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Justicia de una Madre: Venganza y Poder

Justicia de una Madre: Venganza y Poder

Se iba a celebrar el día de la familia en el Jardín Infantil Estrellitas, al que van mis hijos. Mi esposo, Mateo, nos dijo a mi hija y a mí que le era imposible ir por asuntos de trabajo. Además, también nos dijo que nosotros tampoco fuéramos, por alguna razón. Pude haber cedido, pero cuando vi la cara de completa decepción de mi hija, Lilia, se me rompió el corazón. Aunque él no fuera, decidí llevar a mi hija y acompañarla. Apenas entramos al jardín de niños, vi a Mateo, sosteniendo a un bebé en su hombro, mientras con la otra mano agarraba a su amiga de la infancia, Renata. Parecían una verdadera familia: los tres juntos, charlando y riendo, en completa armonía. Solo cuando nos vio a mí y a Lilia, Mateo soltó la mano de Renata. —Selena, por favor, lo malinterpretes —dijo él. —Renata está criando a su hijo sola, no la tiene fácil. Hoy es el cumpleaños número cinco del niño y quería que sintiera lo que es tener una figura paterna. Solo con mi mirada le dije todo lo que tenía que decir. Me agaché y tomé la pequeña mano de mi hija. —Cariño, dile hola al tío Mateo.
Cuento corto · Romance
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Su Arrepentimiento, Mi Trono

Su Arrepentimiento, Mi Trono

Fui el secreto del Alfa Adrián durante ocho años. Tuvo que llegar el centenario de su abuelo para que finalmente nos llevara a nuestro hijo, Gael, y a mí al territorio de la manada. Juró que los Ancianos de la manada por fin nos habían dado su bendición. Nuestro hijo, lleno de emoción, saltaba en la cama con la medalla de campeón de su torneo juvenil de combate entre las manos. Había luchado con uñas y dientes para ganarla, solo para hacer sentir orgulloso a su padre. Pero en cuanto pusimos un pie en los terrenos de la Mansión Monteverde, lo vimos. Adrián, con los brazos enredados alrededor de una loba rubia, la besaba con intensidad. Con una sonrisa, la presentó: —Mi compañera, Sofía. Gael corrió hacia él para enfrentarlo, apuntando con el dedo la marca de mordida que tenía en mi cuello. —¡Esa es la marca que papá le dio a mamá! ¡Todos la pueden ver! Pero el Anciano Principal de la manada dio un paso al frente. Después de una mirada superficial, soltó una mueca de desprecio. —Un truco ingenioso de magia de sangre. —Dijo con frialdad. —Puede imitar el aroma, pero carece de la conexión profunda del alma que tiene un verdadero vínculo de compañeros. Cualquier lobo con experiencia puede verlo. Me giré hacia Adrián, con el cuerpo completamente paralizado. Él apartó la mirada de mí y acarició con ternura la verdadera marca en el cuello de Sofía, la cual brillaba con un resplandor plateado bajo la luz de la luna. —La Manada Monteverde no aceptará a una mestiza que ni siquiera puede transformarse. —Declaró. —La única digna de estar a mi lado es Sofía. Lo miré, y una risa amarga escapó de mis labios. Pensar que había reprimido mi propia sangre Real Alfa por un hombre como ese...
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mi nuevo amor es  mejor que mi ex

Mi nuevo amor es mejor que mi ex

Después de cinco años de matrimonio, por fin quedé embarazada. En un principio, quise darle una sorpresa a Alejandro Montero llevándolo conmigo al hospital, pero él siempre había sido una persona distante y fría, quien constantemente expresaba su aversión por los hospitales. Yo lo entendía y lo aceptaba tal como era, pero nunca imaginé que él también me daría una sorpresa: lo encontré en el hospital acompañando a una compañera recién contratada durante su examen médico. En ese momento, supe que nuestro amor había llegado a su fin. —¿Es tu amor platónico de la universidad, verdad? Les deseo lo mejor —me despedí de él con esas palabras. —No puedo vivir sin ti —me respondió con los ojos llorosos.
Cuento corto · Romance
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Diez Dólares, Dos Vidas

