Mundo de ficçãoIniciar sessãoUm romance proibido entre classes, carregado de emoção, segredos e um amor que ninguém viu chegar. Ella Monteiro cresceu nos corredores da mansão Alvarenga, sempre à sombra — a filha da empregada que aprendeu cedo a se tornar invisível. Mas quando Noah Alvarenga, o herdeiro bilionário, retorna ao Brasil após cinco anos no exterior, a menina que ele deixou para trás já não existe mais. Em seu lugar, surge uma mulher que ele não consegue ignorar. O reencontro entre os dois reacende sentimentos que Ella jurou enterrar — e desperta um desejo que Noah nunca teve coragem de admitir. Em meio a olhares proibidos, segredos, e uma proximidade inevitável, os dois cruzam a linha que jamais deveriam atravessar. Mas quando finalmente se entregam um ao outro, o destino os golpeia com força: Ella engravida — bem no momento em que a família dele descobre o romance e ameaça destruir tudo o que ela tem. Entre escolhas impossíveis, brigas familiares, pressões sociais e corações partidos, Ella precisará decidir se luta pelo amor que sempre desejou… ou se protege o filho que carrega, mesmo que isso signifique abandonar o homem que ama. E Noah terá que provar que está disposto a enfrentar o império que o criou para construir um futuro com ela. Um romance intenso, emocionante e apaixonante — sobre amor proibido, diferenças sociais, maternidade inesperada, e a coragem de enfrentar o mundo por quem se ama.
Ler maisEn medio de la noche, la zona de la villa de la ciudad de los Ángeles California estaba muy iluminada. Los árboles de Navidad frente de cada casa hacían que la zona de la villa se viera mucho más acogedora. Un poco de nieve blanca bajaba lentamente desde el aire. Toda la zona era tan hermosa como una pintura, a excepción de la villa de la familia Steel que era incompatible con esta escena.
Era un poco difícil ver el rostro de Astrid con claridad, ella solo veía el trozo de papel que tenía delante, las palabras que decían ACUERDO DE DIVORCIO, picaron en su hermosos ojos verdes.
Frente a ella estaba el cuerpo firme y rostro hermoso, ese hombre que aún le hacía doler el corazón, el hombre que se apoderó de cada célula de su cuerpo en el momento que se conocieron.
Contándole tiempo reunir el valor para hablar.
–¿Por qué?– Forzó una voz temblorosa para preguntar a Joshua, no siquiera tenía el valor de mirarlo, así que solo mantuvo la cabeza inclinada en silencio.
Él la atravesó con una mirada fría– Fue mi abuelo quien me obligo a casarme contigo en primer lugar, y ahora que mi abuelo ha muero no hay necesidad de que te mantengan conmigo.
La respiración de Astrid pareció perder el aliento en ese instante y miro a Joshua suplicante – No me dejes.
Cuando vio la cara fría de Joshua, le dolió la nariz. Aunque Joshua era indiferente nunca le había mirado con tanta frialdad, como si estuviera mirando un juguete del que ya estaba cansado, incluso podría decir que vio algo se asco en sus bonitos ojos.
Astrid trato de contenerse para no llorar.
Joshua le había dicho que la odiaba cuando lloraba, no importa cuánto se resistía sus ojos continuaban rojos, abrazo con fuerza la delgada cintura de Joshua, temiendo que si lo soltaba lo perdería para siempre.
–Por favor, no me dejes– como un gato abandonado Astrid miro suplicante a Joshua. Cómo deseaba a que esto fuera una pesadilla que Joshua frotara sus mejillas y dijera que era una broma y le había mentido.
Durante tres años, Joshua Steel nunca le había pedido su opinión. Había escuchado obedientemente cualquier orden de Joshua, incluso si hacía algo que no le gustaba a ella, mientras a Joshua le gustará, lo haría por él.
