Los meses pasaron y otro año terminó. Llegó una nueva cena corporativa a la que David decidió ya no asistir; en su lugar, se refugió en la cabaña de Saúl para traer de vuelta el recuerdo de Miranda, quien, a partir del día en que se marchó, no llamó ni siquiera para informar que había llegado bien.
Como presidente, la gestión le sonreía: los acuerdos y colaboraciones con él al frente hicieron que Iwia ganara millones. Y así como transcurrió un año, pasaron tres meses más. Miranda seguía sin lla