Emily gritó tan fuerte que el sonido rebotó en las paredes de mármol del salón. Mi madre soltó la revista de alta costura que sostenía y, por un segundo, vi cómo su aliento se detenía. Entonces, ella también empezó a gritar, una mezcla de júbilo y alivio que pronto fue secundada por Ross y Joey. Lo que hace un momento era un santuario de sofisticación y calma, se transformó en un gallinero de emociones desbordadas.Aquello solo significaba una cosa: había encontrado el vestido ganador. Pero, por alguna razón que se me escapaba, yo no me sentía una ganadora.Dianne, mi asistente y la única persona que mantenía la cordura en medio de aquella locura nupcial, me tomó suavemente de los hombros. Su reflejo en el espejo me observaba con una mezcla de orgullo y advertencia.—Estás preciosa, Blake —susurró cerca de mi oído, con esa voz de nana que lograba calmar mis tormentas más salvajes—. Pero recuerda: el vestido tiene que gustarte a ti. Sin importar lo que el resto del mundo grite.Asentí
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