Mundo ficciónIniciar sesiónUna loba sin aroma. Un rey sin olfato. Un secreto capaz de destruirlos. Lyra es una loba sin aroma. En un mundo donde el olor lo define todo, eso la convierte en una aberración. Rechazada por su manada y vendida como mercancía, termina en manos del hombre más cruel y poderoso de todos: Alaric, el Rey de la Frontera. Un alfa sin olfato que no desea una Luna… ni necesita una. Para el mundo, Lyra es solo su juguete. Para Alaric, es una amenaza que no puede permitirse perder. Mientras él la mantiene cerca bajo una máscara de desprecio, Lyra descubre que su “defecto” esconde un poder ancestral capaz de inclinar de rodillas a los clanes enteros. Y cuando la verdad salga a la luz, ya no habrá forma de ocultarla. Entre deseo reprimido, dominación, venganza y sangre, esta no es una historia de redención… Es la historia de una loba que fue subastada como basura y que nació para reinar.
Leer másLyra
Hoy cumplo 21 años. La noche de la Luna Llena.
Para cualquier loba, este día es el clímax de su existencia: el día en que su aroma se revela, definiendo su rango, su fertilidad y atrayendo a su compañero de vida.
Pero para mí… es el día de mi ejecución social. Es toda una pesadilla de la que lastimosamente no puedo despertar.
Porque mientras todas despiertan a su poder y se ganan un lugar en la manada... yo sigo siendo invisible.
Soy una loba sin olor. Una vergüenza para mi especie que se rige por la fragancia, es lo que nos define y yo.. no soy nada.
Camino por el pasillo de mi casa hacia el salón principal.
Mi cabello plateado, lacio como el hielo, cae sobre mis hombros, y la marca del lirio de sangre en mi frente arde con una extraña frialdad.
Al entrar, no encuentro pasteles ni abrazos.
Mi padre, su esposa Maribel y mi hermanastra Astra me observa con ojos cargados de sospecha y desprecio.
—¿Ha despertado? —La voz de mi padre es un látigo de decepción.
Un sabor amargo sube a mi garganta.
Sé que no soy la hija que él quiere, y que nunca podría serlo.
Todo ha cambiado desde la muerte de mi madre y después de su nuevo matrimonio.
—Aún no —respondo, manteniendo la barbilla en alto, aunque por dentro me desmoronaba.
Mi padre simplemente gruñe algo antes de negar con la cabeza y salir de la casa hecho una furia, Maribel me lanza una mirada de asco mientras lo sigue y Astra…. ella siempre consigue humillarme de las peores formas posibles.
—Suerte en la ceremonia, Lyra —susurró—. La necesitarás.
Fruncí el ceño.
Mis sospechas se multiplican, pero no hay nada que pueda hacer, más que esperar.
La plaza principal de la ciudad está abarrotada. Frente al palacio del Alfa Rey, cientos de lobos esperan.
El aire está saturado de hormonas y expectativas.
Mientras camino hacia el centro, siento el peso de los juicios. Puedo sentir la mirada de todos puesta en mí, la forma en que olfatean y arrugan el gesto.
Como niegan con la cabeza al verme, como me juzgan. Como me repudian y podría jurar que esta caminata, más que una celebración, es un paseo de la vergüenza.
Respiro hondo y miro hacia el centro, con una sonrisa que curva involuntariamente mis labios.
Kael, mi prometido y futuro Alfa de la manada, espera junto a su padre, el alfa Ronan.
Esperaba verlo más de cerca, pero la figura de Alfa me impedía tener una mirada completa.
Y eso sumado a que el al alfa pone sus ojos en mi, me deja paralizada.cMe da una mirada escrutadora, y olfatea con fuerza nada más al verme llegar.
Siento que el corazón se me va a salir del pecho al notar la rabia brillar en sus ojos.
—Lyra, bienvenida.— me dice, pero puedo jurar que esto se siente como todo, menos un recibimiento.
Aún así hago una reverencia lo más grande posible antes de decir
—Alfa.
—Ven aquí niña, deja que nuestra sanadora te revise y vea si tus feromonas están bien, es hora de iniciar la ceremonia.
