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Me dejó de importar, y él perdió el control

Me dejó de importar, y él perdió el control

—Lo siento, Cloe. ¡Realmente tengo una emergencia! Después de diez años de relación, mi pareja, el Alfa Aiden Rothschild, puso una nueva excusa diciendo que tenía que resolver asuntos de la manada y se marchó a mitad de nuestra cena a la luz de las velas. Horas más tarde, vi una publicación de Lana, el amor de juventud de Aiden, en las redes sociales. En la foto, Aiden le sostenía el pie con delicadeza. «Me torcí el tobillo mientras limpiaba el techo, y, aunque mejoró rápidamente, Aiden vino corriendo en cuanto se enteró. Siempre estás ahí cuando te necesito, sin importar qué. ¡Definitivamente, soy la mujer más afortunada!» En el pasado, sin lugar a dudas, lo habría confrontado Aiden con furia, solo para que me regañara por ser irracional. Sin embargo, esta vez terminé mi comida en silencio, completamente entumecida. Le había prometido a mi mentora que pronto partiría para una misión de sanación en un lugar apartado del Territorio del Norte. Cuando subí al coche para abandonar la manada e intenté despedirme de Aiden por última vez, recibí un video de Lana, en el que aparecían Aiden y ella jugando a Verdad o Reto, llamándose «bebé» el uno al otro. Me sequé las lágrimas y simplemente respondí: «No te preocupes. Diviértanse esta noche.» Sin embargo, Aiden entró en pánico, y tenía los ojos rojos cuando me envió un mensaje: «Cloe, ¿por qué no te enfadas después de ver eso? ¿¡Acaso ya no me amas!?» Luego, intentó confrontarme en persona, solo para darse cuenta de que no podía encontrarme por ninguna parte. Ese día, se derrumbó por completo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Los míos se fueron saltando

Los míos se fueron saltando

El día que le propuse el divorcio, Henry Novak no pudo esperar para poder firmar el papel de la separación conmigo. Hace cinco años, yo lo había disque obligado a casarse conmigo. Ahora, por fin, ya era libre. Pero el día que oficialmente nos divorciamos, Henry llegó acompañado de Ramona Girard, "su lucecita", como bien solía llamarla. Pero expresión reflejaba una mezcla de alegría hacia ella y burla hacia mí. —Nola Savic, hasta alguien como tú puede tener un día tan patético como este. Lo observe desaparecer de mi vista. ¿Patético? Nunca más me rebajaría.
Cuento corto · Romance
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Mi Alfa Y Mi Madre Me Abandonaron En Un Océano De Fuego

Mi Alfa Y Mi Madre Me Abandonaron En Un Océano De Fuego

El día antes de la ronda final para la selección de beta, me envenenaron con acónito y me encerraron dentro de mi casa en llamas. El fuego se extendió demasiado rápido, y mi estado debilitado me impidió transformarme. Mi loba, Camila, gritaba en mi mente, pero no pude escapar, aunque arañé la puerta mientras las llamas quemaban mi piel. Cuando me rescataron, mi cuerpo estaba cubierto de quemaduras, mi piel en carne viva y desgarrada. Afuera de la sala de operaciones, escuché a mi madre sollozar, repitiendo. —Es mi culpa... cerré la puerta por accidente... nunca quise... El Alfa Diego, mi compañero, les pidió a todos los sanadores que me restauraran, pero sus frías palabras hacia mi madre fueron escalofriantes. —Si Sofia no fuera tan vanidosa y egoísta, no habría tenido que hacer esto. Valentina estaba frágil, luchando contra la depresión, y aun así, Sofia alardeaba de su éxito frente a ella. Así que Sofia le debe esto. Las acciones de Diego tenían como objetivo allanar el camino para que Valentina se convirtiera en beta, pero yo fui quien sufrió. Él afirmaba estar tratándome bien, pero destruir mi salud y mi futuro no se sentía como cuidarme. Presioné mi mano contra mi pecho vendado, mientras el entumecimiento se extendía. Camila gruñó dentro de mí, debilitada por el acónito. Ya no quería el amor de la madre que me había traicionado, ni del compañero que se suponía debía protegerme. Ya no quería nada de ellos, nunca más.
Cuento corto · Hombres Lobo
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De su chica a la princesa de la mafia

