Mundo ficciónIniciar sesiónLyra
Todo parece que estuviera pasando en extrema lentitud y de manera tortuosa frente a mis ojos.
Astra se desploma en los brazos del que se supone que es mi prometido y entonces…
—¡Mi hija! —se escucha el, grito desesperado de mi padre, corriendo hacia ella, ignorando por completo que su otra hija acaba de ser condenada al ostracismo.
Veo desde mi lugar como la sanadora, la misma que me ha condenado hace segundos, empieza a revisar a mi hermanastra y entonces toda la multitud ahoga un gemido.
Al principio no entiendo que sucede hasta que lo siento.
El aroma llega a mí primero sutil y luego como una avalancha. Es el aroma… el aroma de una loba embarazada y viene de ella.
El aroma excesivamente dulce me hizo sentir náuseas y algo en mi mente me advirtió que mi corazón no iba a salir para nada ileso de esto.
—Astra de la Luna creciente está en embarazo —anuncia la sanadora emocionada. Me quedé paralizada, pero sus siguientes palabras me destrozaron por completo—. ¡Lleva al heredero de un Alfa en su vientre!
El mundo se volvió borroso y el suelo bajo mis pies se empezó a mover cuando entendí lo que pasaba.
Ese hijo es de mi prometido.
Kael no perdió un segundo. Veo como envuelve a Astra en sus brazos con una devoción que nunca fue mía. Y una punzada de celos, dolor y rabia me llena por completo.
¿Cómo pude ser tan ciega? Tan ingenua…
Él se gira entonces hacia mi, y por primera vez noto su verdadero rostro, veo una chispa de asco puro en su rostro.
Eso es lo que en verdad siente.. nunca me amó.
—Lyra, rechazo nuestro compromiso —su voz, cargada con la autoridad de un Alfa, retumba en la plaza, silenciando el murmullo de la multitud.
El mundo parece detenerse. Las palabras me golpearon como un impacto físico.
—¿Rechazas... nuestro compromiso? —Es una tontería preguntarlo luego de lo que acabo de ver, pero las palabras simplemente salen de mi con voz temblorosa.
—Una manada necesita un líder fuerte y una Luna fértil. No puedo desperdiciar mi linaje en una mujer defectuosa. Amo a Astra, y ella ya me ha dado lo que tú nunca podrás: un heredero.
Kael no me miró a los ojos. En su lugar, estrechó a Astra contra su costado.
El aire se estancó en mi garganta y mi pecho subió y bajó en espasmos violentos. Verlo sostener a Astra con esa devoción que alguna vez me juró a mí, fue como sentir una mano invisible exprimiendo mi corazón. Jadeé, buscando un respiro que no llegaba.
—... ¿Y yo?... Kael, pero que será entonces de mi, nuestras madres sellaron este pacto de sangre antes de que la mía diera su último suspiro. Tú me prometiste que no importaba el aroma, que yo siempre sería tu Luna... ¿Todo eso fue una mentira?
Veo como Kael endurece la mandíbula, pero no hay ni un ápice de remordimiento en su mirada.
—El deber de un Alfa está por encima de las promesas del pasado, Lyra —respondió con una frialdad que me heló la sangre—. El linaje es lo único que importa. Acéptalo: sin aroma, no eres nada.
En ese momento, la última chispa de calor en mi pecho se extinguió.
Un dolor agudo atraviesa mi frente, pero lo ignoré.
El alfa Ronan parece apunto de hacerme cenizas y en medio de todo mi hermanastra se despierta, abrazando al hombre que creí que me amaba, y hundiendo cada vez más la espada en mi pecho, pero la tajada final está cuando dice:
—Hermana, no eres digna de la herencia que te dejó tu madre, la flor entre tus cejas es una maldición que drena la vida. Tu estancia aquí solo traerá desgracia a mi cachorro y a toda la manada, podrías hacer a otras lobas como tú. Por el bien de la manada de lobos, ve a la casa de subastas y encuentra un hogar... quizás a algún hombre lobo de bajo rango en una zona remota no le importe tu cuerpo 'imperforado'
¿Mi cuerpo imperfecto? ¿Ir a la subasta?
El silencio que siguió fue roto por una risa cruel, y luego otra, hasta que la plaza se llenó de un coro de burlas.
Las burlas de mi propia sangre me golpearon más fuerte que cualquier piedra.
Busqué desesperadamente un ancla.
Miré a Kael, pero él no me veía; sus dedos acariciaban el vientre de Astra con una ternura que me quemaba las pupilas.
Y mi padre está al lado de su hija mimada y evita deliberadamente mi mirada.
No hay lágrimas, solo una decepción tan profunda que me deja el alma vacía.
Fue entonces cuando algo dentro de mí se se terminó de romper. Es una grieta por la que empieza a filtrarse algo oscuro y poderoso. Mi sangre empezó a hervir bajo mi piel fría.
No digo nada más ¿Qué puedo decir? simplemente doy media vuelta y me alejo, sintiendo cada paso como si caminara sobre cristales rotos.
Sin embargo, no alcanzo a dar ni veinte pasos cuando huelo el aroma a frambuesas acercándose: Melany.
—¡Lyra, espera! —Mi mejor amiga llega corriendo, con los ojos empañados—. ¿A dónde vas? ¿Qué haremos?
Ella es la única persona de esta manada a la que aún le importo
Me detengo por un segundo y la miro con una sonrisa triste que no llega a mis ojos.
—Voy a hacer lo que Astra sugirió, Mel —le dije con una calma que me asustó a mí misma—. Voy a la subasta.
—¡No! ¡Es una locura! Te tratarán como a un objeto...
—Ya me tratan como a uno aquí —respondo, mirando por última vez hacia la plaza donde mi familia celebra mi ruina—. Prefiero ser reclamada por un extraño que seguir siendo despreciada por quienes debían amarme. Si mi destino es ser vendida, que así sea. Al menos así sabré exactamente cuánto cuesta mi libertad.







