Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 3. La heredera de Cristal y fuego.
La voz del hombre se suavizó, cargada de una mezcla de alivio y poder.
-- Fernanda... ha pasado mucho tiempo. ¿Estás segura de que eso es lo que quieres? Sabes que una vez que regreses, el mundo sabrá quién eres en realidad. No habrá vuelta atrás ni a esa vida sencilla que elegiste antes – le dice la voz con seriedad.
-- Lo sé... sabes bien que si elegí vivir así fue porque me enamoré de él. Pero nunca esperé que no sintiera nada por mi – le respondió ella, mirando su patético reflejo en el espejo por última vez.
-- Fueron cinco años perdidos... – suspiró.
Porque la "sencilla y patética” Fernanda Herrera había muerto esa anoche, en una habitación de hotel.
Era hora de que la verdadera heredera de los Herrera ocupe su lugar.
-- Entendido. Un avión privado saldrá por ti en dos horas. Bienvenida de vuelta, princesa –
Fernanda colgó el teléfono. Miró el anillo de bodas en su mano derecha, lo deslizó lentamente por su dedo y lo dejó caer sobre la mesita de noche.
El juego había terminado, y Francisco no tenía idea de que la mujer a la que acababa de despreciar era, en realidad, la única persona que podía destruirlo con un solo chasquido de dedos.
La lluvia amenazaba con volver, pero Fernanda ya no tenía miedo de mojarse.
Francisco pasó los siguientes tres días sumergido en un mar de cifras y proyecciones. No había vuelto a casa para nada. En su mente, dejar a su esposa sola para que se le pase el berrinche era su mejor estrategia; después de todo, en los cinco años de matrimonio, ella siempre terminaba perdonándolo.
Luego él volvía con un ramo de flores y una joya costosa, le decía un par de frases amorosas y eso solía ser suficiente para que ella olvidara cualquier desaire y terminara aceptándolo.
-- Está teniendo otra de sus rabietas – le comentó a Valeria mientras revisaban los últimos detalles de la licitación en su oficina.
-- Cree que con amenazarme con el divorcio voy a correr a sus pies. Pero cuando gane este contrato, será ella quien venga a pedirme perdón por su falta de tacto y comprensión –
Valeria, sentada en el borde del escritorio de Francisco con una falda demasiado corta, asintió con malicia.
-- Por supuesto, Fran. Ella no entiende la presión que tienes en este momento. Que puede saber tu esposa de estos negocios – le comentó.
Francisco asintió, aunque una pequeña punzada de duda le recorrió la espalda, él sabía muy bien que había sido Fernanda quien lo había ayudado a salir adelante. Incluso los documentos que ella le llevó al hotel días atrás fueron los del Proyecto Nanda... la licitación internacional más importante del momento, si no supiera nada sobre sus negocios, ¿cómo podría saber que esa firma era tan importante?
Ganar este contrato significaría la expansión global definitiva para su empresa.
Lo que Francisco no sabía era que la mansión estaba vacía. No sabía que las luces no se habían encendido durante esos tres días y que el personal de servicio había sido liquidado con generosas indemnizaciones, bajo estrictas órdenes de silencio.
La noche de la gala, Francisco llegó al centro de convenciones desbordando confianza, vestía su mejor traje y llevaba a Valeria del brazo, quien no paraba de presumir el collar de diamantes y esmeralda de Fernanda, que seguía en su cuello por un "descuido" que Francisco no se molestó en corregir.
Un murmullo recorrió el lugar cuando las puertas del salón se abrieron y Alejandro Novaro, el rival más importante de Francisco y un hombre conocido por su frialdad implacable hizo su ingreso. Pero él no venía solo.
Novaro llevaba del brazo a una mujer que parecía haber descendido de otro estrato social... ella caminaba con una elegancia que gritaba poder, y su mirada antes suave y sumisa, ahora tenía un destello de fuego.
-- ¿Fernanda? – el nombre se le escapó a Francisco como un jadeo ahogado. Nunca esperó que su esposa apareciera en aquel salón del brazo de otro hombre.
Valeria se quedó petrificada, apretando el brazo de Francisco con una fuerza que delataba su pánico.
-- No puede ser ella... – susurró Valeria con la voz cargada de veneno.
-- ¡Mira cómo va vestida tu esposa! ¿De dónde sacó dinero? ¡Además, ese hombre no es Novaro! Francisco, esa mujer nos ha estado viendo la cara –
Fernanda no miró a su esposo, no lo necesitaba. Ella caminó por el salón moviéndose con la seguridad de quien es la dueña del suelo que pisa, saludando a magnates que Francisco solo conocía por revistas.
Francisco sintió una punzada de celos y alejó a Valeria de él.
Ver como Alejandro Novaro se acercaba a su esposa para susurrarle cosas al oído le quemaban las entrañas, más cuando la veía sonreír como respuesta. Con una sonrisa segura, dulce, una que nunca le había dedicado a él... al menos no que recordara.
El maestro de ceremonias subió al podio y el silencio se hizo absoluto.
-- Damas y caballeros, bienvenidos a la fase final de adjudicación del Proyecto Nanda. Como saben, este proyecto fue creado como un tributo a la excelencia y la visión de futuro. Hoy, tenemos el honor de contar con la presencia del dueño del consorcio que financia esta obra. Por favor, recibamos al presidente del Grupo Nanda –
Un hombre joven, de rasgos parecidos a los de Fernanda, pero con una severidad aristocrática, subió al escenario.
-- Buenas noches. Soy Sebastián Herrera, socio principal del grupo Novaro y presidente del Grupo Nanda –
Francisco sintió que el mundo daba vueltas. ¿El grupo Nanda? se preguntó, ellos eran su cliente más importante, sin embargo, en grupo Novaro era su mayor rival... no entendía como un tipo como el señor Sebastian Herrera podía pertenecer a ambas empresas que eran su amigo y enemigo a la vez.
Francisco sintió que el mundo giraba a su alrededor... ¿Cómo era posible? seguía preguntándose mientras veía caminar al hombre hacia el estrado principal.
Cuando Sebastian estuvo arriba tomó el micro y saludo.
-- Muchos se preguntarán el origen de este proyecto – continuó Sebastián.
-- Nanda fue el apodo de mi madre, y es el nombre de mi única hermana. El Proyecto Nanda es, en realidad, el patrimonio que mi familia ha resguardado para ella – hizo una pausa significativa en honor a su madre.
Francisco había revisado bien el proyecto Nanda... el nombre de empresas Nanda no figuraba para nada... pero ¿Cómo? seguía preguntándose mientras miraba a su esposa y al hombre que estaba sentado a su lado.
-- Y hoy, mi hermana y yo hemos decidido que es momento de que ella tome las riendas de lo que siempre le ha pertenecido – de pronto Sebastian extendió la mano hacia la primera fila.
-- Fernanda, hermana, por favor acompáñame – le dice.
El salón estalló en aplausos mientras Fernanda subía al escenario con una gracia soberana.







