Mundo ficciónIniciar sesiónUn matrimonio destruido. Un escape desesperado. Un secreto multiplicado por tres. Stephanie Miller tenía el vestido perfecto y al hombre ideal, hasta que una trampa la convirtió en la villana de su propia historia. Al huir de Matthew Anderson, no solo escapó de un hombre poderoso, sino que protegió el fruto de su amor: trillizos. Acompañada por Vicenzo, un hombre que arriesgó todo por ella, Stephanie construye una vida de paz... hasta que el peligro vuelve a acechar. Tras un secuestro despiadado y el sacrificio final de su protector, Stephanie descubre que la mente maestra tras su miseria es alguien de su propio círculo íntimo. Con un nuevo embarazo en curso y la sombra de la muerte acechando, ella deberá decidir si el multimillonario que la abandonó merece una oportunidad de redención o si las cicatrices del pasado son demasiado profundas para sanar.
Leer másStephanie Miller conoció a un chico cuando él tenía ocho años. Era el primer día de primavera, aquel en que los rayos del sol están acompañados por una suave brisa fresca y es posible observar los primeros brotes florales. Los colores son vivos y te invitan a disfrutar del entorno.
Estaba de visita con su madre en el parque estatal que queda ubicado en el centro de la ciudad de Manhattan.Mientras ella jugaba con su barquito de madera en la laguna, este chico se sienta a su lado y coloca su barco en el agua.Luego él se gira y la observa divertido con sus grandes ojos azules brillando intensamente. Le dice confiadamente: “En verdad me gustan mucho los barcos. ¿Qué hay de ti?”Ella, sin poder articular una sola palabra a sus tiernos seis años, lo miró boquiabierta y solo le sonrió tímidamente, sonrojándose totalmente, mientras asentía a sus palabras en completo silencio.Él le devuelve la sonrisa, siendo aún más grande que la anterior, mientras le dice: “Me llamo Matthew, pero todos me dicen Matt. ¿Cuál es el tuyo?”Casi de forma inaudible, le dice: “Stephanie, pero todos me dicen Steph”. Aún es posible ver su cara avergonzada por responderle al muchacho, ya que jamás se atreve a contestarle a extraños, pero ella siente que el chico es diferente.Matt se siente atraído de forma inmediata por la mirada melancólica de la pequeña Steph y, sin esperar mucho, le responde: “Mucho gusto en conocerte, Steph. Espero que seamos grandes amigos.”Desde aquel estupendo día de primavera, han pasado ya casi veinte años y el chico de los increíbles ojos azules pronto se convertirá en su esposo.Ambos han tenido una vida llena de desafíos que han enfrentado juntos… pero el mayor de todos, hasta el momento, ocurrió una noche de invierno del año 2022.“Hija, no pueden irse así. Está nevando demasiado fuerte. Odiaría que algo les pasara.” Dice el padre de Stephanie, el señor Philip Miller.Matt le responde, “Tu padre tiene razón, cariño. Creo que sería sabio quedarnos a pasar la noche aquí y dependiendo de cómo amanezca mañana, evaluamos si nos marchamos a primera hora para que puedas llegar a tiempo al hospital.”Stephanie se queda viendo las caras de los dos hombres más importantes de su vida, suspira y asiente en acuerdo con ambos. Luego les dice: “Bien, ustedes ganan. Nos quedamos.”“¡Excelente, cariño!” Dice su padre, en un excelente buen humor. Luego, llama a una de las mucamas y le pide que les prepare la habitación antigua de Stephanie.Se quedan riendo y compartiendo en la sala, hasta que Matt les dice, “Creo que los dejaré por esta noche. Estoy agotado. ¿Vienes conmigo, querida?”“No, cariño. Me quedaré con papá un poco más.”“Cómo quieras. Buenas noches, Philip.”“Buenas noches, Matt. Descansa.”“Querida, te espero arriba.” Stephanie, sin decir nada, le regala una sonrisa y le lanza un beso a la distancia, a lo que él le responde colocando una mano en su corazón mientras sube las escaleras.Al llegar a la habitación, Matt se prepara para dormir, sin antes tomar una ducha. Mientras él estaba relajado debajo del agua caliente, pensando en lo afortunado que es por tener todo lo que siempre ha deseado, la hermana de Stephanie tenía otros planes.Stella Miller es una mujer codiciosa y envidiosa de su hermana mayor. Todo esto debido a que ella es el fruto de una indiscreción de su padre, cuando estaba de viaje de negocios, cuando Steph tenía casi cinco años. El señor Miller conoció a la mamá de Stella en un restaurante en el cual, ella era camarera.Una noche de pasión entre ambos y ya la habían concebido. Pero el señor Miller supo de su existencia, solo cuando Stella tenía doce años. Fue un gran escándalo en esa época.Viendo que Stephanie está gratamente conversando con su padre, decide hacerle una visita a su cuñado, sin antes haber cortado la luz de toda la propiedad.