De su chica a la princesa de la mafia

En el Upper East Side de Nueva York vivían dos herederos: uno, un fanático de la velocidad que se adueñaba de las pistas de carreras; el otro, un genio de las finanzas que movía capitales a su antojo. Venían de familias igual de poderosas y, aunque sus personalidades eran opuestas, crecieron juntos y cada uno veía en el otro a su único amigo incondicional. Se habían peleado por mujeres, habían discutido a gritos por apuestas en las carreras... y aun así, a los quince años coincidieron por primera y única vez en algo: llevar colgado un pin de cobre sencillo, con una "M" grabada de forma apenas visible en la parte trasera. Era una pieza que Mía había hecho casi sin pensar, en una clase de manualidades, sin que nadie en el salón supiera quién era en realidad. Ellos, en cambio, llevaron ese pin durante diez años. Ni en un podio de Fórmula 1, ni cerrando una inversión millonaria en la Bolsa... jamás se lo quitaron. Hasta que apareció Elena. La hija consentida de un nuevo magnate, que les cosió a mano un parche de tela con hilo dorado. Simple, como esos que en un tianguis o feria venden tres por un dólar. Pero, sin decir una palabra, ambos se quitaron el pin de cobre y se pusieron el parche nuevo. Mía no comentó nada. Solo guardó en silencio una vieja fotografía de ellos que había recortado de un periódico. Esa noche, llamó a su padre en Sicilia. Su voz sonó tranquila, firme: —Papá... acepto la alianza matrimonial.
Cuento corto · Mafia
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De Simple Sustituta a Marca del Alfa

De Simple Sustituta a Marca del Alfa

—Padre, acepto la alianza matrimonial con la Manada Bosque Negro. Hubo un largo silencio al otro lado del enlace antes de que finalmente respondiera: —Caterina, ¿estás segura? —Sí. No le dije la verdadera razón. La noche anterior, una agonía desgarradora se apoderó de nuestro vínculo de compañeros destinados. A través de ese maldito vínculo, lo vi todo... Mi compañero, el Alfa Rocco, estaba en la cabaña de sus terrenos privados de caza, empujando a su amiga de la infancia, Scarlett, contra la pared y besándola con desesperación. En la reunión de la manada, me enfrenté directamente a Scarlett y un destello de triunfo se comenzó a ver en sus ojos antes de que comenzara a fingir inocencia. —Caterina, no tengo idea de lo que estás hablando. Justo entonces, la voz de Rocco resonó a través del enlace mental abierto, alcanzando las mentes de todos los presentes. —Caterina, como Luna de la manada, no deberías hacer una escena así. Scarlett solo es una amiga. En ese momento, mi corazón murió por completo. Él era mi Alfa, mi esposo, el hombre al que había ayudado a ascender al poder durante años. Rompí mi enlace mental con Rocco. El dolor de la desconexión forzada fue tan intenso que apenas podía mantenerme en pie, pero enderecé mi espalda y le envié mi respuesta. —Volveré a casa en dos semanas. “Volveré a casa y me casaré con el Alfa más poderoso de América del Norte.” Pensé. Decían que era frío y despiadado, inmune a cualquier loba, lo cual era perfecto para mí. No necesitaba amor. Solo necesitaba a un Alfa lo suficientemente fuerte como para ayudarme a asegurar la Manada Luna Plateada. Y, ¿qué iba a pasar con Rocco? La Diosa Lunar nos dio un destino, y él lo destruyó con sus propias manos. A partir de ese momento, tomaría el mío.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mi Hermano Alfa Rogó por Mi Perdón

Mi Hermano Alfa Rogó por Mi Perdón

Mi hermano era el Alfa de la Manada Luz de Luna, y yo debí haber sido la loba más feliz de toda la manada. Pero Selena Rivera, la compañera destinada de mi hermano, me acusó de acosarla. En un ataque de ira, mi hermano, la única familia que me quedaba en este mundo, me envió al Centro de Rehabilitación de la Manada, un lugar para criminales menores de edad y lobos delincuentes. Durante dos años, sufrí diferentes tipos de abusos, hasta que perdí mi capacidad de transformación de manera permanente, convirtiéndome en la hermana dócil que él quería. Pero, cuando descubrió que había perdido mi loba interior y me había convertido en una verdadera Omega, enloqueció. —Cielo, por favor, ¡solo dime hermano una vez más!
Cuento corto · Hombres Lobo
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Esta vez seguro que la salvo

Esta vez seguro que la salvo

Mi esposo trabajaba en la torre de control de un aeropuerto coordinando la llegada y salida de las aeronaves. Y yo era una piloto de avión. En el pasado y durante una tormenta eléctrica, mi hija tuvo tanto miedo del vuelo que sufrió un ataque cardíaco. Contacté a mi esposo para realizar un aterrizaje prioritario, y el avión que yo pilotaba fue el primero en aterrizar. El resultado fue que el avión donde viajaba, su amorcito, Nicole, también estaba pidiendo aterrizaje, y como no pudo hacerlo a tiempo, este fue alcanzado por un rayo y se estrelló, matando a todos a bordo. Mi esposo a partir de esto se le veía distante y siempre con rabia, pero en el cumpleaños de nuestra hija, algo cambió, al parecer decisión cobrar venganza. Cerró entonces la puerta con llave, encerrándonos a ella y a mí en casa. Y luego, nos prendió candela. —¡Si no hubieras usado tus influencias para aterrizar primero, el avión de Nicole no habría sufrido ese accidente! —Esa mocosa no estaba enferma ese día, ¿verdad? ¡Todo esto fue porque estabas celosa de Nicole y querías deshacerte de ella! ¡Por tu culpa murieron cientos de personas inocentes! Atrapadas y sin salida, mi hija y yo morimos en agonía, consumidas por las llamas. Cuando abrí los ojos de nuevo, volví al día en que piloteaba el avión y mi hija estaba teniendo el paro cardiaco. Pero esta vez, fue diferente y mi esposo cortó toda comunicación desde la torre con el avión que yo tripulaba. Pero cuando se enteró de que nuestra hija había muerto… perdió por completo la cordura.
Cuento corto · Drama Realista
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Diez Dólares, Dos Vidas