Diez Dólares, Dos Vidas

Últimamente, en la Manada Luna de Sangre no se habla de otra cosa: el Alfa, Gael Ibarra, decretó que en la Casa del Alfa nadie puede gastar más de diez dólares al día. Sí, diez miserables dólares. Y lo peor: esa regla absurda no vino de ninguna tradición ni consejo de ancianos, sino de su flamante “planificadora financiera”, Lía Rosales. Yo, la Luna, por gastar apenas un dólar de más en medicina, fui arrastrada al patio y condenada a veinte latigazos. Con apenas dos golpes, ya sentía la piel desgarrada y la falda pegada a la sangre. Mi asistente corrió hacia mí, desesperada, llorando: —¡Basta, por favor! ¡La Luna está delicada, no puede soportar un castigo así! Pero Lía levantó el brazo con más saña: —¡Veinte por un dólar de más! Eso fue lo que me prometió el Alfa. ¿Quién se atreve a desobedecer? Me abracé el vientre, jadeando, y con la voz hecha un susurro logré decir: —Llamen… al Alfa… Gael llegó rodeado de su séquito. Cuando sus ojos vieron mi espalda hecha un mapa de sangre, brilló en ellos algo que parecía compasión. —Lía, basta ya —ordenó. Ella lo miró con lágrimas contenidas: —Cuando me trajiste, dijiste que todos iban a obedecerme. Ni siquiera he usado la fuerza. ¿Ahora te vas a echar atrás? Dio media vuelta, ofendida. Gael le sostuvo el brazo y murmuró con cansancio: —Está bien… yo no me meto. No te desgastes. Que sigan los guardias. El cuero siguió azotando mi carne hasta abrirla en carne viva. Un calor tibio se desbordó entre mis piernas y, sin entender por qué, solté una risa quebrada que me llenó los ojos de lágrimas. Al día siguiente, cuando por fin Gael se acordó de mí y mandó llamar a la sanadora, encontró a mi asistente destrozada, abrazada a mi cadáver. —Luna… ¿cómo pudiste irte así? —sollozaba—. Dos vidas… dos vidas…
Cuento corto · Hombres Lobo
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Me negó en el rito de marca, ahora se arrepiente

Me negó en el rito de marca, ahora se arrepiente

En el sexto año de amar a Diego, le pregunté: —Diego, ya casi es julio… ¿no deberíamos hacer la ceremonia de marca? Se quedó inmóvil. Bajó la mirada con el gesto tenso, como si le costara trabajo encontrar las palabras. —Fiona, tú sabes que soy el Alfa de la Manada Bosque… y últimamente todo está muy complicado allá. No tengo cabeza para pensar en la ceremonia ahora… —Está bien. Diego, como era de esperarse, había olvidado nuestra promesa. Sonreí con calma, sin sorpresa. Aunque llevaba días preparando en silencio esa ceremonia, ya me había entrenado para resistir la decepción. Que olvidara algo tan importante solo confirmaba lo que en el fondo ya sabía: que para él, yo nunca fui tan esencial. Y si así eran las cosas… entonces era mejor irme.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mi vida al lado del hipocrita

Mi vida al lado del hipocrita

—Señorita Aliotti, usted ya ha pasado por seis intentos de fecundación in-vitro para quedar embarazada. ¿De verdad quiere abortar? ¿El señor Hester también está de acuerdo? —Por él no se preocupe. Yo estoy segura, él también estará de acuerdo —la voz de Bellona Aliotti sonaba cansada después de una noche sin dormir, pero mantenía un matiz de voluntad inquebrantable. —La cirugía para interrumpir el embarazo será dentro de una semana. Vaya coincidencia que dentro de una semana sería su aniversario con Roberto Hester. Pero quizás así era lo mejor. Que todo termine desde donde todo comenzó. Con el pasaje de avión ya reservado, Bellona deslizó con tristeza su mano sobre su estómago, donde una vida en formación crecía dentro de ella. Por cinco años, había esperado con ansias este momento. Pero nunca se imaginó que, el día en que aquel sueño finalmente se hizo realidad, sería ella misma quien dijese que no.
Cuento corto · Romance
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Los míos se fueron saltando

Los míos se fueron saltando

El día que le propuse el divorcio, Henry Novak no pudo esperar para poder firmar el papel de la separación conmigo. Hace cinco años, yo lo había disque obligado a casarse conmigo. Ahora, por fin, ya era libre. Pero el día que oficialmente nos divorciamos, Henry llegó acompañado de Ramona Girard, "su lucecita", como bien solía llamarla. Pero expresión reflejaba una mezcla de alegría hacia ella y burla hacia mí. —Nola Savic, hasta alguien como tú puede tener un día tan patético como este. Lo observe desaparecer de mi vista. ¿Patético? Nunca más me rebajaría.
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Me dejó de importar, y él perdió el control