“Se demorarán por lo menos una hora en hacer andar el generador de emergencia. Solo si encuentran los fusibles.” Pensó mientras una sonrisa malévola se asomó por sus labios.Sin pensarlo mucho, entró silenciosamente a la habitación. Escucha el ruido del agua caer y se dirige a la ducha y ahí ve a su guapísimo cuñado desnudo en toda su plenitud.Ella se muerde el labio mientras dice, “Hum… serás mío, Matt. Hoy es el día en el que por fin podré sentir tu enorme polla atravesándome.”Cierra la puerta y se dirige a la cama. Se desnuda, se echa el perfume de su hermana y se mete dentro de las sábanas, cubriéndose completamente, esperando a que Matt se acostara a su lado.Pasaron los minutos y escucha cómo el agua se corta. Cinco minutos después, escucha que la puerta se abre, mientras Matt se aclara la garganta. Observa el bulto en la cama y dice, “¿Estás dormida, querida?”Stella sonríe, pone los ojos en blanco mientras piensa, “tan molesto que es a veces… tiene suerte de que esté caliente.”Al no escuchar respuesta, Matt asiente en silencio. Se dirige al closet en donde siempre tienen ropa de emergencia y se coloca unos bóxeres. Por lo general, él no duerme desnudo, pero hoy tiene intenciones de hacer el amor, mientras la nieve cae afuera.Se sienta en la cama y se mete dentro de las sábanas. Sonríe al darse cuenta de que su prometida está esperándolo completamente desnuda.Se acerca a ella por detrás y coloca su mano en su cadera, mientras le susurra al oído, “Te deseo, querida.”Sin escuchar respuesta, decide bajar su mano hasta colocarla entremedio de sus piernas, mientras le besa el cuello y aprieta su polla dura contra su culo tonificado. Ella las abre para darle mejor acceso. Él sonríe satisfecho y juega con su clítoris, frotándolo en círculos.Stella se muerde el labio, mientras sus ojos están completamente cerrados, disfrutando de las caricias y besos que su cuñado le está proporcionando. Y sin esperarlo, él le introduce dos dedos dentro de su húmedo coño, deseoso de ser llenado. Ella deja escapar un gemido de puro placer.Matt se baja el bóxer para poder sentir el exquisito roce de su polla en contra de su regordete culo. Ella, sin girarse, acaricia su enorme erección, deseosa de que la empale volviéndola loca.Con su voz ronca y seductora le dice en el oído, “¿Quieres que te folle?” Sin dejar de rozar su polla en contra del culo de Stella.Olvidándose por completo, Stella le responde, “¡Sí! ¡Quiero que me metas tu enorme polla!”Matt se congeló en un segundo y al otro se sale rápidamente de la cama. Es en ese momento en que las luces regresan y se puede ver que, en su cama, tendida, deseosa y desnuda, no era su prometida a quien estuvo a punto de cogérsela, sino que era su cuñada.Abre mucho los ojos y le dice, enfurecido, “¿Stella?” ¿Qué m****a estás haciendo aquí? ¡Cómo se te ocurre! ¡Soy tu cuñado!”Ella se ríe burlesca y le dice, “Eso no te impidió acariciarme el coño, Matt. ¡Pero ya no seas aguafiestas y cógeme! ¡Sé que quieres! ¡Se te nota!”Con la furia y la adrenalina bombeando a mil, toma del brazo a Stella y la lanza al piso. Luego, la toma fuerte del pelo y se acerca a su cara mientras, con una voz aterradora y amenazante, le dice: “Stella, por el bien de la familia y para que tu reputación no quede enlodada, ¡desaparece de mi vista! No quieres encontrarme de malas.”Ella se ríe más fuerte, pero el agarre de Matt también se tensa, mientras continúa diciéndole, “Y por el profundo amor que le tengo a tu hermana, no diré lo que estás tratando de hacer. Pero ¡Escúchame bien, niña!”Ahora su cara está muy cerca de ella, sus ojos son oscuros y atemorizantes, haciendo que la sonrisa de Stella se borre y la preocupación la invada. Traga fuerte mientras Matt le dice: “Vuelves a acercarte a mí de esta forma y te juro que te expongo frente a toda la sociedad, como la ramera que eres. Mantente alejados de nosotros y, sobre todo, ¡aléjate de mí, y de mi prometida!”Matt suelta