Cuando me levanto consigo ver al completo lo que antes buscaba. Kael está de pie a la derecha de su padre.
Sus ojos me recorren de arriba a abajo, pero no es cariño, deseo o amor como antes, lo que veo hoy en sus ojos, lo que veo es… indiferencia.
Siento que mis sentidos se ponen alerta, como si me estuvieran advirtiendo de una amenaza que no consigo ver.
Avanzo como si tuviera lava hirviendo bajo los pies, intento ignorar los cientos de ojos fijos en mí.
Cuando llego hasta ella, la sanadora coloca una de sus manos en mi pecho y otra en mi abdomen, solo entonces la manada entera guarda silencio.
Cientos de lobos agudizaron el olfato, buscando una pizca de fertilidad, un rastro de poder.
Podría jurar que solo se escucha el martillar desesperado de mi propio corazón contando los segundos como si fueran una plegaria.
Entonces la mujer abre los ojos y antes de que lo diga ya yo sé el resultado: He fracasado.
La sanadora mira a Kael y luego al alfa antes de negar con la cabeza.
—No hay aroma en ella, en absoluto. Su interior está totalmente vacío, lo único que hace que la reconozca como una loba es la marca de lirio en su frente, mi señor.
Uno… dos… tres segundos es lo que tarda antes de de que caos se desate:
—¡Piedra fría!
—Perra infertil, inmundicia de la naturaleza….
—¡Está maldita!
Siento que la respiración se me acelera y entre la multitud enfurecida mis ojos solo buscan a una persona: Kael.
Él es el único que puede salvarme de esto, evitarme la humillación.Pero cuando lo encuentro siento que el mundo se inclina mucho más, porque ahí, colgando de su brazo se encuentra Astra.
—Kael…—la palabra sale de mi como una súplica, pero antes de que él pueda decir algo, veo como el rostro de mi hermanastra se descompone y poco a poco empieza a caer.
LyraNecesito papel.Necesito escribir.Necesito cumplirle.Revuelvo la habitación como si buscara aire. Abro cajones, reviso debajo de la cama, miro el tocador pulido que nunca fue mío. Nada. Ni una hoja. Ni un lápiz. Nada que me permita cumplir la promesa que le hice a Melany antes de que me arrancaran de casa.El pecho me arde.Al final encuentro un trozo de papel grueso, amarillento, olvidado entre libros que no entiendo, y un pedazo de carbón junto a la chimenea apagada. Me siento en la cama con las manos temblando y empiezo a escribir deprisa, como si el tiempo me estuviera persiguiendo.Melany, no sé si esta carta llegará. No sé si volveré. Pero sigo viva. Me compraron. No preguntes cómo. No preguntes por qué. Solo…La puerta se abre.El carbón se me cae de los dedos.Una doncella entra sin anunciarse. Es joven, pero sus ojos están cansados. Me mira con una sonrisa tensa, estirada, que no alcanza a tocarle la mirada.—¿Puedo ayudarte…?—pregunto mien tras intento que el papel se
AlaricDurante treinta años he gobernado en un mundo mudo.La pérdida del olfato no solo me arrebató las fragancias; me arrancó el vínculo más primitivo con mi lobo. Sin rastro, sin instinto, sin impulso. Aprendí a vivir así. A convertir la ausencia en fortaleza. A ser el Rey de la Frontera porque nada era capaz de alterarme.Ni el deseo.Ni la ira.Ni el miedo.Hasta la subasta.No tenía intención de asistir. El consejo llevaba años insistiendo, enviando invitaciones con la misma obstinación con la que cuestionaban mi legitimidad. Una Luna. Un heredero. Una solución fácil para un problema que no entendían.Fui solo para silenciar rumores.Y entonces la vi.Delgada, asustada, con su cabellera blanca y larga mientras intentaba parecer fuerte, pero yo reconozco muy bien el miedo y ella estaba aterrada. Aunque tratara de ocultarlo.A los ojos del resto, era un vacío. Una loba defectuosa, sin fragancia, sin valor. Vi el asco en los rostros de los alfas, la burla contenida, el rechazo inme