Y esta vez, tampoco quería escuchar órdenes de Joshua. Está era la primera vez que intenta resistirse a Joshua aún cuando él hizo una expresión de disgusto Rompió con fuerza los brazos que le rodeaban la cintura está fuerza repentina fue como intentar romper los brazos de Astrid, entonces Joshua con un tono extremadamente frío hablo – ¡No tienes derecho a negarte! –Haciendo caso omiso a la súplica de Astrid forzó el bolígrafo en su mano.
Una lágrima cayó sobre el acuerdo de divorcio, las lágrimas de Astrid finalmente fluyeron hacia abajo, mirando el nítido nombre de Joshua en el acuerdo de divorcio, nombre que hizo que su corazón doliera tanto que apenas podía respirar. La pluma era suave y casi firmó su nombre sin dudarlo. Joshua, el hombre que había amado durante tres años, dijo que no la quería.
No, no debe dejar que esto ocurra. Joshua era su vida. No podía imaginar un día sin Joshua, incluso si a él no le gustaba.
Sólo que esta vez, no pudo escuchar a Joshua.
–¡Lo siento!– Como si fuera su última lucha, Astrid estiró su mano y agarró el acuerdo de divorcio, lo arrugo rápidamente hasta convertirlo en una bola y se lo llevó a la boca. Realmente no se le ocurría otra forma en ese caso Joshua no se iría, ¿Verdad?
Joshua era un hombre de palabra, y por lo que sabía, definitivamente le obligaría a firmar el acuerdo de divorcio esta noche. Incluso si tuviera que atarlo, le haría firmarlo.
La parte afilada de la bola de papel cortó la garganta de Astrid, se la tragó con dolor, pero no hay comparación con el dolor que siente en su corazón.
La luz tenue hizo que Joshua no reaccionara a la acción de Astrid. Cuando escuchó el sonido de arrugar la bola de papel, ya era demasiado tarde. Astrid se tragó la bola de papel un paso más rápido que él. Si esto fuera una acción normal, habría reaccionado en un instante para arrebatar el acuerdo por adelantado.
Sin embargo, el comportamiento de Astrid no sorprendió a Joshua. Después de todo, durante tres años, dijera lo que dijera, aunque fuera cualquier petición poco razonable, Astrid siempre obedecería incondicionalmente sus órdenes. –¡Maldita sea! ¡Escúpelo! ¡Escúpelo, hazlo por mí! –Miró el rostro claro de Astrid, un rostro que se parecía a una persona que no veía en largo tiempo, pero nunca olvidaría.
–¡No lo voy a escupir! No quiero divorciarme de ti– Astrid se armó de valor para mirar a Joshua, su corazón latía con fuerza, esta era su última oportunidad, aunque sólo pudiera mirar a Joshua en el futuro. Aunque Joshua le aborreciera en el futuro, no quería divorciarse de él. De todos modos, a Joshua no le gustaba en primer lugar, no era tan malo.
Mirando los ojos llorosos y obstinados de Astrid, Joshua bajó lentamente su mano levantada y suspiró.
Miró profundamente a Astrid y subió las escaleras sin mirar atrás.
Al ver la figura desapareciendo, Astrid exhaló un suspiro de alivio.
La luz tenue le recordó de repente el día en que Joshua le propuso matrimonio, el día en que le dijo que se quedaría con él el resto de su vida.
No, nunca aceptaría divorciarse de él, no podía vivir sin Joshua.
Astrid se levantó y subió suavemente las escaleras, parándose en la puerta de Joshua. No se atrevió a llamar a la puerta, tenía pánico, tenía miedo de volver a ver los ojos llenos de repudió de Joshua.
Después de mucho tiempo, finalmente se armó de valor y se dispuso a sujetar el pomo de la puerta, justo entonces, la puerta se abrió de repente.