violentamente su agarre en el pelo de Stella, le lanza la ropa en la cara, mientras le dice, “¡Lárgate de aquí, m*****a puta!”Stella no espera más, toma su ropa y corre hacia su habitación. Matt se sienta en la cama, respirando pesado, decidiendo si era oportuno contarle la verdad a su prometida.Stephanie Toussaint.Tres años han pasado desde que el cielo de Nueva York se oscureció con la sangre y la traición. Tres años desde que el nombre de Vicenzo Toussaint se convirtió en un susurro de gratitud en mis labios y en una leyenda de sacrificio en el corazón de nuestra familia.Hoy, el sol de la tarde baña los viñedos de nuestra villa en la Toscana. Este lugar, que una vez fue el refugio donde me escondí del mundo, se ha transformado en nuestro verdadero hogar. El aire huele a uvas maduras, a romero y a esa paz que solo se consigue cuando has sobrevivido a la tormenta más devastadora de tu vida.Desde la terraza, observo la escena que hace unos años me habría parecido un sueño inalcanzable.Christopher, que ahora tiene casi nueve años, corre entre las hileras de vides con una pelota, seguido de cerca por Catherine y Charlotte.Cat corre con una vitalidad asombrosa; su corazón, reparado por las manos de los mejores cirujanos y fortalecido por su propia voluntad, late con una fue
Stephanie Toussaint.La primavera había regresado a Nueva York, pero esta vez no se sentía como una burla cruel del destino, sino como una promesa cumplida.El aire ya no olía a pólvora ni al antiséptico de los hospitales; olía a tierra mojada, a flores de cerezo y a ese renacimiento que solo ocurre cuando dejas de luchar contra las sombras y decides caminar hacia la luz.Estaba de pie frente a una lápida de mármol blanco, impecable, que llevaba un nombre que siempre pronunciaría con el más profundo respeto: Vicenzo Toussaint.Las flores que había dejado —lirios blancos, sus favoritos— se mecían suavemente con la brisa de la tarde.—Lo estamos logrando, Enzo —susurré, acariciando la piedra fría—. Cat corre por el jardín como si nunca hubiera pasado por aquel quirófano. Christopher vuelve a sonreír.Y yo…Yo finalmente he dejado de tener miedo de mi propia sombra. Gracias por darnos esta oportunidad. Gracias por morir para que nosotros pudiéramos vivir.El sacrificio de Enzo era una de
Stephanie Toussaint.El cielo de Nueva York se había teñido de un gris plomizo, como si la ciudad misma se hubiera puesto de luto para despedir a uno de sus hijos más enigmáticos.Una lluvia fina y persistente caía sobre el cementerio de Trinity Church, transformando el paisaje en un cuadro melancólico de paraguas negros y lápidas brillantes por la humedad.Caminé con paso lento, sintiendo el peso de mi vestido negro como si estuviera hecho de plomo.A mi lado, sostenía la mano de Christopher, quien vestía un pequeño traje oscuro que lo hacía ver demasiado mayor para su edad.Charlotte caminaba del otro lado, aferrada a mi abrigo, con sus ojos grandes y curiosos reflejando una tristeza que apenas empezaba a comprender.Catherine no estaba aquí; todavía permanecía en la clínica, recuperándose de la cirugía, custodiada por un destacamento de seguridad que Matt y yo habíamos triplicado.—¿Enzo está ahí dentro, mamá? —susurró Christopher, señalando el féretro de caoba pulida que esperaba b
Matthew Anderson.La ciudad de Nueva York nunca duerme, pero esa noche, el silencio en el ático de la Torre Anderson era tan pesado que podía oír los latidos de mi propio corazón, un ritmo errático marcado por la culpa, el agotamiento y el sabor amargo de un café que ya no hacía efecto.Habían pasado apenas unas horas desde que dejamos a Stephanie en la clínica.Verla allí, rota pero firme, sosteniendo la mano de una Catherine sedada y rodeada por la sombra de un Vicenzo muerto, me había hecho pedazos de una forma que ninguna pérdida financiera o fracaso profesional podría igualar.—¿Matt? ¿Sigues ahí, hombre? —la voz de Liam salió de los altavoces de mi monitor, devolviéndome a la realidad con la frialdad de una bofetada.—Aquí estoy, Liam. Dime que tienes algo. Necesito respuestas, no más teorías —respondí, frotándome los ojos con los dedos entumecidos.Frente a mí, tres pantallas gigantes mostraban cascadas de código, registros bancarios y mapas de calor de señales de satélite.Lia





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