Tamara, que había vuelto a la habitación para recoger su celular, quedó completamente sorprendida.
Por instinto quiso acercarse para ver cómo estaba Lucía.
Pero Felipe le lanzó una mirada helada.
El cabello de Felipe ya estaba algo desordenado. La rabia le hacía latir con fuerza la sien mientras la llamaba con voz contenida:
—Lucía.
Le agarró la muñeca con tal violencia que parecía querer romperle los huesos.
El aire del cuarto de hospital estaba cargado de tensión.
—¡Suéltala! —gritó Tamara.
Lu