Mundo ficciónIniciar sesiónOlivia Hale siempre fue invisible. Con sus enormes gafas, ropa holgada y una vida marcada por las burlas, aprendió a sobrevivir en silencio dentro de una casa donde jamás fue amada. Mientras su hermanastra Kyra brillaba y conseguía todo lo que deseaba, Olivia trabajaba día y noche en una pastelería, soñando con entrar a la universidad y escapar de una vida llena de humillaciones. Pero todo cambia la noche en que, obligada a salir a beber, termina completamente borracha frente a un desconocido de ojos dorados y voz profunda. Sin sus gafas y sin poder recordar claramente su rostro, Olivia pasa la noche más intensa de su vida con un hombre cuya identidad jamás llega a conocer. A la mañana siguiente, él desaparece. Y los problemas apenas comienzan. Su padre es arrestado por deudas y malversación de fondos, sus ahorros desaparecen pagando abogados y Olivia queda atrapada entre deudas imposibles y una familia que la abandona a su suerte. Cuando cree que ya no tiene salida, recibe una propuesta inesperada del hombre más poderoso de la ciudad. Noah Lancaster, un frío y temido CEO, necesita una esposa por contrato para conservar su herencia y la custodia de su pequeña hija, Lily. A cambio, promete salvar a su padre y devolverle la oportunidad de estudiar. Ahora Olivia deberá convertirse en la perfecta señora Lancaster, fingiendo un matrimonio frente a todos mientras intenta ocultar que su corazón late cada vez más fuerte por aquel hombre que parece verla como nadie antes lo hizo. Lo que Olivia no sabe… es que Noah fue quien estuvo con ella aquella noche, y aunque ella no recuerda nada él la recuerda perfectamente.
Leer másLa lluvia caía con fuerza sobre la ciudad, golpeando las ventanas de la mansión como si quisiera atravesarlas. El cielo gris hacía que todo pareciera más frío, más triste… más pesado.
—Papi, hay un solo paraguas y acabo de salir del salón. No me puedo arruinar el cabello —dijo Kyra con ese tono de víctima perfecta que siempre usaba cuando quería algo.
Olivia observó a su hermanastra desde el pie de las escaleras. Incluso con uniforme, Kyra parecía salida de una revista: cabello perfectamente ondulado, labios rosados y esa sonrisa delicada que engañaba a todos.
Su padre ni siquiera dudó.
—Mi princesa, úsalo tú. Total, Olivia jamás ha sabido lo que es arreglarse el cabello.
Kyra sonrió triunfante antes de mirar a Olivia con desprecio. Luego abrió el paraguas y salió bajo la lluvia con pasos elegantes. Afuera la esperaba el novio perfecto: el capitán del equipo de rugby.
Obvio, Kyra siempre conseguía lo mejor.
Olivia los vio desaparecer mientras la lluvia caía cada vez más fuerte. Luego miró a su padre con un pequeño hilo de esperanza todavía vivo en el pecho.
—Padre… ¿podrías llevarme al colegio? Está lloviendo mucho y hoy son los exámenes finales. Por favor… esta semana es el baile de graduación, pronto saldré de tu vida. No puedo llegar empapada.
Su padre ni siquiera la miró bien.
—No puedo. Tengo que ir a la oficina. Ten, toma un taxi.
Le dejó caer unos billetes con absoluto desprecio.
Como si alimentara a un perro callejero.
Olivia bajó lentamente la mirada y recogió el dinero del suelo. Después salió de la casa intentando no llorar.
La lluvia la golpeó de inmediato.
Corrió hasta la parada intentando cubrirse con la mochila. Cuando llegó a la preparatoria estaba completamente empapada. Sus gafas negras, unidas en medio con cinta adhesiva, estaban llenas de gotas de agua. Sacó una polera seca de la bolsa plástica que escondía dentro de la mochila y se cambió rápido en el baño. Tenía turno esa noche en la pastelería. No podía enfermarse.