En un segundo, su propio cuerpo perdió su peso, y al siguiente fue inmovilizado por Joshua. –¿Sigues con tantas ganas de lanzarte a mis brazos aunque te estés divorciando?– Entonces Joshua resopló fríamente –¡Ya que lo deseas tanto, entonces te satisfaré!– Joshua no le dio tiempo a reaccionar. En un instante el dolor y placer le recorrió todo el cuerpo, las partes en carne viva le dolían tanto que no podía moverse, sólo podía agarrar la sábana con fuerza y asimilarlo todo, le gustaba aunque le lastimara.
–No esperaba que fuera tan malo para ti – El tono frívolo de Joshua sonó por detrás de Astrid. Astrid quiso decir que no era así, pero la siguiente embestida de Joshua sólo le hizo apretar los dientes, no quería gemir y que Joshua se sintiera asqueado. Tenía miedo, temía que si hacía un ruido en ese momento, Joshua le dejara atrás sin más.
–lin…– Joshua de repente dijo suavemente un nombre que no le era familiar a Astrid. Astrid sólo escuchó en silencio, no se atrevió a preguntar de quién se trataba. Tenía miedo de volver a llorar. Si lo hacía en este momento, Joshua definitivamente no volvería a hacer algo así con ella en el futuro.
Después de que Joshua se calmara, trató de abrazarlo por la espalda, pero se levantó y, con un tono todavía frío, habló –Vuelve a tu habitación para dormir – Con eso, entró al baño.
No fue hasta que escuchó el sonido del agua que Astrid supo que era el momento de volver, no importaba que lo dejara así, mientras no se divorciara de él, podía soportar cualquier cosa.
NOAHUm mês.Foi o tempo que levou para a auditoria terminar — e para meu pai tentar transformar cada dia em um campo de batalha psicológico.Ele não apareceu mais fisicamente na empresa, mas sua presença era constante. Ligações para acionistas. E-mails anônimos questionando minha capacidade. Rumores plantados com precisão cirúrgica. Pequenos vazamentos de informações distorcidas para gerar insegurança.Nada grande o suficiente para derrubar.Mas o bastante para desgastar.Eu dormia pouco. Comia menos do que deveria. Cada reunião parecia um julgamento silencioso. Cada assinatura carregava o peso de provar que eu merecia estar ali.Mas eu não estava sozinho.Minha mãe esteve ao meu lado em cada etapa da auditoria. Transparência total. Acesso irrestrito a documentos. Revisão de contratos antigos. Reuniões com investidores estratégicos. Ela não estava apenas me defendendo — estava defendendo o legado do pai dela.Na manhã em que o relatório final ficou pronto, eu senti algo que não senti
NOAHMeu pai nunca foi impulsivo.Ele era paciente. Frio. Metódico.Se estava tentando tomar a empresa de volta, significava que já tinha um plano estruturado — apoio financeiro, influência política, articulações nos bastidores. Henrique nunca apostava sem ter cartas escondidas na manga.Mas ele cometeu um erro.Subestimou minha mãe.Dois dias depois da reunião do conselho, eu estava no escritório dela, portas fechadas, documentos espalhados sobre a mesa.— Ele está tentando reunir acionistas minoritários — falei, apontando para a lista que meu jurídico havia levantado. — Principalmente os que sempre dependeram de favores dele.Cristina assentiu, analisando tudo com calma cirúrgica.— Eu já esperava isso.Ela puxou uma pasta mais grossa, com contratos antigos, acordos societários e documentos que eu nunca tinha visto antes.— Seu pai sempre administrou. Mas nunca foi majoritário. — Ela ergueu o olhar para mim. — As ações com poder de voto continuam no meu nome.Respirei fundo.— Então
