83. Vamos a oírlos gritar
Alaric
El castillo huele distinto.
Huele a duelo.
Huele a rabia contenida.
Huele a guerra.
Es más tarde ese mismo día. El sol ya ha empezado a caer y la luz que entra por las ventanas del ala oeste tiñe las paredes de rojo, como si el mundo estuviera anticipando la sangre que quiero derramar.
Camino de un lado a otro en mi estudio, incapaz de quedarme quieto. Mis pasos golpean el suelo de piedra con fuerza, marcando el ritmo de mi furia. Las manos se me cierran en puños una y otra vez, las garr