Cuando intentó salir, no pudo, alguien había trancado la puerta, faltaban minutos para los examenes finales, y nadie le habría, gritó con todas sus fuerzas hasta que la garganta le ardió,
Al fin la puerta se abrio, el anciano que estaba a cargo de mantenimiento la miró con lástima.
— Mi niña que te pasó.
Olivia sollozaba.
— Me encerraron, llegaré tarde a mis exámenes.
Olivia salió corriendo hacia la sala, pero cuando llegó vio a su hermana en la puerta quien se apresuró a cerrar.
Olivia golpeó y el profesor abrio con el ceño fruncido.
— Llega tarde señorita Hale.
—Profesor por favor quedé encerrada en el baño, déjem entrar, esto es importante.
Detrás apareció el mismo anciano.
— Es verdad profesor, la muchacha gritaba tan fuerte que yo la escuché desde el jardín, estaba encerrada.
—Esta bien, entra.
Olivia miró al anciano
— Gracias...
Al fin pudo terminar la primera parte de los exámenes, cuando entró al pasillo principal, las risas comenzaron.
Como todos los días. Su ropa holgada, el cabello desordenado y aquellos lentes gruesos la convertían en el blanco favorito de las burlas desde hacía años. Desde que tenía diez. Desde que su madre murió.
Ese día dejó de usar vestidos bonitos, dejó de hacerse trenzas, porque era su madre quien siempre la arreglaba y su madre la única que la amaba.
Un año después apareció Nilsa con aquella falsa imagen de mujer dulce. Todo cambió apenas se casó con su padre. Ella y Kyra fueron lo peor que pudo pasarle.
Kyra hacía un berrinche y Olivia perdía algo.
Primero fueron juguetes, después vestidos, luego su habitación.
Hasta terminó durmiendo en el pequeño cuarto junto al área de servicio.
Lo único que jamás dejó que tocaran fue su relicario.
Apretó el pequeño colgante escondido bajo su ropa mientras caminaba por el pasillo. Dentro estaba la última foto de los tres juntos. Su madre, su padre y ella sonriendo felices.
Era lo único que le daba fuerzas para seguir.
Suspiró intentando ignorar las burlas.
Al otro extremo del pasillo estaba Kyra, perfectamente arreglada, abrazada al capitán de rugby mientras varias chicas la rodeaban.
—Ay, hermanita… esta mañana no me di cuenta de que el otro paraguas estaba en mi bolso. Upsi, soy tan despistada.
Las risas explotaron. Olivia no respondió.
Solo apretó su cuaderno contra su pecho y caminó hacia el salón de exámenes, pronto sería la segunta parte y no quería que la volvieran a encerrar en el baño, pero claro Kyra no se lo dejaría fácil.
—Hermanita, te he dicho tanto, si quieres ropa, tengo bastante que estoy botando a la basura, asi puedes vestirte un poquito más a la moda, la verdad es que me da verguenza que sepan que somos hermanas.
Olivia por primera vez sintió cansancio, ya estaba harta de sus burlas y de que cada vez que ella quisiera, la golpearan o la encerraran en la basura, algo en su interior se encendió.
—No... somos... hermanas
Kyra abrió los ojos y puso una mano su pecho actuando una falsa tristeza.
—Oli, porque eres tan cruel conmigo, yo te quiero como una hermana.
— Déjame en paz Kyra vete con tu novio cabeza de músculo y déjame en paz.
El empujón no tardó y Olivia fue a dar al suelo, para su mala suerte su relicario cayó. Kyra que sabía lo que significaba para ella lo tomó rapido.
— Aaawww tanto que cuidas esta baratija. Dime Oli ¿Que harías por ella?
— Dámela Kyra, devuélvemela.
— Arrodíllate y di que eres un perro sarnoso. Solo así te la devolveré.
Olivia se le llenaron los ojos de lágrimas, mientras todos sacaban sus celulares para grabar el espectáculo, ella cayó en sus rodillas.
