Mundo ficciónIniciar sesiónCapítulo 4. La verdad tras el nombre.
Francisco sentía que el aire se le escapaba de los pulmones.
El apellido de Fernanda era Herrera, lo único que sabía sobre ella era que venía de una familia acomodada, no tenía idea de que tuviera alguna relación con los Novaro y mucho menos con los Nanda... según él, ese proyecto por el que iba a luchar ese día, el mismo que tenía por nombre “Proyecto Nanda...” no debía estar atribuido al grupo Nanda... ahora Francisco comenzaba a preguntarse en que parte de la licitación se perdió.
Miraba a su esposa caminar hasta el escenario del brazo de Alejandro Novaro, su principal rival comercial y arriba estaba la esperaba su hermano, el presidente de la empresa gracias a la que había conseguido llegar al nivel en el que estaba.
Francisco comenzó a sentir que el oxígeno le faltaba.
La mujer que lo atendía por las mañanas, la que aguantaba sus desplantes y la soledad de las noches cuando se quedaba a cuidar a su amor de la infancia Valeria, era la única heredera del imperio más grande de su país... el grupo Nanda... Y su hermano, Sebastian Herrera, no solo era el presidente del grupo Nanda, también era su mejor y más importante cliente, además, era el principal socio de Alejandro Novaro. Otra de las empresas más poderosas del país... el hombre que ahora abrazaba a su esposa con un afecto que Francisco nunca le dio.
Valeria estaba a su lado, al borde de un ataque de histeria.
-- ¡Esto es una trampa! ¡Esto no puede ser! – chillaba con esa voz difícil de aguantar.
-- ¡Ella nos engañó, Francisco! ¡Ella sabía lo de la licitación, sabía que era su propia empresa y nos ha estado manipulando! – le decía sin saber que decir, lo único que le quedaba claro era que la mujer a la que le hizo la vida imposible por dos años era la heredera de uno de los imperios más importantes del país.
Valeria nunca podría aceptar que esa mujer Fernanda Herrera sea alguien importante, y menos que todos los inversionistas que antes rodeaban a Francisco ahora la buscaran desesperadamente con la mirada.
Francisco, cegado por la humillación y unos celos que no sabía que poseía, empujo a Valeria y se abrió paso entre la multitud, en cuanto Fernanda bajó del escenario.
Él la interceptó cerca de los balcones, justo cuando su hermano y Alejandro se alejaron de ella para atender a unos socios.
-- ¿Qué significa este teatro, Fernanda? – la siseó, agarrándola del brazo con fuerza.
-- ¿Cinco años mintiéndome? ¿Haciéndote pasar por una pobre mujer mientras te burlabas de mí en mi propia cara? – Fernanda se soltó de su agarre con un movimiento tan lento que resultó insultante.
Lo miró de arriba abajo, como si Francisco fuera una mancha de polvo en su vestido.
-- Yo nunca te mentí Francisco – le dijo sin pestañear.
-- ¿Una mujer pobre...? – le preguntó con una sonrisa.
-- Tu nunca te molestaste en preguntar como fue posible que una mujer “tan simple” como yo, pudiera sacar tanto dinero para ayudarte a salir de la ruina, fue más fácil para ti aceptar mi dinero y hacerte el idiota –
-- Tú... – la verdad le dolió.
-- ¿Yo que? Estabas tan ocupado mirándote en el espejo y esperando a tu adorada Valeria, para no pensar que tu empresa no es nada sin mí... yo te di mi vida, te ayudé a levantarte del fango, te puse a mi hermano y la empresa de mi familia para que salieras adelante ¿Y tú que hiciste? – él la miró entrecerrando los ojos.
-- La empresa la levanté yo, no quieras ahora llenarte la boca con mentiras – le dijo.
-- ¿Estás seguro? –
-- Sí. Fui yo quien consiguió mis clientes, fui yo quien trabajo día y noche en ella mientras tu estabas rascándote en la casa... – ella sonrió.
-- Yo estaba en casa esperando un poco de respeto de tu parte, ¿alguna vez pasaste un aniversario junto a mí en estos cinco años? – le preguntó. Él iba a responder, pero no recordaba haber ninguno con ella, los últimos dos fueron por Valeria, pero no recordaba que había pasado con los primeros tres...
-- ¿Sabes cuando es mi cumpleaños? – él no respondió.
-- Cuando caí del caballo en las clases de equitación, sabías que estuve internada dos días en el hospital, cuando enfermé de las amígdalas, cuando me dio faringitis... – él no supo que responder.
No recordaba haber estado con ella en ninguna ocasión especial, si alguna vez su esposa estuvo en el hospital, era su secretaria quien se encargaba de enviarle flores...
-- La respuesta es simple Francisco, nunca... porque siempre tiraste a la basura cualquier fecha especial por un poco de diversión barata – le respondió mirando a su asistente personal. Él no iba a permitir que lo humillaran en ese lugar.
– Sigues siendo mi esposa – rugió, ignorando que varias personas comenzaban a prestarle atención.
-- No me importa quién seas ahora. No vas a humillarme así. Tu y tu hermano deben otorgarme esa licitación – exigió.
Fernanda soltó una risa seca, carente de emoción.
-- Estas equivocado Francisco, el que se está humillando solo eres tú. Además, mi hermano es un hombre que sabe valorar lo que tiene enfrente y nunca regalaría su trabajo. Algo que tú nunca entenderías. Ahora, si me disculpas, tengo un proyecto que adjudicar y no creo que tu empresa esté a la altura de nuestros estándares –
-- Por eso llegaste del brazo de mi mayor rival. ¿Qué buscas Fernanda? ¿Venganza? –
-- Busco lo que es mío – le dijo ella, dando un paso hacia él. No necesitaba que todos los vieran, había visto el collar de su madre en el cuello de esa mujer, eso no podía seguir permitiéndolo.
-- Quiero el collar de mi madre y nunca te voy a perdonar que hayas permitido que esa mujer llegue con él en el cuello – le dijo furiosa.
Francisco desvió la mirada hacia Valeria, no se había percatado de él. O no quiso percatarse que fue lo mismo. Se arrepintió de no habérselo quitado, sobre todo ahora después de haber escuchado la explicación del porque el nombre del proyecto... sabia muy bien que ese collar no solo era importante para Fernanda, también lo debía ser para Sebastian.
Cerró los puños a un lado de su cuerpo, estaba furioso con ella y no pensaba perder.
-- ¡Devuélveme el respeto que me debes! Tú lo has dicho... yo tengo tu collar, Fernanda. El collar de tu madre. Sé que es lo único que te importa de verdad –
La expresión de Fernanda flaqueó por un segundo, una grieta de dolor cruzó sus ojos antes de ser reemplazada por el acero.
-- Dámelo ahora, Francisco. No hagas esto más patético de lo que ya es –
-- No – le respondió él con una sonrisa oscura, recuperando un poco de la sensación de poder.
-- No te lo daré aquí. Si quieres recuperar ese recuerdo de tu madre y explicarme por qué me ocultaste tu verdadera identidad durante cinco años, tendrás que ir mañana a solas a nuestra casa. Si no vas, te prometo que nunca volverás a ver esa esmeralda –
Francisco se dio la vuelta, dejando a Fernanda con los puños apretados.
Él estaba seguro de que ese collar en su poder sería una carta que podía jugar, pero no se dio cuenta de que Fernanda ya no estaba jugando.







