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El Día De Su Boda, Perdí Al Hijo Del Magnate

El Día De Su Boda, Perdí Al Hijo Del Magnate

León Vincent, el magnate de Wall Street, me crió. Hace doce años, un incendio arrasó con el orfanato y me lo quitó todo. Fue él quien me sacó de las llamas, dándome una nueva oportunidad. Para agradecerle, firmamos un contrato de 99 favores. Cada vez que cumplía uno, la deuda se iba saldando. Cada vez que salía con alguna de las chicas de la alta sociedad, dejaba una joya carísima en mi caja de seguridad. En los dos años después de cumplir los 18, la caja ya estaba llena con 96 diamantes. Eso significaba que me había dejado 96 veces. Un día, recibí un correo de su prometida, Elina Harrington. "Querida Isabela, ¿qué opinas de la invitación para la boda de León? ¿El terciopelo dorado o el cuero mate se ven más elegantes? La boda será a principios del próximo mes, espero verte allí." Poco después, León me llamó. Necesitaba que le ayudara a preparar las maletas para su viaje a París, donde tenía una cumbre importante. No hice preguntas. Solo envié el regalo de boda que ya tenía listo: un collar de esmeraldas, un detalle valioso para su prometida, Elina Harrington. Esa misma noche, León regresó a su apartamento, se enteró del regalo y me agradeció por ser tan atenta. Luego me abrazó con ternura, dejando atrás todo lo que nos separaba, y me dijo que quería recompensarme con algo más... algo más íntimo. Esa vez... quedé embarazada. No sé cómo, pero Elina lo supo al instante. Apareció en la terraza de la mansión Vincent, gritando que se iba a tirar. —¡León, por favor! ¡No dejes que tenga ese niño! ¡Si lo hace, me tiro desde aquí! León, tan altivo como siempre, me sorprendió al suplicarme... me suplicó que abortara. Con todos los invitados pendientes de mi reacción, como esperando que me desmoronara, solo asentí con calma. —Está bien, lo haré. Él me susurró al oído: —Este matrimonio es solo un negocio. No me gusta ella. Cuando nos divorciemos, podrás tener otro hijo. Lo que él no sabía es que, en realidad, no tenía intención de quedarme con ese bebé. Quedaban tres favores, y la deuda—esa que me sacó del fuego hace años—quedaba saldada. El número 99 llegó cuando subí al barco rumbo a África, donde comenzaría mi investigación médica. A partir de ese momento, mi vida sería solo mía.
Cuento corto · Romance
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Mi Madre Salvó a Mi Gemela y Me Dejó Morir

Mi Madre Salvó a Mi Gemela y Me Dejó Morir

En nuestro pueblo había una vieja costumbre. Cuando una familia tenía gemelas, la mayor debía recibir el castigo para que la menor aprendiera al verla sufrir. Solo así, decían, podían educarlas bien y lograr que ambas crecieran sanas y salvas. Yo nací cuatro minutos antes que Anita Rojas, mi hermana, así que me tocó servir de escarmiento. Cuando ella se escapó para nadar en el río, mamá no la reprendió. En cambio, me sujetó de la cabeza y me hundió una y otra vez en el agua. Solo me soltó cuando Anita, aterrada y entre lágrimas, prometió que nunca volvería al río. Otra vez, Anita se olvidó de poner a cocer la pasta. Cuando mamá regresó del trabajo y vio que seguía cruda, me puso un plato delante. —Cómetela toda. No dejes nada. La pasta cruda me lastimó la boca hasta hacerme sangrar. Durante todo ese tiempo, mamá no apartó la vista de Anita. Cuando por fin la vio llorar, retiró el plato, satisfecha. Durante dieciséis años, serví de escarmiento. Hasta que una alerta roja por huracán obligó a evacuar todo el pueblo en plena noche. Anita, que se había quedado pasando el rato con sus compañeros hasta muy tarde, regresó empapada y sonriente, como si nada hubiera pasado.
Cuento corto · Drama Realista
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Me dejó de importar, y él perdió el control

