Dos años completos han transcurrido desde el día en que quedé viudo, sumido en una aparente soledad. Ahora llegaba el momento de presentar ante la sociedad a mi verdadera mujer, a la única que realmente amo con cada fibra de mi ser, a la que siempre amaré hasta que mi corazón dejé de latir.
Durante este extenso período de duelo fabricado, no había logrado encontrar ni el más mínimo rastro del miserable de Kiran, quien probablemente estaba muerto, o quizás escondido como una rata asustadiza en c