Mundo de ficçãoIniciar sessãoTres años de matrimonio. Abortos repetidos. El día de su segunda pérdida, Felipe Torres acompañó a Jenifer González a dar a luz a unos gemelos. Al salir del hospital, Lucía Gómez por fin tomó una decisión. Le arrojó a su casi exmarido un acuerdo de divorcio. —Divorciémonos. Es por tu bien. —¿Divorcio? ¿De verdad puedes hacerlo? Además, si lo que quieres es retenerme, no hace falta que finjas hacerlo por mi bien. Lucía solo sonrió, no dijo nada y se dio la vuelta para irse. Lo hacía de verdad por su bien. Después de todo, ya había encontrado un nuevo respaldo. Aunque Felipe fuera todopoderoso en Puerto Real, con esa persona no podía meterse. Al cortar con el pasado, Lucía dejó de fingir por completo. Cuando sus nuevas identidades fueron saliendo a la luz una tras otra, todos en la familia Torres quedaron atónitos. ¿Seguía siendo la misma mujer indefensa, sin familia que la respaldara, a la que cualquiera podía pisotear? El presidente de un consorcio internacional dijo: —Lucía, divórciate. Ya no puedo seguir esperando. Un magnate financiero afirmó: —Divórciate. Si no, que la familia Torres quiebre. Un abogado internacional aseguró: —El juicio de divorcio no será un problema, Lucía. Con que me mires una sola vez, seré el hombre más feliz del mundo. Felipe siempre creyó que Lucía jamás lo dejaría. Hasta que un día la vio convertirse en alguien inalcanzable para él. Entonces, toda su arrogancia se hizo pedazos.
Ler maisMientras tanto, Lucía acababa de salir del consultorio del médico.Su expresión era fría y peligrosa.Los guardaespaldas enviados por Sebastián estaban esperando afuera junto con Mateo.Al verla salir, Mateo la ayudó a sentarse en la silla de ruedas.Lucía le envió la grabación que tenía en el teléfono.Mateo la recibió, la miró y preguntó:—¿Los médicos ya lo admitieron?—Sí.No podía negarse que Rosa y Jenifer habían hecho todo lo posible para perjudicarla.Mateo preguntó:—Entonces, ¿quieres que iniciemos ahora mismo el proceso legal para castigarlas?Lucía negó con la cabeza.—No. Si termina en prisión así de fácil, sería demasiado bueno para ella. Cuando regrese a Yurania, hablaremos de eso.En cuanto a estos días...Por supuesto, pensaba dejar que Rosa saboreara a fondo lo que significaba caer desde lo más alto y experimentar la impotencia de ver cómo todo se desmoronaba.Y Jenifer.¿Acaso ella no había creído siempre que Rosa era su mayor respaldo?Las dos estaban acostumbradas
La aduana acababa de informarles que sus productos ya no podían entrar en Yurania, y ahora todos sus socios comerciales estaban llamando para decir que, si no podían seguir suministrándoles mercancía, iban a demandarlos.Habían descubierto todo tan rápido que Rosa no se habría creído ni ella misma que no hubiera alguien moviendo los hilos detrás.Esteban asintió con el rostro sombrío.—Sí. Todos dicen que, si no podemos cumplir con los contratos, exigirán que paguemos las correspondientes indemnizaciones por incumplimiento.¡Indemnizaciones!Y no eran cantidades pequeñas.Todo estaba sucediendo una cosa tras otra, sin darle a Rosa el menor respiro.Cuando Jenifer llegó en silla de ruedas, tenía los ojos llenos de lágrimas.—Mamá, tienes que hacerme justicia. ¿Por qué Lucía puede humillarme así?Rosa ya tenía un terrible dolor de cabeza y, al verla llegar así, se irritó todavía más.—¿Y ahora qué pasó?—Ella... ella quiere quitarme mis cosas. Hace un momento Lucas vino con unos document
Sin embargo, aquello todavía no había terminado.Rosa aún no había pensado en cómo solucionar el problema del proyecto perdido cuando recibió otra llamada desde el extranjero.Al mirar el número, la expresión de Esteban cambió drásticamente.Rosa notó que algo no estaba bien y frunció el ceño.—¿Qué pasa ahora?—Es... es la aduana de Yurania.—¿Qué ocurre?—No lo sé. ¿Será que encontraron algún problema con nuestras mercancías de exportación?Era una llamada de la principal autoridad aduanera de Yurania.Si estaban llamando directamente desde allí, seguramente tenía que ver con sus exportaciones.En cuanto Rosa escuchó las palabras “problema con nuestras exportaciones”, su rostro se ensombreció todavía más.Allí, ella siempre había tenido todo bien arreglado.Por eso, normalmente no recibían llamadas de ese tipo.Y que ahora la estuvieran llamando significaba...De repente, un terrible presentimiento se apoderó de ella.—Contesta.No tenía sentido dejar sonar el teléfono.Esteban asint
Felipe respondió con frialdad:—Claro que tenían que firmar. Después de todo, el asunto involucraba a Jenifer.—Ahora mismo iré a hablar con la señora Jenifer —dijo Lucas.Felipe había ordenado que todo lo que originalmente había pertenecido a Lucía, sin importar a nombre de quién estuviera registrado ahora, volviera a quedar registrado a nombre de ella.Al principio, Felipe había pensado dejar para después todo lo relacionado con Jenifer, hasta que se recuperara del parto.Pero la actitud de Lucía le había hecho comprender que ya no podía esperar.Felipe cerró los ojos por un instante.—Ve. Y encárgate también de otra cosa.—¿De qué?Lucas no entendía a qué se refería.—Acaba de bajar al estacionamiento subterráneo. Manda a alguien a detenerla.Esta vez, Sebastián no iba a llevársela de sus manos.—Ya hay gente vigilando el hospital. Haré que bajen.Felipe no dijo nada más y colgó.Apenas terminó la llamada, recibió otra de Isabel.—¿Es que esa mujer no piensa parar nunca? Andrea y yo





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