Mundo de ficçãoIniciar sessãoSe supone que el tiempo es el médico definitivo, el único capaz de cerrar las heridas más profundas. Nos enseñan que los seres humanos estamos programados biológicamente para aceptar la pérdida, procesar el duelo y, eventualmente, seguir adelante. Pero, ¿cómo se activa ese mecanismo cuando no existe un cierre? ¿Cómo se continúa caminando cuando la persona que era tu norte desaparece en un parpadeo, transformándose en un fantasma que camina a plena luz del día? Incluso la muerte, con su frialdad, ofrece una respuesta definitiva; pero la ausencia injustificada es un laberinto sin salida. Hubo un tiempo en que fui la "chica dorada" del instituto. Lo tenía todo: el futuro brillante, la sonrisa intacta y un amor que parecía blindado contra el mundo. Tocaba la felicidad con la punta de los dedos y me sentía la reina de un universo que construimos entre susurros y promesas adolescentes. Entonces, en tan solo un segundo, el silencio lo devoró todo. Me quedé vacía. Sola. Con un corazón roto que, en su agonía, juró no volver a entregarse jamás. Me tocó recoger los pedazos, uno a uno, mientras el mundo minimizaba mi dolor. "Es solo un amor de instituto", repetían. Me obligué a ser fuerte, a sepultar los recuerdos y a no mirar atrás. Reconstruí las grietas de mi alma con un cuidado quirúrgico para permitir que alguien más entrara. Sin embargo, hoy, después de casi diez años, el pasado ha decidido reclamar su trono. Al mirar a mi prometido y la vida perfecta que he diseñado, el espejo me devuelve una verdad devastadora: a quien sigo buscando en cada rincón, en cada sombra y en cada silencio, es a él. ¿Qué pasa si el tiempo no cura nada? ¿Qué pasa si, por más que intento avanzar, mi corazón se niega a soltarte?
Ler maisEmily gritó tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes de mármol del salón. Mi madre soltó la revista de alta costura que sostenía y, por un segundo, vi cómo su aliento se detenía. Entonces, ella también empezó a gritar, una mezcla de júbilo y alivio que pronto fue secundada por Ross y Joey. Lo que hace un momento era un santuario de sofisticación y calma, se transformó en un gallinero de emociones desbordadas.
Aquello solo significaba una cosa: había encontrado el vestido ganador. Pero, por alguna razón que se me escapaba, yo no me sentía una ganadora.
Dianne, mi asistente y la única persona que mantenía la cordura en medio de aquella locura nupcial, me tomó suavemente de los hombros. Su reflejo en el espejo me observaba con una mezcla de orgullo y advertencia.
—Estás preciosa, Blake —susurró cerca de mi oído, con esa voz de nana que lograba calmar mis tormentas más salvajes—. Pero recuerda: el vestido tiene que gustarte a ti. Sin importar lo que el resto del mundo grite.
Asentí con una sonrisa mecánica y fijé la vista en el espejo. La mujer que me devolvía la mirada era, objetivamente, una visión. El color perla del satén abrazaba mis curvas como una segunda piel, deslizándose con elegancia hasta abrirse en una "A" perfecta que moría en una cola infinita. Miles de cristales de Swarovski estaban bordados a mano, capturando la luz y transformándola en destellos que me hacían parecer envuelta en polvo de estrellas. Estaba impresionante. Era la novia que cualquier revista de sociedad mataría por tener en su portada.
Sin embargo, al bajar la vista hacia mis propios ojos, vi la grieta. No había brillo ahí, solo una tristeza sorda y antigua, la misma que se siente en los velorios. Estaba a punto de casarme con Chase, uno de los solteros más codiciados del país, el hombre que me había dado estabilidad durante seis años... y aun así, sentía que me estaba vistiendo para mi propio entierro.
De pronto, la imagen en el espejo se distorsionó. Por un segundo, no vi el lujoso salón de pruebas, sino unos ojos color ámbar que me observaban desde el pasado. Un rostro que había enterrado bajo toneladas de voluntad se reveló ante mí con una nitidez aterradora.
Sacudí la cabeza, sintiendo cómo mi pulso se disparaba de cero a cien en un latido. No, ahora no, me supliqué.
—Es perfecto —mentí en voz alta, mi voz sonando extraña a mis propios oídos.