Me dejó de importar, y él perdió el control

—Lo siento, Cloe. ¡Realmente tengo una emergencia! Después de diez años de relación, mi pareja, el Alfa Aiden Rothschild, puso una nueva excusa diciendo que tenía que resolver asuntos de la manada y se marchó a mitad de nuestra cena a la luz de las velas. Horas más tarde, vi una publicación de Lana, el amor de juventud de Aiden, en las redes sociales. En la foto, Aiden le sostenía el pie con delicadeza. «Me torcí el tobillo mientras limpiaba el techo, y, aunque mejoró rápidamente, Aiden vino corriendo en cuanto se enteró. Siempre estás ahí cuando te necesito, sin importar qué. ¡Definitivamente, soy la mujer más afortunada!» En el pasado, sin lugar a dudas, lo habría confrontado Aiden con furia, solo para que me regañara por ser irracional. Sin embargo, esta vez terminé mi comida en silencio, completamente entumecida. Le había prometido a mi mentora que pronto partiría para una misión de sanación en un lugar apartado del Territorio del Norte. Cuando subí al coche para abandonar la manada e intenté despedirme de Aiden por última vez, recibí un video de Lana, en el que aparecían Aiden y ella jugando a Verdad o Reto, llamándose «bebé» el uno al otro. Me sequé las lágrimas y simplemente respondí: «No te preocupes. Diviértanse esta noche.» Sin embargo, Aiden entró en pánico, y tenía los ojos rojos cuando me envió un mensaje: «Cloe, ¿por qué no te enfadas después de ver eso? ¿¡Acaso ya no me amas!?» Luego, intentó confrontarme en persona, solo para darse cuenta de que no podía encontrarme por ninguna parte. Ese día, se derrumbó por completo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mi Corazón, Su Pasatiempo

Mi Corazón, Su Pasatiempo

Mi hermano estaba en una fiesta fuera de casa, así que fui a recogerlo. Fue entonces cuando lo escuché preguntarle a Camilo Santos: —¿No estabas saliendo alguien, una novia? ¿Por qué no la he conocido en todo este tiempo? De repente me puse nerviosa. Llevaba tres años saliendo con Camilo, siempre lo mantuvimos en secreto. Nadie lo sabía. —Ella no es una novia —respondió Camilo, con voz despreocupada—. Es solo un pasatiempo, de todos modos no planeo casarme. Apreté los puños y empujé la puerta para abrirla.
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Mi Alfa Y Mi Madre Me Abandonaron En Un Océano De Fuego

Mi Alfa Y Mi Madre Me Abandonaron En Un Océano De Fuego

El día antes de la ronda final para la selección de beta, me envenenaron con acónito y me encerraron dentro de mi casa en llamas. El fuego se extendió demasiado rápido, y mi estado debilitado me impidió transformarme. Mi loba, Camila, gritaba en mi mente, pero no pude escapar, aunque arañé la puerta mientras las llamas quemaban mi piel. Cuando me rescataron, mi cuerpo estaba cubierto de quemaduras, mi piel en carne viva y desgarrada. Afuera de la sala de operaciones, escuché a mi madre sollozar, repitiendo. —Es mi culpa... cerré la puerta por accidente... nunca quise... El Alfa Diego, mi compañero, les pidió a todos los sanadores que me restauraran, pero sus frías palabras hacia mi madre fueron escalofriantes. —Si Sofia no fuera tan vanidosa y egoísta, no habría tenido que hacer esto. Valentina estaba frágil, luchando contra la depresión, y aun así, Sofia alardeaba de su éxito frente a ella. Así que Sofia le debe esto. Las acciones de Diego tenían como objetivo allanar el camino para que Valentina se convirtiera en beta, pero yo fui quien sufrió. Él afirmaba estar tratándome bien, pero destruir mi salud y mi futuro no se sentía como cuidarme. Presioné mi mano contra mi pecho vendado, mientras el entumecimiento se extendía. Camila gruñó dentro de mí, debilitada por el acónito. Ya no quería el amor de la madre que me había traicionado, ni del compañero que se suponía debía protegerme. Ya no quería nada de ellos, nunca más.
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