85. No tiene piedad
Lyra
Despierto como si me estuvieran arrancando de un pozo oscuro a la fuerza.
La cabeza me late con una presión insoportable, como si alguien hubiera cerrado un torno alrededor de mis sienes. Tardo unos segundos en recordar dónde estoy, y cuando lo hago, el aire se vuelve más pesado.
El techo blanco. Las paredes lisas. La pequeña abertura cerca del techo por donde entra una franja de luz. La cama doble. La mesa de noche. La puerta cerrada.
La maldita habitación.
Sigo aquí. Tengo que morderme