Diez Dólares, Dos Vidas

Últimamente, en la Manada Luna de Sangre no se habla de otra cosa: el Alfa, Gael Ibarra, decretó que en la Casa del Alfa nadie puede gastar más de diez dólares al día. Sí, diez miserables dólares. Y lo peor: esa regla absurda no vino de ninguna tradición ni consejo de ancianos, sino de su flamante “planificadora financiera”, Lía Rosales. Yo, la Luna, por gastar apenas un dólar de más en medicina, fui arrastrada al patio y condenada a veinte latigazos. Con apenas dos golpes, ya sentía la piel desgarrada y la falda pegada a la sangre. Mi asistente corrió hacia mí, desesperada, llorando: —¡Basta, por favor! ¡La Luna está delicada, no puede soportar un castigo así! Pero Lía levantó el brazo con más saña: —¡Veinte por un dólar de más! Eso fue lo que me prometió el Alfa. ¿Quién se atreve a desobedecer? Me abracé el vientre, jadeando, y con la voz hecha un susurro logré decir: —Llamen… al Alfa… Gael llegó rodeado de su séquito. Cuando sus ojos vieron mi espalda hecha un mapa de sangre, brilló en ellos algo que parecía compasión. —Lía, basta ya —ordenó. Ella lo miró con lágrimas contenidas: —Cuando me trajiste, dijiste que todos iban a obedecerme. Ni siquiera he usado la fuerza. ¿Ahora te vas a echar atrás? Dio media vuelta, ofendida. Gael le sostuvo el brazo y murmuró con cansancio: —Está bien… yo no me meto. No te desgastes. Que sigan los guardias. El cuero siguió azotando mi carne hasta abrirla en carne viva. Un calor tibio se desbordó entre mis piernas y, sin entender por qué, solté una risa quebrada que me llenó los ojos de lágrimas. Al día siguiente, cuando por fin Gael se acordó de mí y mandó llamar a la sanadora, encontró a mi asistente destrozada, abrazada a mi cadáver. —Luna… ¿cómo pudiste irte así? —sollozaba—. Dos vidas… dos vidas…
Cuento corto · Hombres Lobo
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No más tu falso amor ni ser la sustituta de Luna

No más tu falso amor ni ser la sustituta de Luna

Soy la Omega que el Alfa Carlos recogió de una zona de exilio en la frontera. Después de convertirnos en pareja, me colmó de cariño sin importarle lo que pensaran los demás. Todos decían que el frío y temido Alfa Carlos tenía a una Omega vagabunda en la palma de su mano, desafiando la voluntad de la Diosa Luna. Yo también llegué a pensar que me amaba tanto, que no podía evitar proclamarle al mundo entero su devoción por mí. Hasta que un día, por casualidad, escuché su conversación con su asistente: —Como Alfa del Este, con diez manadas bajo mi mando y tantos enemigos al acecho, si no convierto a Margarita en mi punto débil, en mi única debilidad aparente, ¿cómo voy a garantizar la seguridad de Fiona? Resulta que todas las heridas que sufrí por él… no fueron más que una burla. Si es así, dejaré de ser la Luna del Este. El último día del conteo regresivo, marqué un número: —Acepto su invitación. Estoy dispuesta a ir a la zona fronteriza para realizar investigaciones de hierbas durante los próximos diez años... Cuando descubrió que me había ido, Carlos llegó con los ojos enrojecidos, tragándose su orgullo. —Margarita... ¿de verdad vas a dejarme?
Cuento corto · Hombres Lobo
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Nunca te decepcionaré

Nunca te decepcionaré

Tras cinco años de matrimonio sin sexo, me llegó un mensaje de una reserva de hotel de mi esposo con otra mujer. Al segundo siguiente, alguien envió al grupo de chat del trabajo varias fotos en las que aparecía yo con ropa sensual para seducir a mi esposo, quien me rechazó con frialdad. Seguidamente, aparecieron comentarios burlones: "Esta mujer obligó al CEO, Javier Cano, a casarse con ella, pero él mantuvo su pureza después de dejar a su verdadero amor." "El CEO la aguantó cinco años, es comprensible que no pueda aguantar más y se reencuentre con su amada." Mi padre, ya de por sí enfermo, no soportó las noticias y falleció, pero mi esposo ni siquiera apareció en su funeral. Esa noche, me arrodillé frente la madre de Javier y le propuse nuestro divorcio. -Al principio, usted dijo que yo era la persona destinada para Javier, que casarnos le aseguraría un futuro brillante, y acepté al acuerdo de cinco años porque usted aceptó pagar voluntariamente un tratamiento médico de precio exorbitante. Ya que el plazo se ha cumplido, debe dejarme ir.
Cuento corto · Romance
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