Sin dinero para costear un taxi tenían media hora para llegar al departamento que ella compartía con su novio.
—Desearía zapatos más cómodos, nos espera una hora más entre ir y volver. Mis pies piden un descanso. —comentó ella con resignación.
—En el cuarto de huéspedes la salida de cama incluye zapatos, están completamente nuevos. Si no te importa puedes usarlos. —dijo David mientras recorría con su mirada las fotos de su madre.
Ella levantó la ceja, después de un corto silencio.
—Dices que no te importa esta casa y guardas un inventario mental de lo que hay. Eso te conviene en un hombre interesante y peligroso a la vez. —advirtió ella con una sonrisa distinta.
—Miranda, estoy tratando ser práctico, no busques complicar esto por favor. Esta casa ha sido el Plan B por mucho tiempo, y aunque no quiero, soy parte del inventario.
La joven asintió explicó que iba a tomar los zapatos porque le esperaba una gran maleta por cargar. David preguntó si el departamento tenía muebles de ella o algo más que no fuera ropa y sus implementos de belleza. Ella desvió la mirada comentó que el departamento estaba amoblado y provisto de todo lo necesario para vivir cuando lo recibieron, David asintió, esperó pacientemente que ella fuera a cambiar sus zapatos y suspiró con cansancio. Ella subió rápido, llegó al departamento de huéspedes buscó en el ropero efectivamente ahí estaban dos pares de zapatos cómodos uno para dama y otro para caballero, al revisar la envoltura estuvo a punto de irse de espaldas, aquellos zapatos costaban más que una de las cuotas de sus tarjetas con el departamento incluido. Se los puso y al sentir la suave caricia del calzado en sus pies, olvidó el precio, se sintió una reina, la cenicienta dentro de un castillo de cristal… la voz de David preguntando si se encontraba bien la sacó de su mente volviendo a la idea de enfrentar a Frederic…
Caminaron juntos por la ciudad cuyo pavimento golpeado por los rayos del sol quemaba produciendo un calor sofocante. Les parecía divertido ver las expresiones de los transeúntes: una ejecutiva con el traje algo ajado, zapatillas elegantes pero fuera de lugar escoltada por un vagabundo…
Al llegar a la dirección. por orden de Miranda David, se quedó a esperar su salida. La exnovia histérica, subió al ascensor. Llegó al quinto piso del complejo de apartamentos. Al acercarse, encontraron dos grandes maletas en la puerta. Ella las iba a tomar y retirarse, pero Frederic salió sonriendo, detuvo el avance de Miranda con sutileza. Pidió que pensara mejor las cosas, que tenían muchos proyectos por vivir juntos; se culpó a sí mismo de ser un idiota y concluyó diciendo que no forzaría las cosas, pero quería demostrar que podía ser diferente. Le aseguró que pagaría las cuotas que faltaban del departamento y le devolvería su inversión con creces.
Miranda sonrió y caminó despacio para recoger las maletas. Frederic la miró esperanzado, pero ella rompió su burbuja.
—Me parece perfecto que quieras devolverme el dinero de este departamento que pagué con mi trabajo —comentó tomando la manija de la primera maleta—. Me ahorrarás el abogado y los trámites para recuperarlo. Conoces mi número de cuenta, esperaré el depósito.
Sus frases calmadas, precisas y contundentes desestabilizaron a Frederic. Él se quedó con las palabras en los labios otra vez, apretó el puño y golpeó la pared…
Miranda arrastrando sus maletas llegó al ascensor y bajó sintiendo el cuerpo más ligero, al ver a David parado en la puerta ella sonrió y le extendió la una maleta…
—Prepárate para una avalancha de amor —dijo él con una convicción que desarmaba.
—¿Acaso piensas enamorarme? —preguntó ella levantando las cejas.
David, con su tono serio, explicó:
—No hablo de mí, me refiero a tu exnovio… —Él ya tiene a mi reemplazo justo a su lado… —respondió ella con tristeza.
—Una mujer para una noche, para salir de fiesta o para tener intimidad desenfrenada no se compara con la que lleva la casa y paga las cuentas…
—Claro supongo que tú conoces a los dos tipos de mujeres ¿qué esperas de mí exactamente? —preguntó antes de empezar su recorrido de regreso…
David sin contestar la guió hasta el parque, le invitó a sentarse bajo un gran árbol de pino. Después de un suspiro hondo explicó su plan.
—Antes que respondas a mi oferta sobre las vacaciones o el matrimonio quiero que sepas algo importante: mi hermano no va a creer en la ejecutiva que se enamora del vagabundo y las melodías del puente y tampoco creerá al vagabundo enamorado de la joven ejecutiva que deja el puente para adecuarse a ella. Todo tiene que ser real.
Miranda se tensó y tragó saliva sin saber cómo responder.
—No, no… —intentó en vano articular sus palabras…
David la interrumpió.
—Quiero decir que vamos a tener que compartir la misma casa pero no necesariamente la intimidad, solamente necesito una coartada sólida.
Ella sonrió con desgano, el tráfico zumbando cerca mientras las aves sobrevolaban en los árboles.
—¿Qué pasaría si después de un tiempo yo quiero dejar de jugar?
—Si te refieres a encontrar un hombre que cubra tus necesidades y expectativas, me haré a un lado, si hablas solamente de cansancio también. Pero si remotamente por tu cabecita cruza la idea de convivir como una pareja real y todo lo que conlleva la respuesta es: no sé, no he pensado en esa posibilidad.
—No me refería a eso pero agradezco tu sinceridad —expresó ella y desvió la mirada antes de volver a la conversación —pero pensando mejor las cosas, tú puedes abandonar esta ciudad, tus puentes y todo lo que te ata, empezar de nuevo y convertirte en el filósofo vagabundo que esperas sun necesidad de involucrar a un tercero.
David levantó su mirada directamente a sus ojos.
—En parte tienes razón, pero a donde vaya el recuerdo de la existencia de la casa me haría volver ella preguntó porque él respondió sin mirarla ahí vivió mi madre un tiempo.
Pensé que me entenderías es lo mismo que te pasa a ti con la herencia de tu padre, sé que temes que al volver al calor de hogar bajen tus expectativas y Frederic vuelva a recuperar el espacio que perdió.
Ella levantó la cabeza con un giro brusco, apretó la mandíbula y respondió.
—Agradezco tu oferta pero la respuesta es no, no quiero que nadie más me vuelva a usar.
Sujetó ambas maletas y se dispuso a irse, David asintió y le recordó que lo encontraría en el puente si cambiaba de opinión…