— Soy un perro sarnoso.
Dijo con un hilo de voz, las risas no demoraron en sentirse Kyra dejó caer el relicario a su lado pero lo pisó quebrándolo.
— Upsi, pies torpes. Bueno no es que fuera una joya, es solo una baratija.
Kyra y su séquito salieron dejando a Olivia arrodillada llorando con el pequeño relicario en sus manos, solo quería salir de ese infierno, años de maltrato y humillaciones, ya le estaban cobrando facturas, solo un poco más y se iría lejos.
Tres horas después, todo había terminado.
Mientras los demás corrían a celebrar, Olivia corría al trabajo.
Sabía perfectamente que su padre jamás pagaría su universidad, así que llevaba dos años trabajando medio tiempo para ahorrar. Nadie sabía dónde escondía el dinero. Había abierto una cuenta secreta que ni Nilsa ni Kyra conocían.
Con suerte tendría para la matrícula.
Había postulado a becas, su sueño era estudiar negocios, quería ser como su madre.
Una mujer brillante que había llevado la empresa de sus abuelos hasta la cima antes de morir.
Los meses pasaron rápido.
La vida de Olivia se convirtió en una rutina silenciosa entre la casa y la pastelería.
Aun así, cada noche llevaba un pastel para su padre.
Siempre su favorito.
Él permanecía encerrado en el despacho mientras ella entraba como una sombra, dejaba la pequeña caja sobre el escritorio y murmuraba suavemente:
—Come algo.
Después volvía a su habitación sin esperar respuesta.
Una mañana, una carta llegó.
Olivia la tomó temblando y corrió a encerrarse en su cuarto para abrirla.
Sus ojos comenzaron a llenarse de lágrimas apenas leyó el contenido.
Había obtenido puntaje nacional.
La prestigiosa universidad donde soñaba estudiar había abierto sus puertas para ella.
Todas las becas que solicitó fueron aprobadas.
Podía estudiar. Podía cambiar su vida y alejarse de ese infierno para siempre. Solo necesitaba mil quinientos dólares para la matrícula.
Mil quinientos. Nada más.
Ese día en la pastelería le contó todo al señor Johnson. El anciano sonrió orgulloso detrás del mostrador.
—Mi niña… voy a extrañarte muchísimo.
Olivia sonrió emocionada.
—Si pude ahorrar dinero para estudiar es gracias a usted, señor Johnson.
—No. Es gracias a tu esfuerzo. Ahora deja de llorar y sigue trabajando, cariño o harás llorar a este viejo.
—Sí, señor.
Los días pasaron, pero fueron una decepción, el dinero para la matrícula no era suficiente.
— Padre por favor, no te pediré que me pagues mis estudios solo mi matricula, de verdad quiero estudiar negocios.
En la mesa Kyra y Nilsa se rieron.
— Por favor niña, ¿Tú, estudiar? Mírate, puedes ser una cerebrito, pero te falta presencia, te falta belleza, te falta poder, los negocios son para gente fuerte y tu eres una débil, sin ningún sentido de la moda, acéptalo y búscate un marido a tu altura, tendrás suerte si alguien te mira.
— Tú madre tiene razón, es una pérdida de dinero y tiempo, será mejor que busques trabajo en algo a tu altura.
— Sí, como empleada o niñera, eso seria bueno.
Olivia sintió su corazón caerse a pedazos, jamás le había pedido algo a su padre, pero ahora, que más lo necesitaba, él le daba la espalda, se puso de pie con los ojos llenos de lágrimas y se fue a su habitación.
Mandó correos y dentro de todo el desastre había una ventana de esperanza, gracias a su excelente promedio la universidad le haría valer las becas todo el año, si ella se matriculaba en el segundo semestre, las becas seguirían siendo suyas. Eso le llenó el corazón de esperanza, así que decidió pasar todo ese tiempo trabajando duro en la pastelería, hasta juntar el suficiente dinero para poder estudiar.