NOAHUma semana.Foi tudo o que levou para eu perceber que a ameaça do meu pai não tinha sido só palavras jogadas ao vento para me desestabilizar. Uma semana para entender que Henrique Alvarenga não sabe perder — apenas recuar o suficiente para atacar melhor.Os primeiros dias após a visita dele à empresa foram silenciosos demais. Nenhuma ligação. Nenhuma tentativa direta de contato. Nada. E, para alguém como ele, o silêncio nunca foi sinônimo de paz. Era cálculo.Naquela manhã, saí de casa mais cedo do que o normal. Ella ainda dormia, o rosto sereno apesar de tudo. Fiquei alguns segundos parado ao lado da cama, observando-a respirar, a mão pousada sobre a barriga já levemente arredondada. Aquela imagem era o que me mantinha inteiro.Beijei sua testa com cuidado e saí.Assim que cheguei à empresa, o clima estava… diferente.Não era algo óbvio. Não havia gritos, discussões ou caos aparente. Era pior. Sussurros interrompidos quando eu passava. Olhares que desviavam rápido demais. Pessoa
ELLAA sensação de liberdade durou pouco.Eu ainda estava animada com a liberação médica, com a ideia de poder caminhar um pouco pelo apartamento sem alguém me repreender, quando o dia começou a escurecer por dentro — mesmo com o sol entrando pela janela.Noah demorou mais do que o normal para voltar do trabalho.No começo, tentei não pensar nisso. Ele era CEO agora. Reuniões, problemas, decisões. Eu entendia. Pelo menos, tentava entender. Mas havia algo diferente. Um peso no ar que eu reconhecia bem demais.A mesma sensação que tive antes de tudo dar errado meses atrás.Meu corpo parecia sentir antes da minha mente.Quando a porta finalmente se abriu, eu soube imediatamente que algo tinha acontecido.Noah entrou devagar, largando a pasta no mesmo lugar de sempre, mas sem o gesto automático de vir direto até mim. O rosto estava fechado, os ombros tensos, como se carregasse um fardo invisível.— Amor… — chamei, com cuidado.Ele levantou o olhar, e bastou aquele segundo para eu confirma
ELLATrês meses.Era isso que meu corpo marcava desde a última vez que pisei fora de casa sem medo, sem cálculo, sem alguém me dizendo para sentar, deitar ou respirar fundo. Quase cinco meses de gestação. E, ainda assim, eu me sentia presa em um tempo que não avançava.Eu amava meu bebê com tudo o que existia em mim. Sentia cada pequeno movimento como um lembrete de que eu estava viva, de que havia algo crescendo apesar de tudo. Mas havia dias em que a frustração me engolia.O apartamento, que antes tinha sido meu refúgio, agora parecia pequeno demais. As paredes guardavam silêncios longos, interrompidos apenas pelas mensagens de Noah perguntando se eu estava bem, se precisava de algo, se tinha comido. Ele fazia tudo com tanto cuidado que doía — porque eu sabia que aquele zelo vinha do medo.Do medo de me perder.Do medo de perder o nosso filho.E, acima de tudo, do medo do homem que ainda rondava nossas vidas como uma sombra invisível.Henrique estava solto.Essa verdade nunca deixav
NOAHA manhã começou com uma tentativa de normalidade.Ella estava sentada à mesa, com as mãos envolvendo a xícara de chá que minha mãe tinha recomendado para ajudar nos enjoos. Márcia observava cada movimento da filha com um cuidado quase sufocante, como se o simples ato de respirar pudesse colocar tudo em risco. Eu tentava sorrir, tentar fazer aquele café da manhã parecer apenas isso — um café da manhã comum.Mas nada era comum.Nada seria por muito tempo.— Vai dar tudo certo hoje — Ella disse, percebendo meu silêncio. Seus olhos me procuraram com aquela mistura de força e fragilidade que só ela tinha. — Você não precisa carregar tudo sozinho.Inclinei-me para beijar sua testa, demorando um segundo a mais do que o necessário.— Volto o mais cedo que puder.No caminho até a empresa, tentei organizar a mente. Ser CEO não era apenas um cargo novo. Era uma guerra silenciosa, cheia de decisões que poderiam destruir ou salvar tudo o que minha família construiu — e agora, mais do que nunc
Último capítulo