—¡Es más que perfecto! —exclamó Emily, rompiendo el hechizo—. A mi hermano se le va a parar el corazón en medio del altar en cuanto te vea.
—¡Emily! —mi madre soltó un chillido de horror y, tras enrollar su revista, le dio un golpe juguetón a su nuera—. No seas vulgar. Es la boda del siglo, nada de comentarios impropios.
Mi madre se acercó y me pellizcó las mejillas con ternura. Sus ojos brillaban con un sueño que era más suyo que mío.
—Estás perfecta, mi niña. La novia más hermosa que ha visto el mundo.
—Gracias —respondí, aunque la palabra me supo a ceniza.
Alegando que no quería estropear la tela, me refugié en el probador con Dianne. Necesitaba salir de ese vestido; sentía que los cristales de Swarovski empezaban a pesarme como piedras de molino. En cuanto la cortina se cerró, el hoyo negro en mi estómago se expandió.
Rose entró poco después para ayudarme con las horquillas. Me observó en silencio mientras yo me apresuraba a ponerme mi blusa rosada de botones, como si necesitara ocultar mi piel de la mirada del destino.
—¿Por qué siento que quieres salir corriendo y no precisamente hacia el altar? —soltó Rose de repente.
Me quedé congelada con un botón a medio cerrar. Suspiré y me desplomé en el sillón acolchado, hundiendo el rostro en mis manos. Rose siempre había tenido esa capacidad casi sobrenatural para leer lo que yo intentaba esconder bajo llave.
—No lo sé —confesé con la voz quebrada—. Estaba bien. Estaba emocionada hasta que me pusieron esa cosa encima.
—Yo sí lo sé, Blake. Es que hasta que no abras la caja de Pandora y busques las respuestas que te deben, vas a seguir sintiéndote así. Atormentada.
—No puedo, Rose. No sabemos ni por dónde empezar... Han pasado diez años. Es mejor seguir adelante. No puedo vivir aferrada a un fantasma.
—Es un fantasma porque permitiste que te convencieran de eso —sentenció ella con dureza—. Tu madre, Emily, incluso Chase... todos te vendieron la idea de que olvidar era la solución. Pero lo que tenías que hacer era subirte a aquel maldito avión y no detenerte hasta encontrarlo.
—¡Ya basta! —el grito salió de mi garganta cargado de dolor—. Él nunca volvió. Jamás le importé.
Rose me observó con una lástima que me dolió más que su regaño. Entonces, sacó un sobre azul de su bolso y me lo tendió.
—Sé que harás lo correcto. La historia que nos contaron está incompleta, Blake. Ve a buscar la pieza que falta. No es justo que vivas a medias, y tampoco es justo para Chase casarse con una mujer que tiene el corazón en otro lugar. Si de verdad lo amas, ve y extermina tus fantasmas. Cuando estés lista, regresa y cásate. Pero no antes.
Me quedé mirando el sobre azul como si fuera una granada a punto de estallar. Mi mente era un caos. Ir en busca de la verdad significaba destruir la paz que tanto me había costado construir. Significaba decepcionar a mi madre y romperle el corazón a Chase.
—Soy una cobarde, Rosie —susurré.
Ella no respondió, solo se quedó a mi lado en un silencio solidario hasta que salimos a reunirnos con las demás.
Poco después, nos despedimos. Cada una volvió a su rutina, a su trabajo, a su vida perfecta. Pero mientras conducía de regreso, el sobre azul quemaba en mi bolso. Después de diez años de silencio, el pasado acababa de enviarme una invitación. Y por primera vez en una década, no estaba segura de poder ignorarla.
