir, le contó cómo Frederic pasaba de aventura en aventura porque él lo mandó a vigilar. Ella respondió que era mentira, pero en su lecho de muerte, le hizo prometer que iba a decirle a su novio que la dejó sin herencia; ella le dio su palabra y vio a su padre sonreír satisfecho antes de exhalar su último aliento…

Los últimos fulgores del sol teñían el cielo con tonos anaranjados, tocando las colinas a lo lejos… Con cansancio, ella suspiró susurrando para sí:

—Padre, cumplí mi promesa. Aunque me duele. Tenías razón: Frederic es un idiota…

Desplegar
Siguiente Capítulo
Descargar

Último capítulo

Más Capítulos

Você também vai gostar de

Novelas relacionadas

Nuevas novelas de lanzamiento

Último capítulo

No hay comentarios
8 chapters
Capítulo 1
Capítulo 2:
Capítulo 3
Capítulo 4
Capítulo 5
Capítulo 6
Capítulo 7
Capítulo 8
Explora y lee buenas novelas sin costo
Miles de novelas gratis en BueNovela. ¡Descarga y lee en cualquier momento!
Lee libros gratis en la app
Escanea el código para leer en la APP