Me dejó de importar, y él perdió el control

—Lo siento, Cloe. ¡Realmente tengo una emergencia! Después de diez años de relación, mi pareja, el Alfa Aiden Rothschild, puso una nueva excusa diciendo que tenía que resolver asuntos de la manada y se marchó a mitad de nuestra cena a la luz de las velas. Horas más tarde, vi una publicación de Lana, el amor de juventud de Aiden, en las redes sociales. En la foto, Aiden le sostenía el pie con delicadeza. «Me torcí el tobillo mientras limpiaba el techo, y, aunque mejoró rápidamente, Aiden vino corriendo en cuanto se enteró. Siempre estás ahí cuando te necesito, sin importar qué. ¡Definitivamente, soy la mujer más afortunada!» En el pasado, sin lugar a dudas, lo habría confrontado Aiden con furia, solo para que me regañara por ser irracional. Sin embargo, esta vez terminé mi comida en silencio, completamente entumecida. Le había prometido a mi mentora que pronto partiría para una misión de sanación en un lugar apartado del Territorio del Norte. Cuando subí al coche para abandonar la manada e intenté despedirme de Aiden por última vez, recibí un video de Lana, en el que aparecían Aiden y ella jugando a Verdad o Reto, llamándose «bebé» el uno al otro. Me sequé las lágrimas y simplemente respondí: «No te preocupes. Diviértanse esta noche.» Sin embargo, Aiden entró en pánico, y tenía los ojos rojos cuando me envió un mensaje: «Cloe, ¿por qué no te enfadas después de ver eso? ¿¡Acaso ya no me amas!?» Luego, intentó confrontarme en persona, solo para darse cuenta de que no podía encontrarme por ninguna parte. Ese día, se derrumbó por completo.
Cuento corto · Hombres Lobo
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La pequeña Luna del Rey Alfa

La pequeña Luna del Rey Alfa

Maya se enamoró perdidamente de Denzel, un amor tan intenso como fugaz. Poco después de conocerse, él le propuso matrimonio. Ella aceptó sin dudar, aún sabiendo que él era un hombre lobo, una criatura de otro mundo, muy distinta a una simple humana. Pero lo que parecía un cuento de hadas pronto se convirtió en una pesadilla. En menos de tres años, Maya solo conoció maltratos, humillaciones y una jaula de dolor. Ya era tarde para arrepentirse: al casarse con Denzel y aceptar ir a ese mundo, había aceptado las reglas del clan, donde solo la muerte podía romper el vínculo matrimonial, tal como lo dictaba la voluntad de la Diosa Luna. Atrapada sin salida, Maya no podía huir, hasta que aquel misterioso Alfa aparece. Él necesitaba su sangre... y ella escapar.
Hombre lobo
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Cediendo a mi Amor

Cediendo a mi Amor

Seis años compartidos con Marco Torriani. Él controlaba las riendas del poder en Capital Próspero de Nueva York, de ascendencia italiana, uno de los nuevos magnates financieros que dominaba Wall Street en Manhattan. Pero muy pocas personas sabían que Marco proviene de la antigua mafia siciliana "la familia Torriani". Capital Próspero era la empresa que él y yo fundamos. Durante incontables madrugadas, él bebía whisky mientras negociaba en el club. Yo permanecía fiel a su lado, ayudándolo con las cuentas, controlando la situación, memorizando una a una cada línea de los contratos de apuestas. Esos rompecabezas del mapa del poder los completamos juntos. Una vez por ingenuidad pensé que me convertiría en la mujer que estaría a su lado, gobernando esta ciudad junto a él. Hasta que hace dos meses, su amor de la infancia, Sofía Greco, se mudó de Sicilia a Nueva York. Fue entonces cuando descubrí que él siempre había estado esperando con ansias a que ella regresara. Le dije: —Marco, quiero casarme. Él respondió con cierta dificultad en su voz: —Isabella, ya sabes que la empresa está en una etapa crítica de financiamiento, por ahora no tengo tiempo para pensar en... —Tranquilo no hay problema. —Sonreí con indiferencia. Marco malinterpretó mis palabras. Sí, me voy a casar, pero no con él.
Cuento corto · Mafia
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Los míos se fueron saltando

Los míos se fueron saltando

El día que le propuse el divorcio, Henry Novak no pudo esperar para poder firmar el papel de la separación conmigo. Hace cinco años, yo lo había disque obligado a casarse conmigo. Ahora, por fin, ya era libre. Pero el día que oficialmente nos divorciamos, Henry llegó acompañado de Ramona Girard, "su lucecita", como bien solía llamarla. Pero expresión reflejaba una mezcla de alegría hacia ella y burla hacia mí. —Nola Savic, hasta alguien como tú puede tener un día tan patético como este. Lo observe desaparecer de mi vista. ¿Patético? Nunca más me rebajaría.
Cuento corto · Romance
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De su chica a la princesa de la mafia

