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Abandono a Mi Novio Infiel

Abandono a Mi Novio Infiel

Tras quedarme embarazada, el último deseo de mi madre, gravemente enferma, fue presenciar mi boda. Después rogarle durante 99 días a mi novio, William Jones, finalmente accedió, aunque yo apenas podía contener la esperanza y el miedo al mismo tiempo. Pero el día de la boda, vestida con mi traje de novia, esperé en el hotel durante todo el día como quien aguarda un milagro que nunca llega. Nunca apareció. La cruel verdad se reveló a la luz cuando alguien descubrió en las redes sociales una foto de su certificado de matrimonio...¡que había publicado un mes antes! Resultó que, un mes antes, ya se había casado con su amiga de la infancia, Carolina Aston. Al enterarse de la noticia, mi madre sufrió una crisis que, lamentablemente, la llevó a la muerte. William me envió un mensaje: “Lo siento, cariño. Carolina se ha torcido el tobillo y tengo que cuidarla.” “¿Qué te parece si volvemos a celebrar la boda el mes que viene? Esta vez te compensaré como te mereces.” Un mes después, William preparó una boda lujosa y grandiosa, esperándome en el hotel con un traje de alta costura. Pero lo único que recibió fue mi informe de aborto, un recordatorio frío y cruel de la traición. En el reverso del informe, solo había una frase: —William, adiós para siempre.
Cuento corto · Romance
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Después de Que el Alfa Fingió Su Muerte, Corté el Vínculo de Compañeros

Después de Que el Alfa Fingió Su Muerte, Corté el Vínculo de Compañeros

Desde que perdí a Carlos, mi Alfa, en una brutal pelea contra unos forasteros despiadados, había estado criando a nuestro pequeño hijo, Felipe, completamente sola. Mi antigua manada había estado presionándome para que tomara un nuevo Alfa, con la finalidad de que Felipe y yo tuviésemos protección. Pero realmente creí que mi vínculo de compañero con Carlos era inquebrantable. Entonces, durante la ceremonia de Luna de Sangre, en el quinto aniversario del «sacrificio» de Carlos, escuché por casualidad a su padre, el viejo Alfa Marco, despotricando contra el silencioso hermano gemelo de Carlos, Román. —¡Carlos! ¡Maldito lobo! ¡Fue Román quien cayó en el Acantilado de la Luna de Sangre hace cinco años! ¡Él era el que estaba maldito! ¿Fingiste tu muerte y viviste como Román, para proteger a Alicia? ¡Le mentiste a toda la manada, a tu compañera sagrada y a tu propia sangre! ¿Valió la pena? Durante cinco años, Elena ha criado a Felipe desde que era un cachorro, completamente sola. Le diste a tu supuesto «sobrino» un «padre» falso, pero ¿alguna vez pensaste que el día que te pusiste la máscara de Román, Felipe perdió a su verdadero padre para siempre? Sentí como si un rayo me hubiera alcanzado. Después de que Carlos «había muerto», Román había sido el tío devoto, «cuidando» de Felipe y de mí. Nunca imaginé que era Carlos disfrazado. ¡¿Hizo todo eso solo para proteger a Alicia, la compañera destinada de Román, que ya estaba embarazada?! Esa noche, bajo la luna brillante, me escabullí y le envié un mensaje a mi primo, el Beta Jefe de la Manada Luna Plateada: «Dile al Alfa Luciano que yo, Elena, acepto su propuesta de cortejo.»
Cuento corto · Hombres Lobo
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Morí y se volvieron locos

Morí y se volvieron locos

Me diagnosticaron lupus eritematoso sistémico, ya en una etapa avanzada. El médico no dejó lugar a dudas: me quedaban tres días de vida. Después de colgarme una vez más —como ya lo había hecho cientos de veces—, entendí que no tenía sentido seguir esperando. Tomé el informe médico y fui directo al servicio funerario social. —Hola... Quisiera arreglar algunos asuntos antes de irme —dije con voz serena. Diez minutos después, llegaron ellos. Antes de que pudiera abrir la boca, mi esposo —abogado, impecable y frío como siempre— me soltó una bofetada sin inmutarse. —¿Inventaste una enfermedad terminal solo para quitarle atención a mi hermana? Mi hermano, médico de profesión, me arrebató el informe, lo hojeó sin cuidado y soltó una risa seca: —¿Lupus? Por favor... Ni siquiera eso supiste fingir. Es una enfermedad rarísima. Aguantando el dolor, volví al mostrador, tomé los papeles y se los entregué con calma. La mujer que me atendió notó las manchas en forma de mariposa en mis muñecas. Sus ojos se suavizaron al instante. —Ya no tengo familia —le dije, en voz baja pero firme—. Solo quiero dejar todo en orden. Que me entierren donde sea... Lo único que pido es que mi muerte no le pese a nadie.
Cuento corto · Romance
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Abandonada Por Mi Alfa Y Nuestros Gemelos