Los meses pasaron, ya se acercaba la fecha de la matrícula, Olivia comenzó su día en su trabajo y lo primero fue limpiar la vitrina, estaba en eso cuando unas risas maliciosas llegaron desde afuera.
Frunció el ceño y salió rápidamente.
Dos niños mayores rodeaban a una pequeña de rizos castaños.
—Mírenla, quiere llorar.
—Vamos, niña rica, dame tus pasteles o te jalaremos el cabello.
—¡No! ¡Son para mi papi y para mí!
Uno de los niños la empujó.
La pequeña cayó al suelo mientras protegía la caja de pasteles contra su pecho.
Olivia reaccionó de inmediato. Tomó al niño de la oreja y lo obligó a girarse.
—¿Te gusta que alguien más fuerte que tú te pegue? Se siente feo, ¿verdad?
—¡Au! ¡Au! ¡Suélteme!
—Pídanle disculpas. Ahora.
Los niños hicieron una mueca.
—Perdón.
Después salieron corriendo.
Olivia estuvo a punto de seguirlos, pero la pequeña sollozando en el suelo la detuvo.
Se arrodilló frente a ella.
—¿Estás bien, cariño?
La niña lloraba abrazando la caja destruida.
—Me rompieron mis pasteles… eran para comer con mi papi.
El corazón de Olivia se apretó.
—Ya, princesita… no llores. Ven conmigo. Te daré nuevos y podrás comerlos con tu papi.
La tomó de la mano y entró a la pastelería.
Le lavó la carita y las manos con cuidado. Luego le arregló los pequeños rizos detrás de las orejas.
—Mira qué hermosa eres.
La niña la observó fascinada.
Olivia la llevó frente a la vitrina.
—Elige los que quieras.
La pequeña escogió varios pastelitos mientras Olivia le regalaba un trocito de chocolate.
—Dicen que las penas se pasan mejor con chocolate.
La niña finalmente sonrió.
Luego acarició suavemente la mejilla de Olivia.
—Eres muy bonita.
Olivia se quedó inmóvil unos segundos.
Nadie le decía eso, nadie le había dicho eso jamás.
Sonrió apenas.
—Gracias, princesa.
En ese momento un hombre alto vestido de negro entró alarmado.
—¡Señorita Lily! La hemos buscado por todos lados.
—Unos niños malos querían quitarme los pasteles, pero ella me salvó y me dio nuevos.
El guardaespaldas miró a Olivia sorprendido.
—Muchas gracias por cuidar a la señorita. Si algo le hubiera pasado, el jefe nos habría matado.
Olivia rio bajito.
—Tranquilo, fue un placer. — Se giró hacia Lily y se agachó para quedar a su altura —no vuelvas a separarte de tus guardias, pequeña. Hay mucha gente mala afuera.
Lily asintió obediente y luego le dio un beso en la mejilla antes de tomar la mano del guardaespaldas.
El hombre sacó un billete de cien dólares y se lo entregó.
—Por los pasteles y las molestias.
Los ojos de Olivia brillaron apenas.
Ahora le faltaba menos para la matrícula.
Mucho menos.
Mientras tanto, en una enorme oficina rodeada de ventanales, Noah Lancaster, el CEO más frío de la zona, observaba la ciudad bajo la lluvia.
La puerta se abrió de golpe.
—¡Papi! ¡Conocí un ángel! ¡Y me salvó!
Noah giró inmediatamente.
Lily corrió hacia él y él se agachó para cargarla, aunque luego miró al guardaespaldas con el ceño fruncido.
—¿Qué pasó?
—La señorita Lily se separó de nosotros en el parque. La encontramos en una pastelería.
—Sííí. Quería comprarte pasteles para comer contigo, pero unos niños malos me molestaron y ella me defendió. Les tiró la oreja así.
Lily hizo el gesto indignada.