Logan. Diez años atrás...El plan era tan arriesgado como emocionante. Para cualquier otro adolescente de Northside, una cita consistía en ir al cine local o pasear por el centro comercial, pero para nosotros, eso era territorio prohibido. Yo no quería que nadie interrumpiera el milagro de tener a Blake cerca, y ella... ella estaba dispuesta a cruzar fronteras con tal de estar conmigo.Había pasado dos horas lavando el viejo Jeep de mi madre hasta que la pintura azul brilló bajo el sol. Me puse mi mejor camisa, aunque terminé cubriéndola con la sudadera negra de siempre por puro instinto de protección. Cuando llegué a la esquina de su calle —el punto de encuentro pactado para evitar el radar de sus hermanos—, la vi.Blake llevaba un vestido veraniego que ondeaba con la brisa y una sonrisa que me hizo olvidar cómo se usaban los pedales del auto. Detuve el Jeep y, antes de que ella pudiera siquiera tocar la manija de la puerta, bajé de un salto. Me rodeó una sensación de urgencia por se
Logan. Nashville, Tennessee.—Open up next to you and my secrets become your truth... —La voz de la chica tras el cristal de la cabina interpreta cada nota con una maestría que me eriza la piel.En la sala de control, el tiempo parece detenerse. Todos estamos embobados, atrapados en esa frecuencia que solo el talento real logra emitir. Podría apostar mi estudio entero a que cada uno de nosotros está haciendo un viaje involuntario al pasado; la letra habla de dolor, de secretos y de una esperanza que suena a despedida. Son sentimientos que conozco de primera mano, esos que solo me permito liberar cuando compongo. Por esa conexión visceral, sé que hemos encontrado a nuestra próxima estrella.—La tenemos —anuncio con una sonrisa, rompiendo el hechizo. Le hago señas a mi asistente para que prepare la logística; quiero ese contrato sobre mi escritorio antes de que termine el día.—¿Estás seguro? —La pregunta de Grace me resulta casi ofensiva. Mi hermana no es experta en música, pero no hac
Blake. Presente.Despierto de golpe, empujando las sábanas como si intentara escapar de unas manos invisibles. Estoy sudada, temblando y con el corazón martilleando contra mis costillas. Mi cerebro ha decidido proyectar una imagen tan perturbadora que la frontera entre el sueño y la realidad se siente peligrosamente delgada. Es una pesadilla por lo mucho que duele, pero también es una advertencia: el final alternativo de mi historia me está pisando los talones. Puedo fingir demencia frente a los demás, pero aquí, en la soledad de mi departamento, la tortura es un invitado que no necesita permiso para entrar.Me arrastro hasta el baño. Me despojo del pijama y me meto bajo el chorro de agua fría, esperando que el impacto borre las imágenes. Pero el agua no limpia los recuerdos.En mi mente, es el gran día. La iglesia está a reventar; el aroma de los lirios es tan denso que marea. Mi vestido es una obra de arte y, aunque la vanidad nunca ha sido mi fuerte, reconozco que me veo increíble.
Logan. 10 años atrás...Escucho las voces de los demás como una melodía diseñada exclusivamente para aturdirme. Nunca me han gustado las multitudes; el ruido de la gente hablando al mismo tiempo se siente en mi cerebro como estática de radio a todo volumen. El simple hecho de pensar en entablar una conversación con alguien fuera de mi círculo familiar me provoca una jaqueca instantánea. Pero el doctor Newman fue claro: si quería "funcionar" en el mundo real, debía salir del aislamiento de la educación en casa e inscribirme en una escuela de verdad.Así es como termino caminando por los pasillos de Northside High, sintiéndome como un cerdo directo al matadero. Me hundo en la capucha de mi sudadera negra, tratando de ignorar los cuchicheos. La gente aquí es tan discreta como un hipopótamo con tutú.Lo único que me mantiene en pie es la posibilidad de verla. Mi madre mencionó que los Stewart asistían a este colegio. No es que me importe el gorila de su hermano, pero ella... ella es difer
Emily gritó tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes de mármol del salón. Mi madre soltó la revista de alta costura que sostenía y, por un segundo, vi cómo su aliento se detenía. Entonces, ella también empezó a gritar, una mezcla de júbilo y alivio que pronto fue secundada por Ross y Joey. Lo que hace un momento era un santuario de sofisticación y calma, se transformó en un gallinero de emociones desbordadas.Aquello solo significaba una cosa: había encontrado el vestido ganador. Pero, por alguna razón que se me escapaba, yo no me sentía una ganadora.Dianne, mi asistente y la única persona que mantenía la cordura en medio de aquella locura nupcial, me tomó suavemente de los hombros. Su reflejo en el espejo me observaba con una mezcla de orgullo y advertencia.—Estás preciosa, Blake —susurró cerca de mi oído, con esa voz de nana que lograba calmar mis tormentas más salvajes—. Pero recuerda: el vestido tiene que gustarte a ti. Sin importar lo que el resto del mundo grite.Asentí





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