Abandonada Por Mi Alfa Y Nuestros Gemelos

Cuando me vi rodeada por la manada de forasteros lejos de nuestro territorio, intenté contactar a mi pareja, Ricardo, mediante el enlace mental, suplicando ayuda. Sin embargo, él me rechazó quince veces, hasta que finalmente bloqueó el enlace por completo. Al final, me desplomé agotada y perdí el conocimiento, mientras mi loba aullaba desesperada. Cuando desperté en la enfermería, Santiago, el Comandante de la Manada de Hombres Lobo, estaba sentado en silencio a mi lado. Él fue quien recibió mi desesperada llamada mental. Dirigió a sus guerreros, aplastó a los forasteros y me salvó de las garras de la muerte. Al mirar sus ojos preocupados, ya no dudé más, respiré hondo y, con una determinación inquebrantable, dije: —Santiago, he tomado mi decisión. Me iré al Territorio del Norte para entrenar, partiré en dos días. Diez minutos después, Ricardo irrumpió en la habitación con Esperanza, su supuesta hermana adoptiva, y nuestros gemelos detrás. Pateó la puerta y me señaló, gritando con furia helada. —¿Montaste todo este espectáculo solo para opacar a Esperanza? ¿Te das cuenta de cuánta fuerza de los guerreros desperdiciaste, solo para alimentar tu vanidad? ¡No mereces ser una Luna! Mi hijo mayor, Cristóbal, me lanzó una mirada penetrante y se burló. —¿Dónde está la herida, mamá? Te ves perfectamente bien. ¿Fingiste todo esto solo para llamar la atención? Mi hijo menor, Diego, me miró con ojos llenos de decepción. Negó lentamente con la cabeza y susurró. —Mamá, ¿nos mentiste otra vez... solo porque queremos más a Esperanza? Esperanza se aferró a la mano de Ricardo. —Lo siento, Carmen... no volveré a celebrar mi cumpleaños. Por favor... deja de causarle problemas a Ricardo y a los gemelos. Apreté los puños e impedí que Santiago se levantara para defenderme. Los vi marcharse a a los cuatro, sin mirar atrás. Entonces, me volví hacia Santiago y, con gélida claridad, dije: —Esta vez, no tengo dudas ni arrepentimientos. Me iré contigo al Territo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Camino a la iluminacion

Camino a la iluminacion

El día de San Valentín, descubrí que mi cuñada estaba engañando a mi hermano, no soy muy buena comunicándome, no encontré una mejor manera para decirle que escribirle lo que vi. Sin embargo, él me gritó furioso, no pudo aceptarlo, nunca ha confiado en mí, ¿Cómo podría pues creerme? Me grito y diciéndome que me largara, me señalo de destruir su única felicidad, que es solo ella. Más tarde, mi cuñada llamó a su exnovio, quien terminó secuestrándome en un lejano lugar. Se burlo de mí por no hablar y me obligó a vender docenas rosas en el mercado nocturno, odie aquel día. Intenté pedir ayuda a mi hermano, pero él respondió con fastidio: —¿Puedes acaso dejar de fingir? No tengo tiempo para ponerme a jugar a las escondidas contigo. Cuando un camión me atropelló por accidente, mi hermano seguía dulcemente engañado en los brazos de su esposa. Ja, ja. Que ironía. Después de eso, por fin encontré mi liberación, mi verdadero camino comienza ahora. Si reencarno en esta vida o en la otra, quiero tener un hermano diferente, uno que tan siquiera no me deteste estaría más que suficiente.
Cuento corto · Drama Realista
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Lejos De Mi Alfa Y Su Hermanita

Lejos De Mi Alfa Y Su Hermanita

Leah, la hermana adoptiva de Logan, hizo un berrinche monumental durante nuestra fiesta de compromiso; fue un episodio más de su diagnosticada ansiedad por dependencia de cachorra. Pero después de esa noche, le di un ultimátum a Logan: si no lograba formalizar su vínculo antes de que yo cumpliera los treinta años, tendría que elegir: ella o yo. Logan estaba convencido de que jamás lo dejaría. A fin de cuentas, yo me sentía atada por el último deseo de mi madre en su lecho de muerte: quería que me uniera al guerrero hombre lobo que me había amado durante diez años. Diez años juntos. Doce promesas rotas de que mantendría a Leah bajo control. Y entonces llegó mi cumpleaños número veintinueve... nuestra decimotercera fiesta de compromiso. Leah me encerró en el baño, me robó el vestido y se paró junto a Logan ocupando mi lugar. Sonreía, radiante, apropiándose de todo lo que me pertenecía. Cuando por fin logré salir, mi vestido estaba hecho trizas. Encaré a Logan, pero él se limitó a decir: —Alison, por favor, perdónala. Te juro que esta es la última vez. Bajé la mirada hacia el vestido destrozado que mi madre había cosido entre dolores y enfermedad... y reí. Logan suspiró aliviado, pensando que lo dejaría pasar una vez más. Pero no fue así. Me di la vuelta y me marché sin decir una sola palabra. Tras una década juntos, él creía que yo le pertenecía. Pues estaba muy equivocado. No sabía que existía alguien más capaz de darme la felicidad y cumplir el deseo de mi madre.
Cuento corto · Hombres Lobo
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La Hija que Desearon No Haber Tenido

