Lyra
Han pasado horas.
Lo sé porque la franja de luz que entra por la abertura del techo se ha desplazado lentamente hasta casi desaparecer.
El desayuno que me dejaron sigue intacto sobre el suelo, la bandeja metálica fría, la comida sin tocar. No me atrevo a probarlo. No confío en nada que venga de aquí. No confío en ellos. No confío en el aire que respiro.
Mi estómago protesta, pero el miedo a que esté mezclado con algo más fuerte que el veneno anterior es mayor que el hambre.
Sé que debo t