Blake Stewart
El edificio de Empire Records se alzaba en el corazón de Music Row como un monolito de cristal y acero negro, una declaración de intenciones en una ciudad que solía rendir culto a lo rústico. Al cruzar las puertas automáticas, el aire acondicionado me golpeó con el aroma a café de especialidad y ese zumbido eléctrico que solo tienen los lugares donde se fabrica el éxito. Cada paso que daba con mis tacones sobre el suelo de mármol resonaba como un recordatorio de que, aunque intent