De su chica a la princesa de la mafia

En el Upper East Side de Nueva York vivían dos herederos: uno, un fanático de la velocidad que se adueñaba de las pistas de carreras; el otro, un genio de las finanzas que movía capitales a su antojo. Venían de familias igual de poderosas y, aunque sus personalidades eran opuestas, crecieron juntos y cada uno veía en el otro a su único amigo incondicional. Se habían peleado por mujeres, habían discutido a gritos por apuestas en las carreras... y aun así, a los quince años coincidieron por primera y única vez en algo: llevar colgado un pin de cobre sencillo, con una "M" grabada de forma apenas visible en la parte trasera. Era una pieza que Mía había hecho casi sin pensar, en una clase de manualidades, sin que nadie en el salón supiera quién era en realidad. Ellos, en cambio, llevaron ese pin durante diez años. Ni en un podio de Fórmula 1, ni cerrando una inversión millonaria en la Bolsa... jamás se lo quitaron. Hasta que apareció Elena. La hija consentida de un nuevo magnate, que les cosió a mano un parche de tela con hilo dorado. Simple, como esos que en un tianguis o feria venden tres por un dólar. Pero, sin decir una palabra, ambos se quitaron el pin de cobre y se pusieron el parche nuevo. Mía no comentó nada. Solo guardó en silencio una vieja fotografía de ellos que había recortado de un periódico. Esa noche, llamó a su padre en Sicilia. Su voz sonó tranquila, firme: —Papá... acepto la alianza matrimonial.
Cuento corto · Mafia
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Me negó en el rito de marca, ahora se arrepiente

Me negó en el rito de marca, ahora se arrepiente

En el sexto año de amar a Diego, le pregunté: —Diego, ya casi es julio… ¿no deberíamos hacer la ceremonia de marca? Se quedó inmóvil. Bajó la mirada con el gesto tenso, como si le costara trabajo encontrar las palabras. —Fiona, tú sabes que soy el Alfa de la Manada Bosque… y últimamente todo está muy complicado allá. No tengo cabeza para pensar en la ceremonia ahora… —Está bien. Diego, como era de esperarse, había olvidado nuestra promesa. Sonreí con calma, sin sorpresa. Aunque llevaba días preparando en silencio esa ceremonia, ya me había entrenado para resistir la decepción. Que olvidara algo tan importante solo confirmaba lo que en el fondo ya sabía: que para él, yo nunca fui tan esencial. Y si así eran las cosas… entonces era mejor irme.
Cuento corto · Hombres Lobo
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De Simple Sustituta a Marca del Alfa

De Simple Sustituta a Marca del Alfa

—Padre, acepto la alianza matrimonial con la Manada Bosque Negro. Hubo un largo silencio al otro lado del enlace antes de que finalmente respondiera: —Caterina, ¿estás segura? —Sí. No le dije la verdadera razón. La noche anterior, una agonía desgarradora se apoderó de nuestro vínculo de compañeros destinados. A través de ese maldito vínculo, lo vi todo... Mi compañero, el Alfa Rocco, estaba en la cabaña de sus terrenos privados de caza, empujando a su amiga de la infancia, Scarlett, contra la pared y besándola con desesperación. En la reunión de la manada, me enfrenté directamente a Scarlett y un destello de triunfo se comenzó a ver en sus ojos antes de que comenzara a fingir inocencia. —Caterina, no tengo idea de lo que estás hablando. Justo entonces, la voz de Rocco resonó a través del enlace mental abierto, alcanzando las mentes de todos los presentes. —Caterina, como Luna de la manada, no deberías hacer una escena así. Scarlett solo es una amiga. En ese momento, mi corazón murió por completo. Él era mi Alfa, mi esposo, el hombre al que había ayudado a ascender al poder durante años. Rompí mi enlace mental con Rocco. El dolor de la desconexión forzada fue tan intenso que apenas podía mantenerme en pie, pero enderecé mi espalda y le envié mi respuesta. —Volveré a casa en dos semanas. “Volveré a casa y me casaré con el Alfa más poderoso de América del Norte.” Pensé. Decían que era frío y despiadado, inmune a cualquier loba, lo cual era perfecto para mí. No necesitaba amor. Solo necesitaba a un Alfa lo suficientemente fuerte como para ayudarme a asegurar la Manada Luna Plateada. Y, ¿qué iba a pasar con Rocco? La Diosa Lunar nos dio un destino, y él lo destruyó con sus propias manos. A partir de ese momento, tomaría el mío.
Cuento corto · Hombres Lobo
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Mi Corazón, Su Pasatiempo

Mi Corazón, Su Pasatiempo

Mi hermano estaba en una fiesta fuera de casa, así que fui a recogerlo. Fue entonces cuando lo escuché preguntarle a Camilo Santos: —¿No estabas saliendo alguien, una novia? ¿Por qué no la he conocido en todo este tiempo? De repente me puse nerviosa. Llevaba tres años saliendo con Camilo, siempre lo mantuvimos en secreto. Nadie lo sabía. —Ella no es una novia —respondió Camilo, con voz despreocupada—. Es solo un pasatiempo, de todos modos no planeo casarme. Apreté los puños y empujé la puerta para abrirla.
Cuento corto · Romance
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