Capítulo 8

​Con su voz de ejecutiva eficiente, Miranda aclaró que no creía en las coincidencias y sabía que había algo de fondo. David acomodó la guitarra en su espalda listo para irse, pero ella lo detuvo; quería saber por qué estaba ahí.

​—Sé que tienes apuros económicos y tener un techo seguro no te alcanzará —dijo el vagabundo con un halo de vergüenza en sus palabras.

​—¿Decidiste investigar mi vida? —preguntó ella.

​La pregunta sin respuesta quedó en el aire.

​—Si aceptas el contrato, podrías olvidar
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