Capítulo 29

​David de las Casas se encontraba sentado en la habitación principal de su mansión. Sentía que el peso del perfume de Miranda, que poco a poco se desvanecía en el ambiente, se volvía cada vez más fuerte y doloroso. Vencido por el cansancio, se quedó dormido con la cabeza apoyada en el ropero de su esposa mientras observaba el desastre intacto de aquella fatídica madrugada.

​Sin embargo, sus recuerdos no paraban ahí; retumbaban con crueldad, transportándolo en sueños hacia el lugar donde conoció
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