LyraEl comedor es más grande de lo que imaginaba. Las paredes de piedra negra se elevan. Una mesa larga ocupa el centro de la estancia, iluminada por candelabros de hierro. Hay más lobos presentes: guerreros, consejeros, sirvientes. Todos en silencio. Todos rígidos.Y él.Alaric Varkon está sentado en la cabecera, erguido, imponente, con el rostro tan inexpresivo que podría estar hecho de mármol. No habla. No mira a nadie en particular. Su sola presencia basta para mantener a todos bajo control.Y por alguna razón eso choca un poco con la imagen del alfa sarcástico que se divirtió burlandose de mi en el camino hasta acá.Este parece una estatua y sinceramente no sé cuál de las dos versiones me asusta más.Me detengo en la entrada un segundo más de lo necesario.Algo me incomoda. No es miedo exactamente. Es… desconcierto.Pues en cada paso el silencio se hace más espeso. Con ellos, Alaric es una muralla. Frío. Distante. Inaccesible. Conmigo… al menos habla. Aunque sea para humilla
LyraNo puedo evitar que mi boca se abra en asombro, esto es como un palacio de la noche. Es oscuro, pero majestuoso. Aunque al mismo tiempo es… deprimente.No hay música. No hay antorchas decorativas. Solo vigilancia, disciplina y poder contenido.Camino entre ellos sin que nadie intente tocarme. No porque no puedan… sino porque no se atreven.Eso me queda claro cuando atravesamos el gran salón y las conversaciones se apagan a mi paso. Las miradas se clavan en mí con curiosidad contenida, pero nadie se acerca. Nadie aspira. Nadie sonríe.No es respeto.Es temor. Temor al hombre que me compró.La piedra bajo mis pies estaba helada. El viento golpeó mi rostro con crudeza, trayendo consigo el olor de la montaña, del hierro, del poder.—Sigan yo voy ahora —ordenó una voz de mando.Su aura me invade antes que sus palabras, filtrándose en mis poros. Me conducen hasta una sala amplia, de muros desnudos y ventanas estrechas. En el centro hay una mesa de piedra y nada más. Me quedo ahí, sol
LyraNo me encadenan. Y eso es lo que más miedo me da. Estoy sentada justo frente al lobo más temido de todo el continente: Alaric Varkon, el Rey Fronterizo.Su porte es incluso más imponente de lo cuentan las historias.Tiene los ojos entrecerrados, una mano sosteniendo su frente, parecía increíblemente lánguido, pero yo siento que es una bestia aparentemente dormida, lista para abalanzarse y desgarrarme la garganta en cualquier momento.El carruaje avanza, pero el aire dentro de la cabina se siente pesado.Él no me ha dicho una sola palabra desde que subimos y eso me tiene los nervios de puntaPero tengo que admitir que su frialdad no disminuye ni un ápice ese magnetismo aterrador que desprende.Miré por la ventana con el rabillo del ojo, a cada lado, dos lobos montan en silencio, erguidos, con la mirada fija al frente. No me miran. No me hablan. No me ordenan nada.Mis manos descansaban sobre mi regazo, rígidas, incapaces de dejar de temblar.Había imaginado grilletes. Cuerdas. M
LyraLas empiezan y mi confianza empieza a tambalearse mientras veo como cada una de las lobas es exhibida, maltratada y usada como un objeto.Tengo que repetir una y otra vez que esta fue mi desición, que era esto o padecer ante el alfa Ronan.Justo entonces una loba beta, con aroma floral, es vendida en segundos. El precio sube, los remos se alzan, las ofertas vuelan. Ella sonríe, aunque sus manos tiemblan cuando es entregada a su comprador.Otra. Y otra más. Y otra más. Y otra más.Cada una tiene una descripción. Fertilidad comprobada. Linaje respetable. Aroma intenso.Yo escucho todo como si no perteneciera a este mundo.Y pese a la seguridad que todas mostraban al inicio el lugar se llena de un aroma que conozco muy bien: huele a miedo.Están aterradas, tanto como lo estoy yo y no es para menos, el destino y la vida de todas aquí está a punto de cambiar y puede ser un infierno.Cuando mi nombre finalmente es pronunciado, el aire cambia, mi piel se eriza de terror y el aliento se
Último capítulo