CAPÍTULO LXI — EL LOBO Y LA MUSA
Jagger Stewart
Había pasado un mes desde que Arielle y yo intercambiamos votos bajo el cielo de Tennessee, y el mundo todavía se sentía como si hubiera cambiado de eje. Durante décadas, mi identidad estuvo ligada al asfalto de Chicago, a la frialdad de los rascacielos y a una reputación que me precedía como un depredador corporativo. Pero hoy, mientras caminaba por la colina que colindaba con la hacienda de Logan y Blake, el olor que llenaba mis pulmones no era