Noah arqueó una ceja.
—¿Ah, sí?
—Es muy linda… aunque tiene gafas grandes.
Los labios de Noah se movieron apenas, conteniendo una sonrisa.
—¿Cuántas veces te he dicho que no te alejes de tu guardaespaldas?
—Pero quería darte una sorpresa y él te cuenta todo.
Noah suspiró resignado.
—Está bien. Vamos a comer los pasteles.
—¡Siiii!
Lily comenzó a sacar emocionada las cajitas sobre el escritorio mientras Noah miraba al guardaespaldas.
—Quiero toda la información de esa mujer.
El hombre asintió inmediatamente.
Y por primera vez en mucho tiempo… Noah Lancaster sintió curiosidad por alguien.
Bella permaneció varios segundos en silencio. Poco a poco volvió a acurrucarse contra el pecho de Baltazar, abrazándolo con fuerza mientras intentaba ordenar todo lo que acababa de escuchar.—Bal... yo no estoy acostumbrada a esto.Su voz apenas era un susurro.—Toda mi vida fue normal. Estudié, viajé, conocí personas... pero esto es diferente. Siempre habrá alguien que quiera matarte. Siempre que salgas por esa puerta voy a preguntarme si volverás o si esa será la última vez que te vea. No quiero vivir con ese miedo.Baltazar permaneció completamente inmóvil, Bella respiró hondo antes de continuar.—Lo siento, Bal... hay cosas que no se pueden cambiar.El silencio volvió a instalarse entre los dos.Baltazar cerró lentamente los ojos. Aquellas palabras eran exactamente las que esperaba escuchar, pero aun así dolían.Se incorporó despacio y se sentó al borde de la cama, dándole la espalda. Apoyó los antebrazos sobre las piernas mientras dejaba escapar un largo suspiro.—No renunciaré
Bella dormía profundamente cuando el sol empezó a entrar por las ventanas. Su cuerpo estaba pegado a la tibieza de una piel que conocía demasiado bien. Antes de abrir los ojos, el aroma la envolvió. Su corazón dio un salto. Intentó moverse, pero unos brazos la sujetaban con fuerza.Al fin abrió los ojos y lo primero que vio fue el perfil marcado de Baltazar. Dormía profundamente. Su respiración era lenta, pausada. Estaba usando pijama, algo que odiaba. Siempre decía que no podía dormir con pijama, que prefería dormir sin nada o, en su defecto, solo con ropa interior, pero ahora usaba un conjunto de seda negro.Su ceño estaba arrugado. A pesar de que dormía profundamente, sus grandes manos la sostenían con dulzura. Su corazón empezó a latir con fuerza y a doler una vez más. Había escapado de él durante años. El dolor de la traición se sentía tan fuerte que pensó muchas veces que no podría seguir.Se refugió en hombres una y otra vez, jugando con ellos, usándolos, sacando placer y diver
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Después de que Baltazar le mostrara todo lo que realmente había pasado y cómo, hacía tres años, todo había sido una trampa, Bella se quedó sola en la habitación. Su mirada permanecía perdida en el fuego de la chimenea mientras repasaba una y otra vez cada recuerdo, cada conversación y cada detalle que en ese momento comenzaba a cobrar sentido.Recordó todas las veces en que su amiga le había preguntado por Baltazar: cómo era en la cama, cómo la consentía, si tenía dinero, si estudiaba, si trabajaba, si era un hombre importante. Ella, ingenua, creyendo que hablaba con una amiga sincera, le había respondido absolutamente todo, orgullosa de contar lo feliz que era junto al hombre del que se había enamorado perdidamente.Incluso recordaba cómo sonreía al describir lo atento que era Baltazar, la forma en que la abrazaba, cómo la hacía reír y la manera en que la miraba como si fuera la única mujer sobre la tierra. Jamás imaginó que cada respuesta alimentaba la obsesión de otra mujer. ¿Qué e
Último capítulo