La Hija que Desearon No Haber Tenido

Antes de cumplir dieciocho, yo era la princesa adorada de la familia Moretti. Todo eso cambió en mi cumpleaños número dieciocho, cuando mi padre llegó a casa con una niña huérfana llamada Carina. —Ella necesita un hogar —dijo mi padre—. Tú la cuidarás, como a una hermana. A partir de ese instante, nada volvió a ser igual. Mi hermano, que antes me consentía, se volvió frío y distante. Y mi prometido… su amor por mí pareció reducirse de la noche a la mañana. La familia elogió a Carina por su dulzura y obediencia, asegurando que era una hija mucho mejor que yo, su propia sangre. Después de que me relegaron por Carina demasiadas veces, al final me quebré y agarré la manga de mi padre. —¿Acaso la sangre no significa nada? —pregunté. La furia de mi padre estalló. Protegió a Carina, con el rostro empapado en lágrimas, y delante de todos los miembros de la familia me abofeteó. —Basura egoísta. Ojalá nunca te hubiera tenido —escupió. —Traes vergüenza a esta familia —dijo mi hermano Marco con voz fría como un acero—. Lárgate. Y mi prometido, Vicente, me miró con decepción: —Si tan solo desde el principio me hubiera comprometido con Carina… —murmuró. Creyeron que me arodillaría a sus pies, como siempre hacía. Pero no dije nada. Caminé hasta la caja fuerte familiar, saqué los documentos oficiales y tracé una sola línea sobre mi nombre. Me quité el anillo de compromiso del dedo y lo puse en la mesa. Les di a Carina todas las cosas que ellos pensaban que yo no merecía. Al fin y al cabo, me quedaban solo unos pocos días de vida. Pero entonces no sabían que, en medio de la ruina de la familia Moretti, algún día se arrodillarían bajo la lluvia y suplicarían por mi regreso.
Cuento corto · Mafia
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Lo que no sabes

Lo que no sabes

Saúl Morales y Patricia Romero habían sido una bonita pareja por muchos años. Pero en un giro trágico del destino, Saúl perdió su vista y Patricia desapareció. Dos años después, los dos volvieron a encontrarse, y Saúl finalmente se enteró de la verdadera razón de la desaparición de Patricia.
Cuento corto · Romance
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Mi Dulce Venganza en Wall Street

Mi Dulce Venganza en Wall Street

La fiesta de mi compromiso con Eduardo, un magnate del mundo financiero, tuvo lugar en Las Vegas. Todo marchaba de maravilla hasta que decidimos jugar verdad o reto. Una compañera de trabajo de Eduardo me clavó la mirada. —Espero un bebé, y el padre es tu futuro esposo. El lugar se llenó de risas. Todos creyeron que se trataba de una broma, todos menos Eduardo. Una vez que terminó la celebración y volvimos a casa, noté que estaba muy nervioso. —Julia realmente está esperando un hijo mío —confesó—. No te confundas, entre nosotros solo hay una relación fraternal. Ese día nos encontrábamos en un viaje de trabajo, acompañando a un cliente que acabó completamente ebrio, y sin querer terminamos teniendo relaciones. Ella pertenece a una familia aristocrática británica, le importa mucho mantener su reputación intacta y jamás se casaría conmigo. Su única intención es tener al bebé y criarlo por su cuenta. —¿Y ahora qué va a pasar? —Como voy a ser padre, tengo que asumir mi responsabilidad. Entre semana me quedaré en el departamento que le alquilé para acompañarla durante el embarazo, y los sábados y domingos volveré a casa. Tendremos que aplazar nuestra boda por un tiempo. Una vez que nazca el bebé, entonces podremos realizar la ceremonia. Esbocé una sonrisa forzada. Al parecer ya tenía todo resuelto. Simplemente había venido a informarme de su decisión. Él suspiró con alivio, tomó su maleta Rimowa y se marchó sin mirar atrás. Me limpié las lágrimas y comencé a guardar todos los recuerdos de nuestra relación. De pronto, mi celular comenzó a sonar. La voz al otro lado sonaba alterada y llena de emoción. —Mariana, la verdad es que te amo perdidamente. No te cases con él, cásate conmigo. Me quedé sin palabras por un instante y le contesté: —De acuerdo.
Cuento corto · Romance
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La alegría que escondí en silencio

La alegría que escondí en silencio

El escándalo más sonado del año en la Universidad de Ríoalto estalló de golpe, sin advertencia alguna: ¡un video íntimo de Elsa circulaba por el grupo general del campus! Grabado en la suite presidencial de un hotel de lujo, el clip la mostraba completamente expuesta, atada de manos a los brazos de un hombre mucho mayor que ella, con la espalda contra un enorme ventanal y una atmósfera cargada de sonidos inconfundibles que no dejaban lugar a dudas.
Cuento corto · Romance
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